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Los Sin-Tumba

Una línea de investigación señalaba que Buendía publicaría en su columna información que comprometía al director de la Federal de Seguridad.

En México el 2 de noviembre los cementerios se ven colmados de personas que van a limpiar y llevar ofrendas a las tumbas de sus seres queridos, les llevan comida y, en algunos casos, hasta música para interpretar las canciones que sus familiares entonaban o les gustaban. La gente llora y recuerda momentos gratos que vivieron con lo que se han ido.

En las calles y a la vera de las carreteras hay cruces con el nombre y fecha de la muerte que señalan que alguien ahí falleció, también en esos lugares hay flores. Pero hay familias que no saben de sus seres queridos y si viven y en qué condiciones se encuentran, no saben si han muerto o si están en una fosa clandestina o en una común, peregrinan sin descanso, visitan oficinas policiacas, cárceles, hospitales, morgues, fiscalías y grupos de ayuda de desaparecidos y nada, sufren todo el día, cada noche, es una agonía sin fin.

Los que los sobreviven han perdido su trabajo, se trasladan de un lugar a otro cada vez que se enteran del descubrimiento de una fosa clandestina, con la macabra esperanza de localizar los restos o un indicio del desparecido. Los familiares exigen, hacen marchas, claman, escriben cartas a las autoridades federales estatales y pocas veces tienen resultados. Ellos también se convierten en víctimas, no pocas veces las autoridades por negligencia, corrupción o falta de recursos no les proporcionan información.

En la desaparición de las personas, mujeres, hombres, niños, convergen muchas causas secuestro, trata de personas, esclavitud, y los probables responsables son el crimen organizado, delincuentes que privan a alguien de la libertad que exigen rescate y terminan asesinando a su víctima, o son las autoridades.

Y viene a la mente la Dirección Federal de Seguridad —agencia de Inteligencia dependiente de la Secretaria de Gobernación—, creada en 1947 en el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) y desaparecida el 29 de noviembre de 1985 en el sexenio de Miguel de la Madrid. Era la policía política del gobierno, su actuación quedaba al margen de la ley, hacía detenciones sin orden de aprehensión, torturaba, desaparecía y asesinaba “enemigos políticos”.

Célebre es el caso del periodista Manuel Buendía, autor de la columna “Red Privada” asesinado en la Ciudad de México de seis balazos el 30 de mayo de 1984 en un estacionamiento de la Zona Rosa. A los pocos minutos del crimen, llegó José Antonio Zorrilla, director de la Federal de Seguridad, quien se hace responsable del caso. Una línea de investigación señalaba que Buendía publicaría en su columna información que comprometía al director de la Federal de Seguridad, en la que afirmaba que proporcionaba protección al crimen organizado.

Y después de quince años de investigaciones donde se mencionaba como autor material del crimen a Zorrilla, el 13 de junio de 1989, tras una orden de aprehensión el exdirector de la Federal de Seguridad se entrega “voluntariamente”, fue condenado a 35 años de cárcel, y el 19 de febrero de 2009 un juez le concede la libertad anticipada tras 19 años de cárcel, pero la presión de la opinión pública hace que se revise la medida y regresa a la cárcel, el 10 de septiembre de 2013 por razones de salud cumplirá el resto de su condena en prisión domiciliaria. Y los nostálgicos opinan, que grave que quien debe aplicar la ley la viole.

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