El último arrebato

La batalla que viene

Si el Partido Revolucionario Institucional (PRI) retiene la gubernatura del Estado de México, el próximo 5 de junio, acumulará un siglo entero en el pesebre más simbólico del antiguo régimen. Ningún partido podrá presumir algo así en el mundo. Para alivio de muchos, en este momento todas las señales apuntan a que ese dominio está por terminar. La más reciente medición del diario Reforma, órgano oficioso del antiguo régimen, reveló que la intención de voto favorece a Morena con amplia ventaja. Con matices si va en alianza o no, en cualquiera de los escenarios sería desplazado del poder.

Para evidenciar los negativos que acumula, resulta que 42 por ciento de los mexiquenses confesaron que “nunca” votarían por esa organización política que recibe las peores notas: es el más machista (33 por ciento), el que tiene más afianzados vínculos con el crimen organizado (37), el que roba más cuando gobierna (50) y el que más daño ha hecho al país (54). En el otro extremo, Morena es valorado por el electorado con los puntos más altos: maneja mejor la economía (44 por ciento), se preocupa por la gente (50) y beneficia a los que menos tienen (57). Es cierto, esto apenas está comenzando, ya están definidos los competidores y viene la campaña formal, que se extenderá entre el 3 de abril y el 31 de mayo.

Durante buena parte del siglo XX, el PRI lo tuvo todo. En 1989 perdió su primera gubernatura, ocho años después le fue arrebatado el control de la Cámara (federal) de Diputados y en 2000 la presidencia de la República. Tampoco hay que olvidarlo, 12 años después la recuperó, tras el fracaso del panismo. A la mitad del sexenio del presidente nativo de Atlacomulco, el PRI comenzó su imparable caída y de los 19 estados que conservaba, hoy sólo le quedan tres: Durango, retenido el año pasado con la ayuda del PAN, y Edomex y Coahuila, en juego el próximo 5 de junio y donde también se presentará apuntalado por su antiguo enemigo.

Si nos atenemos a la advertencia del exconsejero electoral Bernardo Barranco, el PRI dará la batalla desde las ocho ventajas sobre las que asienta su prolongado poderío en el Edomex, entre las que destacan: el dinero que circula abundante en los subsuelos, el uso electoral de programas sociales, el control de los órganos electorales locales, la débil fiscalización y el aparato mediático a su disposición. Por la salud de la democracia, que la alternancia se vea consumada y el PRI se entrene como oposición, un rol que tanto trabajo le está costando.

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