Jicotes

CINISMO

Aristóteles decía: “La ley es la razón sin pasión”. Preparémonos, ahora, la aplicación de las leyes estará contaminada por la pasión política.

LA CORTE Y EL CINISMO

Para cubrir la vacante de un ministro de la Suprema Corte, López Obrador envió una terna al Senado de la República que es el ejemplo del cinismo político. Las candidatas son: mi buena amiga Celia Maya, entusiasta promotora de López Obrador y sus causas, candidata por Morena a la gubernatura del Estado. De las otras dos, una, Loretta Ortiz, es esposa de otro simpatizante histórico de presidente, José Agustín Ortiz Pinchetti, actual consejero para la elaboración, imagínense, de la Constitución Moral. Finalmente, Yasmín Esquivel, esposa del contratista preferido de López Obrador, José María Rioboó, que en el apellido lleva una carga.

El conocimiento de la Constitución y las leyes no es el fuerte del presidente, dice que no hay ninguna ley que prohíba proponer a los miembros de un  partido político como ministros de la Corte. Sorprende la actitud política de López Obrador, es impulsor de la Constitución Moral y al mismo tiempo viola el principio ético mínimo que debe tener un juzgador, que es precisamente la imparcialidad. Pero no sólo eso, también transgrede a la Constitución, pues en su artículo 108 estipula que se sancionará a los servidores públicos que violen la legalidad, la honradez, la lealtad, la eficiencia y la imparcialidad. ¿Puede alguien defender la imparcialidad de candidatos a la Corte comprometidos política y personalmente con Morena y con el presidente?

López Obrador como candidato se quejaba de que había un “compló” de las autoridades judiciales para violar la ley contra él, me recordó a Clemenceau, destacado político francés. Clemenceau había sido, en su juventud, un militante revolucionario. En su madurez fue presidente del Consejo de Ministros. Y un periodista le preguntó: “-¿Qué piensa ahora el señor presidente acerca de las revoluciones? Respondió: –“Exactamente lo mismo que pensaba en mi juventud. Con una sola diferencia: que ahora lo pienso desde el otro lado”. Discúlpenos señor presidente, pero sospechamos que ahora es Usted quien encabeza el complot.

EL CINISMO

Un buen amigo, miembro del partido Morena y, por supuesto, identificado con López Obrador, me interpela con ira. Dice: “Calibraste bien el adjetivo de cinismo al juzgar la decisión presidencial de proponer como ministra de la Corte a tres personas capaces, entre ellas a tu amiga Celia Maya”. Respondo. Por supuesto que evalué este adjetivo que reconozco que es duro y severo, pero aplica. Paso a probarlo.

No es posible distribuir masivamente una cartilla moral que dice: “El bien no debe confundirse con nuestro interés particular… con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo.. el bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponernos el sacrificio de nuestros anhelos, y aún de nuestra felicidad y de nuestra vida”. Al proponer López Obrador  juzgadoras de reconocido compromiso con su él y su mandato, otorga prioridad a su interés particular; se decide por asegurar la lealtad a su persona y a sus causas en lugar de garantizar la indispensable imparcialidad de la justicia.

Para el inmoral existe el mal y el bien, pero prefiere el mal; para el amoral no existe el mal ni el bien, todo le da igual mientras triunfe; para el cínico existen el bien y el mal, pero lo importante es liberarse de la preocupación de distinguirlos. El inmoral es víctima de culpas que tarde o temprano lo acosan; el amoral no tarda en ser descubierto, pues lo delata su falta de escrúpulos. El gran problema es el cínico es que todo es intercambiable. Resumiría Groucho Marx: “¿No le gustan estos principios? No hay cuidado, tengo otros”.

La perversidad de la decisión de López Obrador es que no destruye las relaciones sociales a martillazos, su acción parece hasta inofensiva. Dice: “No hay ninguna ley que prohíba designar ministras de un partido político”.  Diluida la potencialidad y la dicotomía entre el bien y el mal ético, el resultado ha sido el descaro: proponer militantes como ministra de la Corte. Aristóteles decía: “La ley es la razón sin pasión”. Preparémonos, ahora, la aplicación de las leyes estará contaminada por la pasión política.

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