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Padres e hijos

Más allá de revisar mochilas y meter la inspección policiaca a las aulas, hay que revisar el círculo familiar. Preguntarnos a qué hora se jodió la familia en México.

Algunos creen que es un problema de mochilas. O de inestabilidad mental. Otros lanzan sus reproches a los videojuegos y los celulares. Hay quienes apuntan hacia el tráfico y posesión ilegal de armas. Todo eso es relevante, pero es hora también de fijar la atención en la atmósfera en que se mueve la institución familiar, eso que los antiguos llamaban “la célula básica de la sociedad”. Es particularmente necesario poner atención a la relación entre padres e hijos, una relación por naturaleza conflictiva.

Padres e hijos son los seres más alejados entre sí, dice Lorenzo de Médici a sus hijos Pedro y Juan. Pero no sólo son los seres más alejados entre sí, para el caso de México hay quienes sostienen que la familia es la más violenta de las instituciones. Por ejemplo, la más reciente consulta infantil del Instituto Nacional Electoral (INE) mostró que si bien los niños ven a su familia como un sitio donde se sienten protegidos, también la ven como el sitio donde están sus agresores. Viven en un terrible tironeo porque la familia es un agresivo refugio, un auténtico “nido de alacranes”, como alguna vez definió Octavio Paz.

Todos los números apuntan a la urgencia de volver los ojos al seno familiar para ubicar uno de los focos de la conducta infantil. Va aquí una cascada de datos para documentar el espanto: más de 4 millones de niños mexicanos no son cuidados por sus padres, precisamente en la etapa en que más los necesitan; cada año 6 mil nuevos recién nacidos estrenan madres cuyas edades oscilan entre los 10 y los 14 años de edad; entre 2000 y 2012, 5 millones de nuevos mexicanos fueron hijos de adolescentes. Ufff, y más de 45 millones de mexicanos tienen problemas de alcoholismo.

Sólo por citar un tipo particular de violencia, vaya este dato divulgado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): cada año en México hay más de 4 millones y medio de niñas y niños que son víctimas de abuso sexual, lo que nos otorga el primer lugar en el medallero global. Está claro, como bien lo advierten organizaciones sociales, el enemigo vive en casa, pues los abusadores no están al acecho en las esquinas, sino que operan impunes y con pleno control de la escena nada menos que al interior del espacio familiar.

Más allá de revisar mochilas y meter la inspección policiaca a las aulas, hay que revisar el círculo familiar. Preguntarnos a qué hora se jodió la familia en México. ¿Qué rencores y venganzas secretas anidan los niños tan tempranamente? Es necesario hacer un sincero examen de conciencia y diagnosticar con escrúpulo el espacio familiar en general, y cada espacio en particular, para identificar los hilos dañados de nuestro tejido colectivo. Tarea muy complicada si se ha debilitado el espíritu de cuerpo. Y es que, hay que saberlo, 75 de cada 100 jóvenes y adolescentes se sienten más cómodos en la individualidad de su aislamiento que en complejidad de su pertenencia al grupo.  

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