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De los padres que se fueron por cigarros y no volvieron. Sobre las paternidades en México.

Como cada tercer domingo del mes de junio, se celebrará en nuestro país el Día del Padre, fecha que según algunas cifras solo lo celebra el 50% de la población mexicana, a diferencia del 78% que festeja el Día de las Madres.

Los memes comienzan a inundar las redes sociales, memes que se mofan del padre que se fue por cigarros y nunca volvió, del regalo que sería sorprenderlo con una linda demanda por pensión alimenticia o de las madres que se felicitan por ser padres y madres a la vez, en fin! Toda una serie de imágenes que hablan del imaginario social que hay detrás de la construcción de las paternidades mexicanas.

Esta celebración se dará en una época inusual, en la que apenas llevamos algunos días de haber regresado a la “Nueva Normalidad”, después de una cuarentena que duró 100 días, y la cual puso al descubierto la profundización de los roles y estereotipos de género que siguen marcando las relaciones sociales entre hombres y mujeres; y en el caso de los varones las grandes problemáticas de las cuales poco se habla, pero que hemos venido cargado de manera histórica y estructural.

Las “Nuevas Normalidades” instan a cuestionar los modelos de paternidad que aún siguen vigentes, los cuales se han venido desarrollando de manera ausente, autoritaria y violenta. Se debe de cuestionar ese rol en el que los hombres sienten que su única responsabilidad en el hogar es ser proveedores, lavándose las manos del cuidado y la crianza de niños, niñas, adolescentes, personas mayores y enfermas, así como de la responsabilidad en las labores domésticas.

Algunos datos del INEGI muestran las realidades de las paternidades en México:

De acuerdo con el Censo General de Población y Vivienda de 2010, en México los padres sumaban un total de 19 millones, de los cuales alrededor de 495 mil eran viudos, 259 mil divorciados y 42 mil padres solos.

Por su parte, la Encuesta Intercensal del 2015, muestra que el padre no está presente en 4 de cada 10 hogares mexicanos, o sea, en 11.4 millones de hogares el padre está ausente.

La cifra de padres ausentes se ha ido modificando con los años, aumentando dramáticamente año con año, por ejemplo, en 1995 representaban el 31%, en el 2008 el porcentaje aumentó a 41.4%, mientras que para el 2015 se calcula que la cifra rondaba el 47%. Sin duda, esta es una problemática grave que afecta a toda la sociedad, y a las familias que las conforman. 

Respecto al involucramiento de los padres en el cuidado, en la semana previa a la aplicación de la encuesta el 22.2% de los padres que viven con sus hijos afirmó que dedicó solo una hora en esa la semana a la atención de un menor. Mientras que el 64.8% de los padres no dedicó nada de su tiempo, en la semana previa a la encuesta, a la limpieza de su casa, a lavar o a planchar la ropa de su familia. No es de extrañar que durante esta pandemia se exacerbará la desigualdad de género, ya que en las mujeres recayeron dramáticamente las cargas de trabajo tanto remunerado como no remunerado.

En la actualidad las paternidades están en cuestionamiento, ya que las mismas familias mexicanas están viviendo una serie de transformaciones no vistas anteriormente. Por ejemplo, en los temas de nupcialidad el INEGI encontró que conforme han pasado los años menos personas están dispuestas a contraer matrimonio, disminuyendo drásticamente la cantidad registrada entre el año 2000 al 20018, reduciéndose un total de 206,124 matrimonios en estos 18 años.

En el caso de los divorcios se presenta el fenómeno pero a la inversa, ya que estos han ido en aumento, pasando de 52,358 en el año 2000 a 156,556 en el 2018, evidenciando una diferencia de 104,198 divorcios.

Esto sin duda replantea el papel de los hombres al interior de las familias, y debería de estar dando pie a cuestionar los roles tradicionales, ya que esos modelos están cada vez más caducos. Es necesario pugnar por relaciones más íntimas y cálidas con la familia y con la pareja, no solo por los hombres actuales, sino por la deuda histórica que se tiene con las infancias y adolescencias, en las que es más que necesario mostrarles otras formas de ser varones, naturalizando el que puedan mostrar sus sentimientos, cuidar de sí mismos, cuidar de las y los otros, así como dejar de vulnerar y violentar a mujeres y niñas.  

Los hombres deberían de manifestarse por paternidades que desarrollen relaciones cercanas y amorosas con sus hijos e hijas, que compartan los roles de crianza, que distribuyan equitativamente las labores del hogar, que se involucren en la educación de niños, niñas y adolescentes, que trabajen en ejercer la disciplina de manera positiva, alejándose de modelos autoritarios y violentos. Hoy más que nunca es tiempo que los hombres se replanteen sus modelos de masculinidad.

Si usted desea comenzar un proceso de cuestionamiento a su masculinidad y no sabe por dónde comenzar, no se sienta solo, en Querétaro hay un grupo de crecimiento personal llamado “Hombres Construyendo Empatía”, los cuales se reúnen varias veces a la semana, en distintos puntos de la ciudad.

Búsquelos y acompáñese de otros varones en la construcción de otras formas de ser hombre.

Hágalo por usted, por sus hijos e hijas y por las mujeres que le acompañan su camino.

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