Bella Ciao

Las derechas y el golpe de Estado “blando” en Perú

En Perú, en junio de 2021, el maestro rural Pedro Castillo gana la segunda vuelta de las elecciones presidenciales a Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori. Castillo, de la agrupación “Perú Libre” ya había ganado la primera vuelta, pero no con los votos necesarios como para acceder directamente a la presidencia. La segunda vuelta la ganó por un estrecho margen, ganó con el 50.13 por ciento, equivalentes a casi 9 millones de votos. A Castillo lo acompañó en su fórmula Dina Boluarte, como vicepresidenta.

Castillo se sacó la rifa del tigre, pues Perú tiene un fuerte problema institucional: la constitución heredada por el corrupto gobierno de Alberto Fujimori, el padre de Keiko, en la cárcel desde 2007 por los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves. Esta constitución, de 1993, fue redactada al inicio del gobierno de Fujimori por un Congreso constituyente luego de la disolución de ambas cámaras.

El diseño institucional de dicha constitución es la principal fuente de inestabilidad del país pues, de manera totalmente inédita y absurda, el Congreso debe ratificar, uno por uno, a los integrantes del gabinete presidencial y dado que el Congreso está dominado por la derecha, pues desde el principio del mandato de Castillo, el Congreso hizo todo lo posible por obstaculizar la labor de gobierno, comenzando por el rechazo continuo de varios integrantes del gabinete, usando pretextos inverosímiles y sin parangón en cualquier democracia: “inexperiencia” o por “no tener el perfil adecuado para el cargo que desempeñaban”.

Todo lo anterior dejó muy poco margen de acción al gobierno de Castillo y lo mismo habría sido en cualquier latitud del mundo. El Congreso actuó de manera legal (de acuerdo a la constitución heredada de Fujimori) pero totalmente ilegítima y antidemocrática, pues en los hechos se dedicó a obstaculizar a un gobierno que ganó las elecciones de manera legal, legítima y democrática. En cierto modo recuerda a las restricciones legales heredadas por la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile, como, por ejemplo, los senadores vitalicios, heredados por la dictadura a los nuevos gobiernos democráticos con el fin de obstaculizar la labor de estos últimos.

Cabe señalar que el Congreso de Perú está totalmente desprestigiado y no representa a la mayoría del pueblo peruano. En septiembre del año pasado la aprobación de dicho Congreso era de apenas el 8 por ciento con una inmensa mayoría de desaprobación del 90 por ciento, lo que agrava aún más la legitimidad de las y los diputados peruanos.

Es así como el 7 de diciembre del año pasado, Castillo, en una medida extrema, anuncia la disolución del Congreso, algo no usual en Perú ni en otros países en los que dicha medida forma parte de su marco institucional. Ese era el pretexto que la derecha peruana necesitaba para llevar a cabo un golpe de Estado, liderado por el Congreso, con el apoyo de la policía y de las fuerzas armadas y con la venia de los Estados Unidos. En este golpe de Estado no faltó la traición de la vicepresidenta de Castillo, Dina Boluarte, la que a cambio de su traición fue entronizada como presidenta.

Boluarte inmediatamente desató la represión para aplacar las protestas de la gente. Hasta el momento ya van más de 50 muertos y más de 600 heridos.

Sin embargo, el pueblo de Perú está resistiendo la represión, el toque de queda, las persecuciones y la satanización de los medios que han apoyado el golpe de Estado (casi todos).

El gobierno de la golpista Boluarte es apoyado por apenas el 19 por ciento de la población mientras que tiene un rechazo del 71 por ciento y el Congreso golpista sigue con su triste aceptación del 9 por ciento y un rechazo inmenso del 88 por ciento, según una reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos.

Esperemos que el pueblo peruano logre resistir al golpe, tal y como lo hizo el pueblo boliviano en 2019 y 2020.

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