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¡Qué forma de asomar el cobre!

Para quienes conocen a los gobernantes neoliberales, el anuncio del reemplacamiento no fue sorpresa. Desde que un conservador gana las elecciones esperamos, tarde o temprano, que llegue el ‘ramalazo’. Sólo sufrieron desilusión quienes creyeron el cuento del “Contigo y con todo”.

El problema del desencanto, provocado por gobernantes que enseñan el cobre, es que se cierne, no sólo sobre ellos, sino sobre la democracia misma, al generar un círculo vicioso que desalienta la participación ciudadana. (Ver estudios del INE, UNAM, INEGI, Latino-barómetro, Informe País, etc.).

Sin embargo, una medida tan impopular, puede implicar una ventaja: la reacción de descontento de la gente. Y sí, aunque en Querétaro las manifestaciones estén desorganizadas (demasiadas convocatorias en tiempos distintos) y buena parte de las protestas sean virtuales, podemos constatar un gran disenso.

Importa ejercer suficiente presión en todos los espacios posibles, para obligar al gobernador a desdecirse de su: “No habrá marcha atrás”.

Mucho se dice que el reemplacamiento es un impuesto injusto, pues afecta los bolsillos de la gente, precisamente en la cuesta de enero y en plena crisis por la pandemia. Kuri alega que “los impuestos son impuestos” y, para paliar el descontento, ofrece alargar hasta julio el plazo del “descuento” (sic).

Como él es de derecha, no logra ver que hay al menos dos tipos de impuestos (o sí lo ve, pero no le importa): 1) aquellos que cargan sobre el pueblo los grandes pudientes (faraones, emperadores, reyes, autócratas, dictadores…), para satisfacer sus lujos o caprichos, y 2) los que se imponen para lograr una mejor distribución de la riqueza, y dar mejores servicios públicos a la población, en especial a quienes sufren desventajas.

El reemplacamiento pertenece al primer tipo. La tenencia, pertenece al segundo.

Está bien cobrar impuestos por usar automóvil; está bien incluso aumentarlos, para desalentar su uso, en pro de un mejor transporte público. El problema en Querétaro es que los gobiernos neoliberales privilegian los negocios inmobiliarios (sin servicios y muy lejos del centro), y privatizan el transporte colectivo. Por eso la gente se ve obligada a adquirir un auto. En muchos países de Europa (supuesto modelo de los gobiernos fifís) todas las clases sociales (regentes, empresarios, obreros…) usan autobús público o bicicleta. 

El reemplacamiento es una estafa que enriquece a algunos invisibles y que, probablemente estaba acordada antes de las elecciones (por eso Kuri “no puede” dar marcha atrás). Es una carga innecesaria y absurda pues no mejora la movilidad ni la calidad de vida de la gente y sí agrava el calentamiento global (por el extractivismo y proceso fabril que implica su producción). De esto poco se habla.

Argumentos flojos en pro del reemplacamiento son: “la seguridad y la certeza jurídica” (¿qué pasó con el RENAVE?). Lo peor tras el argumento de la seguridad es que esta medida implica un carísimo y sofisticado sistema de videovigilancia o control social, propio de un estado orweliano o fascista y que viola la democracia. De esto tampoco se habla.

Hay que decir además que en México dichos sistemas son altamente ineficientes. (Basta recordar a Maricela Escobedo, activista asesinada en 2010, precisamente frente a las cámaras del Palacio Municipal en Chihuahua, cuando protestaba por el asesinato de su hija).

Más allá del gasto monetario, está en juego un grave daño social: Los estados fascistas, pretextando “seguridad”, generan desconfianza de todos contra todos.

La verdadera seguridad implica construir un Estado de Bienestar para toda la población, pero ese no es el plan de los panistas.

Por eso: ¡No al reemplacamiento!maric.vicencio@gmail.com

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