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Museo de la Muerte: conservación cultural e histórica

Los muros cubiertos por camelinas y jacarandas nutren de belleza natural y así albergan en su interior el misterio, valor, tradición y simbolismo de la muerte como un fenómeno cultural.

El municipio de San Juan del Río tiene grandes edificaciones llenas de historia, ubiquemos la calle 2 de abril al sureste de la ciudad, la cual con su pronunciada pendiente advierte que se encuentra en el remoto barrio del Calvario o barrio de los indios, una calle llena de vida por los murales que se encuentran en el trayecto y que contrasta con el actual Museo de la Muerte, la calle de emparedado remonta a aquella época colonial.

Los muros cubiertos por camelinas y jacarandas nutren de belleza natural y así albergan en su interior el misterio, valor, tradición y simbolismo de la muerte como un fenómeno cultural, empleando las criptas del antiguo cementerio de la Santa Veracruz.

Desde su origen, el templo del Calvario es independiente del cementerio (ahora museo), “ese templo es el más antiguo de San Juan del Río, aunque no propiamente la construcción, el lugar data del siglo XVI, con la llegada de los españoles ellos decidieron construir ahí una capilla, porque era zona prehispánica”, comentó el jefe del Departamento de Patrimonio Cultural, Ubaldo Neftalí Sáenz Bárcenas.

El cementerio principal del municipio se encontraba en la actual plaza Fundadores, conocida como el jardín del quiosco, pero las defunciones propiciadas por las epidemias del siglo XVIII fueron los artífices de la creación del panteón. Así, en 1853, el cabildo autorizó que se planificara el cementerio en las afueras del municipio; de esta forma evitarían la propagación del cólera, la enfermedad que causó tantas muertes.

El destino del cementerio fue en el patio del templo, que era parte del huerto, y el resto parte del cerro. Catorce años después —en 1867— tuvieron que clausurar el panteón, ya que las muertes eran abundantes y esto conllevó a la saturación del lugar (que ya contenía cerca de 400 cuerpos sepultados). Posteriormente, en 1967 se restauró y el 24 de junio se reabrieron sus puertas, aún sin tener la categoría de museo.

“El cementerio se hizo hasta mediados del siglo XIX, incluso muy tarde; aunque es muy antiguo para nosotros, fue muy tarde para su época, pero ese es el segundo panteón más antiguo”, explicó Neftalí Sáenz, jefe de Patrimonio Cultural.

Templo del Calvario

Al establecer una capilla en este lugar, los españoles decidieron comenzar con sus tradiciones, inicialmente la edificación era de materiales perecederos troncos, ramas, arcilla y algún otro material. Posteriormente, en el siglo XVIII se construyó la edificación que se mantiene actualmente.

En la formación del altar mayor se constituye una representación del monte calvario, Cristo crucificado, la dolorosa; así —dentro de las celebraciones de semana santa— se realizaba el recorrido de la Parroquia de San Juan Bautista del centro del municipio al templo del Calvario.

“De forma tradicional el viacrucis (que se celebra en semana santa, que representa la crucifixión de Cristo) emplea las calles céntricas de Guerrero, parte de lo que es el templo del Sacro Monte, Mariano Jiménez y la calle 2 de abril, las cuales tienen ciertas cruces que representan las estaciones, hasta llegar al templo del Calvario, es a modo de recorrido”, detalló el jefe de Patrimonio cultural.

Consolidación como museo

La antigüedad y la arquitectura del panteón permitió que se transformara en museo, no se inició para hablar de la muerte y los ritos que conlleva, sino para rescatar la historia de sus lápidas, sus columbarios, sus esculturas y murales.

Fue hasta 1997 que se le constituyó como Museo de la Muerte, dentro de su descripción es único en su estilo, ya que cuenta con una sala museográfica donde se narra la perspectiva de la muerte desde la época prehispánica de la localidad y el país, la muerte laica, el virreinato y Mesoamérica.  En uno de los apartados se habla del proceso de entierro-ofrenda al Dios viejo huehuateotl (Dios fuego), llamado “el señor de los muertos”.

Para la exhibición de la sala central, los materiales salieron de las zonas arqueológicas del cerro del barrio de la Cruz y la presa Constitución, en la comunidad de la Estancia, para nutrir los datos culturales de la región en la evolución en cuanto a la práctica y creencias sobre la muerte.

El empetatado o bulto mortuorio

El cuerpo se colocaba en posición flexionada —posición fetal— dentro de un petate cubriendo el rostro con hojas de maguey; esto les permitía asegurar que el difunto recibía el tratamiento mortuorio para así posteriormente ser incinerado o enterrado. De este rito deriva la alusión a estar muerto y referirse a ello como “petatearse”.

Fogata al centro

Se encendía fuego en forma de cuadro, así se buscaba ubicar o hacer referencia a los puntos cardinales; en estos lugares yacían los cuerpos como símbolo de los rayos solares, esta tradición es de la cultura chupícuaro.

La niñez y la muerte

En este inmueble la explicación histórica y cultural describe otro momento dentro del mortuorio que va con relación a la niñez, ya que actualmente a los menores se les excluye de los temas de la muerte; sin embargo, en la época colonial buscaban que los niños aprendieran sobre esta, incluso existían canciones infantiles.

Se veía como un tema natural, pues consideraban a los niños como los más cercanos a Dios; es decir, no tenían malicia y capacidad para distinguir el bien del mal, así mismo sus padres no debían llorar frente al menor, pues Dios los había elegido para partir.

Actualmente, el Museo de la Muerte —así como otros monumentos— comienza a verse afectado por el daño al paso del tiempo, el descuido y las condiciones del clima son factor determinante, esto se puede apreciar en los murales del lugar que datan del siglo XIX, y que han comenzado a borrarse por la humedad.

El museo es considerado un sitio único en el país, además de que es una representación de la historia y cultura de San Juan del Río, ya que muestra a la muerte como un fenómeno cultural y evolutivo, permitiendo ver a la muerte como un nuevo culto.

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