El rearme europeo y la guerra

La guerra en Ucrania no comenzó con la invasión rusa en febrero de 2022 sino con el golpe de estado en Ucrania de 2014 y el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich. Golpe de estado promovido y apoyado tanto por Estados Unidos como por países miembros de la OTAN, los que no tomaron en cuenta la resistencia de los ucranianos del este, principalmente de la zona del Donbás, lo que desencadenó una guerra civil en esa zona y que obligó a Rusia a intervenir directamente en defensa de la población, mayoritariamente rusófila.
La guerra en Ucrania no es ni ha sido una guerra entre Rusia y Ucrania, es y ha sido una guerra de Rusia contra los 29 países agrupados en la OTAN, países que han suministrado armas, soldados, apoyo logístico, apoyo satelital y dinero al gobierno ucraniano de Volodímir Zelenski.
La cúpula de la Unión Europea entró en shock después de ver cómo Donald Trump impulsó negociaciones directas con Vladimir Putin para poner fin a la guerra en Ucrania.
Dicha cúpula se sentía muy cómoda con la posición del gobierno de Joe Biden. Pero después de la derrota del partido demócrata en las elecciones presidenciales estadounidenses, del año pasado, las cosas han venido cambiando paulatinamente, aunque a un ritmo acelerado, en la relación entre la Unión Europea y los Estados Unidos.
Parece ser que la cúpula europea quiere la guerra. Tan es así que el pasado 4 de marzo la presidenta de la Comisión Europea, la ex secretaria de defensa de Alemania, Ursula von der Leyen, anunció su plan de rearme europeo al que piensan destinar ni más ni menos que 800 mil millones de euros (más de 16 billones de pesos), un dineral para armas en un supuesto contexto de “seguridad” y las baterías apuntan contra Rusia, la que, según el impopular presidente francés, Emmanuel Macron, se ha convertido en “una amenaza para Francia y para Europa”.
Lo evidente es que Rusia no se ha acercado a las fronteras de los países de la OTAN, sino que ha sido todo lo contrario. La OTAN violando un pacto establecido con Mijaíl Gorbachov, luego de la disolución de la Unión Soviética, se ha venido extendiendo hacia el este, acercándose a las fronteras con Rusia. Primero incorporando a Polonia, Hungría y la República Checa, en 1999. Luego fue el turno de Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumanía, en 2004. En 2009, se adhirieron Albania y Croacia. En 2017, lo hizo Montenegro. En 2020, se adhirió Macedonia del Norte. En 2023, lo hizo Finlandia y en 2024, fue el turno de Suecia.
De hecho, uno de los elementos centrales que detonó el actual conflicto fue la intención de la OTAN de incorporar también a Ucrania, llegando, de esta manera directamente a las fronteras rusas, por el sur, porque por el norte ya habían llegado con la incorporación de Finlandia, Estonia y Letonia.
De manera velada e irresponsable, incluso Macron ha hablado de su paraguas nuclear.
Francia cuenta con 290 ojivas nucleares. En realidad, ¿piensa este émulo de Napoleón que con ese número puede hacer frente a las 6 mil 257 ojivas nucleares con las que cuenta Rusia?
No es casual que en el famoso diferendo entre Trump y Zelenski, en la Casa Blanca, Trump le haya dicho a Zelenski que “estaba jugando con la tercera guerra mundial”.
Se sabe muy bien cómo comienzan las guerras, pero cuando inician no se saben cómo van a terminar. Las dos primeras guerras mundiales las comenzaron justamente los europeos.
¿Será que la cúpula de la Unión Europea quiere también detonar la tercera?
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