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¿Qué nos espera después de la consulta?

Sergio Rivera Magos

Una vez pasada la consulta ciudadana y sus diferentes valoraciones, ¿qué podemos esperar?, ¿qué es lo que viene? No es difícil prever que el presidente Andrés Manuel López Obrador, después de lamidas sus heridas, enfocará toda su energía en la consulta para la revocación de mandato. Sin importar que la pobreza lejos de disminuir ha crecido -según datos de INEGI y CONEVAL-, AMLO continuará en su dinámica de campaña permanente con el objetivo de ser ratificado y legitimar por segunda vez su cargo.

El anhelo de AMLO de pasar a la historia como un prócer de la patria es incompatible con una gestión gubernamental eficiente centrada en las necesidades de los ciudadanos. Lo que hace el mandatario está encaminado en garantizar la gloria personal, no a salvar vidas en la pandemia o en garantizar seguridad a una población que vive bajo el flagelo del crimen organizado. El presidente tiene el empeño en poner su nombre en letras de oro, sin entender que el país necesita a un líder de resultados, no de ensoñaciones o fantasías.

Pasada la consulta y con la correspondiente victimización de por medio, emprenderá un nuevo ataque contra el INE, sus consejeros y contra todo el que haya osado reparar en que la pregunta no nombraba, ni por asomo, a los expresidentes. Para él y su partido, debía de mantenerse el interlineado, el sobreentendido y la ficción de que la laberíntica pregunta en el fondo se refería a los villanos neoliberales que traicionaron a la patria, es decir, creer ciegamente en algo que la cantinflesca interrogante no decía.

La consulta permitirá al presidente recomponer la estrategia. Partiendo de que el aparato no funcionó para movilizar al voto duro y los grupos afines, exigirá a su partido mecanismos de movilización más eficientes, que garanticen una participación más nutrida. A pesar del spin de que la pasada consulta fue un éxito, no se puede permitir un nuevo descalabro, menos en un evento clave en la definición del curso de la segunda parte de su sexenio.

La narrativa afirmará que la revocación de mandato es un ejercicio de democracia suprema, producto del compromiso del Presidente con el pueblo y que está amenazada por las fuerzas oscuras del neoliberalismo. De hoy a la fecha designada, se esgrimirán otros datos, se evidenciarán las mentiras de los medios y se reforzará la épica del combate a la corrupción.

El camino hacia la consulta para la revocación de mandato será uno tremendamente desgastante para el país, con costos políticos y económicos importantes. Según estimaciones del INE, la organización de la consulta demandará 9 mil millones de pesos, cantidad que debería usarse para atender problemas como el desbasto de medicamentos o la habilitación de escuelas previo al regreso a clases, por poner sólo un par de ejemplos.

El gasto parece no importar a la austeridad republicana del presente gobierno, pues sólo es oneroso lo que no está en las prioridades de la agenda personal del presidente. El desgaste político también será significativo, pues someterá a las instituciones a ataques y presiones para alinearlas con la voluntad presidencial. La más afectada será desde luego la población, llevada a niveles extremos de polarización, cuyas prioridades y problemas urgentes se verán invisibilizados por la propaganda gubernamental y sus distractores. El presidente está en una cuenta regresiva, su meta y horizonte es la próxima consulta, su esfuerzo por el triunfo significa un paso más en su desapego a los problemas urgentes del país, de cuya solución unas veces parece claudicar y otras sustituir con versiones alternativas de un progreso inexistente. El presidente responde a su naturaleza de candidato permanente, siempre en activo en campañas electorales perenes, en luchas contra molinos de viento que no le permiten distraerse en la banal tarea de gobernar.

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