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Voceadores: Una lucha entre resistir y adaptarse a la tecnología

Años ochenta. Caminas por la calle Ezequiel Montes del centro de Querétaro y encuentras a Dolores Ortega, un voceador que en su quiosco ofrece una amplia gama de diarios, revistas, cómics y “cuentitos” infantiles. Con un peso compras uno y te retiras ansiosa por leerlo. Después de ti llega gente de todo a comprar su publicación impresa preferida.

Esas escenas han quedado en el ayer: los voceadores actuales se ven inmersos en diversos retos que los ponen en posiciones opuestas cuando se trata de hablar de la tecnología. “A nosotros nos va a acabar la ciencia y la tecnología”, aseguró Dolores Ortega, de 77 años de edad y voceador desde los 12.

En un día de 1986 solía vender de 30 a 40 periódicos y le surtían un paquete grande, del grosor de seis biblias. Ahora, sus manos en el aire se estrecharon para mimetizar el tamaño del paquetito que le llega, que equivaldría a la mitad del sexteto de biblias. De ese paquete reducido, vende únicamente cinco o seis al día.

Dolores comparte el oficio con sus dos hermanos. Uno de ellos, Ramón, se encuentra a unas docenas de pasos de su hermano mayor, en la misma calle de Ezequiel Montes, pero esquina con Hidalgo. Él ocupó el puesto en ese lugar cuando Dolores se trasladó a la esquina con Madero.

A pesar de haber trabajado como mesero en la Casa de Gobierno, durante el sexenio de Rafael Camacho Guzmán, y como soldador en el auditorio Josefa, nunca dejó de ser voceador. Igual que su hermano, consideró que “ya no se vende como antes” debido a la digitalización de la información.

Otro cambio percibido por los hermanos Ortega fueron las ventas de juegos como la sopa de letras, el crucigrama y el sudoku. Antes, los infantes eran ávidos consumidores de esas publicaciones impresas; ahora, las personas mayores son quienes las buscan. “A nosotros, los de la tercera edad, nos recomiendan mucho la sopa para que activemos la mente; entonces, todo eso, pues ahí nos ayuda a la venta”.

Sin relevo generacional

Entre los demás retos, Joaquín Vargas, voceador en Querétaro con 20 años de trayectoria, explicó la crisis por “la situación económica mundial y, por lógica nacional, la pérdida del poder adquisitivo por parte de la población”. Otro aspecto que observó fue la industrialización de la ciudad y la falta del relevo generacional en el gremio, ya que, por lo general, los voceadores ya son personas que rondan los 50 a 80 años de edad, y no existen adultos más jóvenes que los suplan. La consecuencia es que “cada vez son menos los lugares donde se comercializan los periódicos y revistas”.

Las noticias son el pan caliente en las ventas de Ramón Ortega: “hay mucha gente que afortunadamente le gustan las noticias; verlas en el periódico y no en el celular […] todavía hay gente a la antigüita como yo, a la que nos gusta leer el periódico”.

Vargas, a su vez, detalló que el consumo mediático de las audiencias depende del lugar donde se encuentren. “En las colonias populares se venden más los periódicos locales; en la zona centro y zonas residenciales, los periódicos nacionales y revistas. Pero es muy variable de un punto a otro, aun estando en la misma zona”.

De a poco sale

Si bien el futuro de los voceadores luce nebuloso, ellos mismos creen que hay una luz de esperanza. Vargas estableció como principal reto el “encontrar la manera de seguir funcionando y no verse obligado a dejar de realizar esta labor”.

Una de las estrategias es variar la gama de publicaciones que se ofrece al público: “anteriormente teníamos un inventario muy grande de publicaciones, de periódicos y sobre todo de revistas y libros, y también había mucha gente que las compraba. Se podía trabajar y vivir completamente solo de los medios impresos, ahora hemos tenido que diversificar los productos que comercializamos y con esto hacer rentable nuestra labor”.

También recomendó utilizar la tecnología a favor del oficio: “si bien nos afectó de manera negativa, no todo es malo, ya que ahora se nos facilita la operatividad. Ahora podemos estar en contacto con los clientes y ofrecerles las publicaciones que van llegando, enviarles fotos, etc.”.

Por su parte Ramón Ortega manifestó: “Hay de todo, hay de todo; afortunadamente, hay de todo todavía. Hay gente joven que le gusta leer y hay gente mayor también […] Si uno le va buscando, siempre hay algo que vender […] Claro, ya no se gana como antes, pero si no te desesperas, pues ahí va saliendo”, finalizó.

Cecilia Gabriela Velázquez

Estudiante de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro. 23 años; amante del rock clásico.

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