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Mientras el SuperBowl dispara el consumo de aguacate, el criollo de Tolimán sobrevive al olvido

Cuando se acerca el SuperBowl, el juego ritual de la NFL se habla mucho de las toneladas de aguacate que se consumen en Estados Unidos y cuantas se importan desde México. Sin embargo, hay una historia olvidada en un municipio de Querétaro donde la siembra de una variedad de este fruto vivió un auge que no alcanzó a llegar a esta época globalizada de consumo de guacamole mientras se festejan touchdowns.

Un símbolo de Tolimán

El aguacate criollo, una variedad tradicional cultivada en Tolimán, Querétaro, ha sido durante décadas un símbolo agrícola y cultural para la región. Incluso hubo un tiempo que la Feria llego a llamarse Feria del Aguacate. Este se distingue por ser un fruto pequeño, de pulpa amarilla y cáscara delgada, que lo diferencian de la variedad Hass, dominante en el mercado nacional e internacional.

En su época de esplendor, entre las décadas de 1970 y 1990, Tolimán contaba con plantaciones que abarcaban entre 30 y 40 hectáreas, principalmente situadas a lo largo de las riberas del río, desde la delegación de San Pablo hasta la delegación de Nogales. En ese tiempo comerciantes locales, como don Herculano y don Ricardo Ramos, comercializaban el aguacate en mercados regionales, como el Mercado Escobedo de Querétaro.

Actualmente, el cultivo enfrenta graves problemas que han reducido su producción considerablemente.
Las lluvias han disminuido, lo que afecta el microclima necesario para el desarrollo óptimo del aguacate criollo. La plaga del gusano barrenador (Dendroctonus) ha atacado los árboles, dañando su estructura. Los intentos gubernamentales para controlar esta plaga, mediante trampas y feromonas, no han sido suficientes para frenar su avance.

Las limitaciones de infraestructura

Además, la infraestructura agrícola de Tolimán es limitada, sin sistemas de riego tecnificados ni pozos profundos, lo que imposibilita la recuperación del cultivo frente a las condiciones climáticas adversas. Según el ingeniero agrónomo Juan Vega, estas carencias, sumadas a la migración de la juventud hacia las fábricas y las ciudades, han provocado el abandono progresivo de las plantaciones, dejando sólo alrededor de cien árboles productivos, una cifra muy baja comparada con los 4 mil o 5 mil árboles que se tenían hace años.

El aguacate criollo fue alguna vez el orgullo de Tolimán. Don Herculano y don Ricardo Ramos, comerciantes emblemáticos, juntaban los frutos de los árboles que adornaban el paisaje. Familias enteras se alimentaban con este producto, que además representaba una fuente de ingresos significativa al ser vendido en mercados como el Escobedo de Querétaro.

Sin embargo, desde hace varias décadas la producción ha disminuido notablemente debido a varios factores, de acuerdo con Juan Vega, ingeniero agrónomo, estos son el “cambio climático ha provocado la reducción de las lluvias, alterando el ciclo agrícola y secando manantiales esenciales para el riego tradicional. La plaga del gusano barrenador (Dendroctonus) y el hongo Fusarium han afectado gran parte de los árboles, y las fumigaciones aplicadas para controlarlos por la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), ahora Sanidad Vegetal, fueron deficientes y mal ejecutadas, lo que agravó la pérdida de árboles”.

Además, la falta de inversión en infraestructura para riego tecnificado y la migración de jóvenes hacia trabajos en fábricas han dejado muchas plantaciones abandonadas. Actualmente se calcula que solo quedan alrededor de cien árboles productivos, una fracción mínima de los miles que existían durante su auge.

También ha afectado el cambio climático

Sin embargo, el paso del tiempo y los cambios ambientales han modificado drásticamente esta realidad. Juan Vega, explicó cómo la reducción de las lluvias y el secado de manantiales han alterado el microclima ideal para el aguacate criollo. “Caminando hacia el barrio del Molino, se puede observar cómo las plantaciones junto al río están completamente secas”.

La plaga del gusano barrenador ha agravado la situación, al debilitar los árboles y reducir la producción. Aunque el gobierno implementó hace años programas para combatir esta amenaza, con trampas y monitoreo, la falta de tecnología y recursos adecuados impide la recuperación completa.
El ingeniero agrónomo señaló que el sistema de riego tradicional ya no es viable. “Muchos proponen instalar sistemas de riego modernos, pero aquí no tenemos las inversiones ni las condiciones necesarias, no hay pozos profundos, solo norias que se secan fácilmente”, explicó.

En contraste, estados como Jalisco y ciertas zonas de Morelia cuentan con mayores inversiones y tecnologías que favorecen la producción, pero el campo de Tolimán no posee esas características.

Otro factor fundamental es la migración de la juventud hacia las fábricas y las ciudades. Como menciona don Pedro, “los jóvenes prefieren irse a las fábricas y dejan olvidado el campo, ya no hay trabajo en el campo”. Esta realidad social ha contribuido al abandono de las plantaciones y al envejecimiento de los árboles restantes.

No había tecnología ni apoyos

Aunque gobiernos anteriores y el actual han intentado implementar proyectos para recuperar el cultivo, las condiciones actuales no lo hacen viable. Los materiales que aún producen semillas se pueden ir rescatando y conservar como un banco de muestras, pero no es posible distribuirlos para reforestar y decir “ahora vamos a volver a cultivar aguacate criollo. Yo estaría engañando a la gente diciéndole: ‘Vamos a reforestar el arroyo con plantaciones nuevamente’. No es viable,” concluyó Juan Vega.

Sobre si este problema era evitable, el ingeniero agrónomo respondió: “No había la tecnología ni los recursos necesarios en aquel momento. Pero el cambio climático es algo inevitable, y debemos buscar alternativas para la producción agrícola.” Actualmente, sólo quedan alrededor de 100 árboles productivos en la zona centro del municipio, y la mayoría se están secando y perdiendo productividad.

Algunas administraciones han intentado recuperar el cultivo del aguacate criollo, pero la falta de precipitaciones (poca lluvia) y el cambio climático han cambiado las condiciones para la agricultura en Tolimán. La falta de infraestructura y tecnología adecuada hace que volver a reproducir el aguacate criollo no sea viable para el gobierno en este momento.

Además, factores sociales como la migración de los jóvenes hacia las fábricas y la falta de oportunidades laborales en el campo han profundizado la crisis. El ingeniero agrónomo Juan Vega señala “que implementar sistemas de riego modernos es inviable dadas las condiciones del municipio y las limitaciones de inversión”.

Así, lo que una vez fue una historia de auge de un fruto que pudo subirse al tren de las exportaciones y estar en mesas norteamericanas mientras se ven goles de campo, ahora vive épocas difíciles.

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