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Thamara Rufino: Historia de una artista independiente

En el estado de Querétaro, el arte palpita por las venas de muchos de sus habitantes; sin embargo, la artista multidisciplinaria Thamara Rufino destaca por su experiencia, dedicación y pasión por su trabajo, al que entiende como una forma de comunicar: “El arte es un idioma universal que solamente necesita sentirse, más allá de comprenderse”, mencionó.

Desde San Juan del Río, ella ha construido una carrera que atraviesa el lienzo, la escultura y el cuerpo humano, guiada principalmente por el instinto y la exploración personal, y en entrevista para Tribuna de Querétaro ella relató ese proceso que la ha llevado a ser quien es hoy.

De los trazos infantiles al cuerpo humano

Su historia con el arte comenzó desde que ella era muy pequeña: “Desde muy chiquita comencé con el dibujo y poco a poco fue escalando hasta que en la adolescencia empecé a incorporar ya la pintura al óleo y comencé a explorar más a fondo temas como la naturaleza”. Hoy, sus obras abarcan varias disciplinas como la pintura, la escultura con arcilla y el “body paint”, esa práctica que convierte al cuerpo humano en lienzo vivo.

El “body paint”, en particular, le ha exigido aprender a ver diferente: “Me gusta mucho el concepto de que el arte no solamente se quede en el lienzo, sino que la expresión también se pueda pasar al cuerpo humano”, explicó. Pintar sobre la piel propia frente a un espejo, invirtiendo la imagen en tiempo real durante jornadas de hasta doce horas continuas, le ha implicado una complejidad que ningún lienzo en blanco impone. No es lo mismo pintar en mi propia piel que en la de alguien más”, explicó. “Las superficies van cambiando porque es un cuerpo”.

Autodidacta con diplomado en la UNAM

Todo esto, lo tuvo que aprender incluso fuera de las aulas de clase, pues ella se define principalmente como autodidacta. Thamara, además, ha tomado clases con artistas que admira y completó un diplomado en historia del arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), formación que le dio las herramientas para leer una obra dentro de su contexto histórico.

Esa mirada histórica fue la que le permitió crear, durante la pandemia, una serie de videos de “body paint” donde recreaba obras de grandes maestros sobre su propio cuerpo. Van Gogh, el Ángel Caído y otras piezas emblemáticas cobraron vida en su piel mientras ella narraba la historia detrás de cada una. Fue a través de esos videos, difundidos en redes sociales, que empezó a construir su identidad pública como artista.

La psicología como lente

Actualmente, Thamara cursa la licenciatura en psicología, una elección que, lejos de distanciarla del arte, ha profundizado su relación con él: “Pienso que la psicología es una disciplina que abarca casi todas las áreas de lo que es el ser humano. Entonces es imposible no sentir que mi carrera no complementa el arte”, aseguró.

Su investigación actual explora el vínculo entre los seres humanos y los animales, particularmente, entre los humanos y sus mascotas; un territorio poco transitado en la historia del arte, donde los retratos casi siempre fueron de personas. Esto de igual manera ha logrado influir en su visión: “Ahora logro entender lo que el arte puede impactar realmente a una persona”.

Grandes referentes y grandes influencias

Entre sus referentes artísticos Rufino nombra a Van Gogh –“cliché, pero inevitable”, admite- por la profundidad de su historia personal; a Remedios Varo, la surrealista española naturalizada mexicana; a Kandinsky, con su abstracción geométrica; y a artistas contemporáneos como Carolina Pavia, una pintora michoacana autodidacta de 32 años, y Art Rocha, retratista de mascotas en Instagram.

Aunque de igual manera, destacó la influencia que su círculo social ha tenido en su carrera artística. “Pienso que he sido muy afortunada de que mi entorno, tanto social como familiar, siempre ha sido un sostén y un apoyo muy importantes en mi carrera, mis amigos fueron mis primeros clientes; mi mamá, mi hermano, todos siempre me apoyaron en mi arte”, destacó.

San Juan del Río: inspiración con techo bajo

En este sentido, crecer en San Juan del Río la ha marcado, pero también la ha limitado. Reconoce que la ciudad la inspira, que la permanencia en un lugar genera una experiencia distinta a la de quien siempre está de paso. Sin embargo, es honesta sobre sus restricciones: en ciudades pequeñas, la demanda de arte es menor. Sus clientes son principalmente locales, aunque este año envió retratos de perritos a Estados Unidos, una señal de que el mercado puede ensancharse.

Sobre el apoyo institucional, es directa: “pienso que en el municipio muchas veces como que nada más agarran a los mismos artistas de siempre, los que ya tienen renombre aquí y cuando llegan a abrir convocatorias, muchas veces no siguen sus propias reglas, entonces, eso a mí me ha quitado mucho las ganas de participar en estos eventos… Pienso que muchas veces los artistas no somos tan valorados por el gobierno”, declaró y añadió que no lo dice con amargura, sino con la lucidez de quien ha decidido construir su camino por otros medios.

El ritual antes del pincel

Thamara reconoció que su mayor desafío a la hora de crear, no es técnico, es la procrastinación, algo que le ha generado incluso crisis que incluso la han llevado a cuestionarse si quiere continuar: “Cuando tengo los bloqueos creativos generalmente el arte es como una relación tóxica también en algún punto porque sí me llego a sentir culpable de no estar creando o no estar pintando y es complicado porque convertir tu pasión en algo que en algún punto pueda llegar a hartarte es difícil”, explicó.

Por esta razón, Rufino desarrolló un ritual previo: imagina la obra completa antes de ejecutarla, la descompone mentalmente paso a paso y arranca siempre con la imprimatura, esa primera capa de color que rompe el terror del lienzo blanco. “Hace que la mente entienda los colores como realmente son”, explicó. Una vez que ese miedo se rompe, el resto fluye.

Próximos proyectos

Su próximo proyecto es ambicioso: una curaduría propia, una colección dedicada a la naturaleza que mezcle lienzo, “body paint” y escultura en un solo concepto. Quiere que el arte no se quede en un soporte, que se expanda. Esa idea -la de un arte sin fronteras de formato ni de idioma- es, en el fondo, la misma con la que empezó: un lenguaje que no se comprende, sino que se siente.

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Un comentario

  1. Admirar tu obra es entender que el arte no tiene límites. Tu talento en la pintura y el body paint transforma cada lienzo y cada cuerpo en una historia viva, llena de color, emoción y fuerza.

    Es increíble cómo logras que un trazo se convierta en alma y que la piel hable a través de tus pinceles. Tu trabajo no solo muestra técnica y creatividad: refleja pasión, valentía y una sensibilidad única para convertir lo cotidiano en extraordinario.

    Como artista independiente, has construido un camino propio, sin ataduras, demostrando que el arte auténtico nace de la entrega y del coraje de mostrar al mundo tu visión. Gracias por inspirar, por atreverte y por recordarnos que el cuerpo también es un espacio sagrado para crear.

    Tu arte no solo se ve, se siente. Y eso es lo que hace a una verdadera artista.

    Letty

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