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Del objeto A y el amor romántico

Podemos desmitificar el amor, aprendiendo a cuestionarlo como paradigma, y cuestionarlo como dispositivo afectivo; para desde ese nuevo posicionamiento concientizar que el “amor romántico” tiene consecuencias.

El psicoanálisis desde Lacan plantea el amor, como la falta que viene representada por el objeto a, este, representa el amor fallido o prohibido hacia los padres, lo reprimido, lo no alcanzado. Entonces, se transpola, a lo deseado. El amor y deseo están representados uno con lo otro en el psicoanálisis, quiero decir, sin deseo no hay amor y viceversa, esto es, para que haya deseo tiene que faltarnos el objeto, el objeto causa de deseo. Si lo tengo de por sí, ¿cómo lo voy a desear?

El amor viene desde los primeros vínculos, amamos a través de la madre, quien nos da los primeros registros de cariño en la piel cuando hemos sido bebés, es por ella, por quién conocimos el amor y lo que se viene a buscar después en nuestras posteriores relaciones como seres humanos, incluyendo la erótica.

“La idea de que “amar es dar lo que no se tiene” alude, entre otras cuestiones, a esa reminiscencia inconsciente del paraíso perdido que es la infancia.” (Cahz, 2019)

¿Y el amor romántico?

Algunas ideas que nos vende el amor romántico permeado en los medios de comunicación, son: “Con mi amor voy a cambiar a la otra persona, por amor todo se perdona, el amor todo lo cura, la media naranja, atracción solo hacía mi pareja, omnipotencia del amor, el amor verdadero dura toda la vida, emparejamiento como objetivo, no contemplar otro tipo de amor.” Entre otros estos son los más representativos.

Lamentablemente, a las mujeres nos define el amor. Parafraseando a Lagarde (2001), y esto conlleva los mandatos implícitos socialmente anteriormente enunciados.

Como ejemplo de amor romántico y de mujer que se sacrifica por el amor, tenemos a Ana Karenina, de Tolstoi. Según la filósofa Paulina (Rivero Weber, 2016): “Así ocurre también en la realidad. Una mujer sin vida propia vive de prestado. vive de la vida del hombre al que acompaña o pretende acompañar, su vida depende de ser amada por ese hombre porque no existe nada más que le dé una sustancia propia.

“Por otro lado, desde una perspectiva constructivista, se puede ubicar el amor como producto de construcciones sociales cuyos contenidos y expresiones responden a contextos históricos y relaciones sociales particulares.” (Lagarde, 2001)

Podemos desmitificar el amor, aprendiendo a cuestionarlo como paradigma, y cuestionarlo como dispositivo afectivo; para desde ese nuevo posicionamiento concientizar que el “amor romántico” tiene consecuencias no gratas en las dos partes que lo viven, y que termina por no ser amor.  Dar cuenta que, el “amor romántico” somete a la mujer como la droga, simbólicamente hablando, más dañina para su subjetividad. Y que, condiciona, les pone dueño a las personas, las controla y corta sus alas, las decrece, empequeñece, violenta y mata en muchos casos.

Es decir, amar la otredad del otro, sin querer cambiarlo, ni adaptarle a nuestro modelo romántico que tenemos en la cabeza a causa de algo que no hemos cuestionado, si es lo que en realidad necesitamos en nuestra vida, es decir, “el vivieron felices para siempre de los dichosos cuentos de hadas tan mitificados como el mismo amor romántico”.

*Licenciada en Psicología Clínica y Maestrante en antropología social en la facultad de filosofía de la  Uiversidad Autónoma de Querétaro.

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