Rompimientos y continuidades: la nueva era de la información
El argumento que planteaban para esta discusión despertó en mí una serie de inquietudes sobre los retos a los que nos estamos enfrentando y las pocas herramientas con las que contamos.
Leía en los días pasados una discusión sobre el año 2020. ¿Qué desafíos está presentando el contexto social, político, económico y de salud? Parte de la discusión señalaba que realmente en este año está iniciando el siglo XXI, las condiciones actuales representan un rompimiento con la herencia del siglo XX, y el inicio de nueva era correspondería como hace cien años a las revoluciones mexicana y rusa; y desde luego, la gran guerra.
El argumento que planteaban para esta discusión despertó en mí una serie de inquietudes sobre los retos a los que nos estamos enfrentando y las pocas herramientas con las que contamos para explicar e interpretar el contexto actual.
En el terreno que –me parece– más dificultades estamos teniendo es el relacionado con la información. Desde hace tiempo (veinte años tal vez) tenemos acceso a una gran cantidad de posibilidades informativas. Como nunca en la historia, la sociedad tiene a su alcance una gran cantidad de datos, cifras, argumentos, imágenes que se consideran de interés colectivo. Sin embargo, esto también ha constituido un desafío frente a la gran cantidad de información pública que ha surgido como efecto de lo desconocido que estamos presenciando a nivel global.
Consecuencia de la pandemia de COVID-19, desde un primer momento surgió una gran cantidad de información que circula de manera constante a través de las diversas plataformas sociodigitales y, en la discusión que pongo en la mesa, considero que está reconfigurando la manera de entender lo público a través de poner en común esta serie de mensajes. Por un lado tenemos: la información que generan las fuentes oficiales, y por otro la información que generamos los propios usuarios a través de plataformas en las redes sociodigitales que han permitido la difusión de mensajes de toda índole: desde el remedio para protegerse de la enfermedad hasta audios con supuestos testigos que contradicen las cifras o la información de fuentes oficiales.
Ha sido tal la cantidad de información que circula con relación a la pandemia que han surgido en los últimos meses 4 mil sitios web relacionados con el coronavirus que incluyen palabras como “corona” o “covid”. En los meses de febrero a mayo de 2020, meses en los cuales se ha globalizado la enfermedad COVID-19 y de acuerdo con datos obtenidos en la plataforma: keyhole.co, se han generado más de 530 millones de tuits con la etiqueta (hashtag) #coronavirus y más de 450 millones de tuits con la etiqueta (hashtag) #covid19 entre ambas etiquetas más de 350 millones de usuarios de la red Twitter han difundido información utilizando estas dos etiquetas.
En todo este escenario se tiene que ir de definiendo exactamente cómo se está construyendo la información y cómo esto plantea la pregunta sobre la redefinición de la esfera de lo público. Hay de fondo un planteamiento que tiene que ser por un lado integral, involucrando las nuevas plataformas de información y, por otro, entender que es preciso que la ciudadanía vaya constituyendo una serie de dispositivos para integrar las posibilidades que ofrecen las plataformas digitales en la construcción de la agenda informativa y en la posterior difusión de un mensaje.
Hay un convencimiento, al menos de mi parte, que no solamente la fuente oficial es la fuente de información; no obstante, tenemos que ser muy claros en comprender que la pluralidad de voces es relevante en el debate y difusión de lo público.
La pandemia de COVID-19 ha evidenciado la serie de carencias que tenemos como ciudadanía para comprender de manera clara la cantidad o el volumen de información a la cual estamos expuestos. Es decir, a partir de la emergencia sanitaria, no sólo de las redes sociodigitales, de los espacios virtuales de información o medios tradicionales ha crecido la cantidad de notas informativas a las cuales tenemos acceso.
En este sentido, los ciudadanos no hemos tenido el tiempo suficiente para discriminar la información en la que nos vemos envueltos cada día. Existe demasiada información sobre este y otros temas, pero no estamos mejor informados.



