Jicotes

NOS LLEVAN A EMPUJONES

La cuarta transformación es una hoja de tamal en remolino, en el remolino de las relaciones internacionales y el neoliberalismo. La desgracia es que López Obrador sigue aferrado a la tesis de que la mejor política internacional es la política interna. La realidad es que nos seguirá llevando a empujones.

Las últimas transformaciones estructurales del país no han sido por iniciativa de la clase política sino de la presión internacional que nos ha llevado prácticamente a empujones a realizarlos. El estilo socarrón y taimado de nuestros gobernantes se ha enfrentado a un vecino prepotente y a organismos mundiales que no saben del: “Mañana lo hacemos” o “Déjenme consultarlo y luego les digo”.

El Banco Mundial, apoyado por Transparencia Internacional, aburrido de constatar que por más apoyo económico que se le diera a los países los fondos acababan en los bolsillos de los corruptos, optó por restringir los préstamos hasta que no estuvieran debidamente explicados y justificados. De lo que se trataba era de romper ese ciclo de: proyectos improductivos, corrupción, falta de crecimiento, aumento de la deuda externa y mayor pobreza. La ONU y los Estados Unidos impulsaron en todo el planeta, no solamente en México, una ola de claridad, transparencia, rendición de cuentas y honradez. Y no porque estuvieran preocupados por el alma de los políticos, sino que el terrorismo requiere de recursos económicos que demandan de dinero sucio y es necesario rastrearlo en todos los países. La lucha contra la corrupción en México, tuvo el empujón internacional.

La firma del Tratado del Libre Comercio tiene como condición, determinada principalmente por Estados Unidos, que México aumente los salarios de los trabajadores y haga una reforma laboral. Y lo que tiene tensos y atribulados a empresarios, autoridades y obreros: la apertura sindical. La lucha de la izquierda y de sectores progresistas no estremecía mínimamente la anquilosada de las relaciones laborales, tuvieron que venir los poderes económicos, capitalistas y neoliberales, a darnos otro empujón con la democracia sindical.

Nuestra frontera sur estaba en el más absoluto descuido, el flujo y reflujo de gente se hacía sin ningún control, era como de chacoteo el ver a la luz del día pasar el río en lanchas y llantas gigantes colmadas de migrantes. Pero ¡Oh sorpresa! Que aparece el pedante, marrullero y veleidoso de Trump y nos amenaza con imponernos a aranceles que pondrían en crisis la economía nacional. A empujones recordamos que tenemos una frontera sur que es necesario vigilar y controlar.

La gran lección es que los países ya no se mandan solos, menos nosotros, vecinos del país más poderoso de la tierra. La cuarta transformación es una hoja de tamal en remolino, en el remolino de las relaciones internacionales y el neoliberalismo. La desgracia es que López Obrador sigue aferrado a la tesis de que la mejor política internacional es la política interna. De mantenerse en esta postura la realidad nos seguirá llevando a empujones.

PORFIRIO MUÑOZ LEDO ¿ENEMIGO O AMIGO?

Porfirio Muñoz Ledo ha dicho:

Que para satisfacer las demandas de Trump estamos violando la Constitución que garantiza la libertad de tránsito. Tiene razón.

Que Marcelo Ebrard está asumiendo funciones que le corresponden a la Secretaría de Gobernación, que es la que por ley es la responsable de la política migratoria. Tiene razón.

Que se está utilizando a la Guardia Nacional para detener migrantes y no para cuidar y proteger a los mexicanos contra la delincuencia. Tiene razón.

Que enviar a seis mil miembros de la Guardia Nacional para evitar la migración, apoyados por el Ejército y la Marina, es poner el muro en la frontera sur. Tiene razón.

Que es necesario luchar contra la intención de Trump de asestarnos el status de país seguro, pues eso sería tanto como hacer del país “una jaula” a los migrantes, que les daría ingreso al país, pero no les permitiría salir. Tiene razón.

Comparto prácticamente todas las aseveraciones de Muñoz Ledo, pero también considero que al presidente y a Ebrard no les quedaba otro camino con tal de impedir la aplicación de los aranceles. Que de la misma forma que hay razones del corazón que la razón no conoce, hay razones de la política económica que el marco jurídico no conoce. Los efectos lesivos de los aranceles hubieran hecho crujir al comercio, al empleo, a la inversión y al peso.

Con lo que estoy en absoluto desacuerdo es que el presidente, apoyado por funcionarios, legisladores y miembros de Morena, tan incondicionales y empalagosos en su apoyo a López Obrador, se le hayan ido a la yugular a Muñoz Ledo. Lo hicieron recordando sus cambios de partido, lo acusaron de ignorante y hasta de peligrosa disidencia. Reconocer y respetar la postura de Muñoz Ledo, no es solamente sano para la democracia sino muy conveniente para el gobierno. Es necesario que Trump considere que orillar a López Obrador a aceptar el status de tercer Estado o estación migratoria mundial, tendrá graves resistencias entre la opinión pública y el Congreso. Que imponer esta acción debilitará al mismo López Obrador y provocará una hostilidad que más temprano que tarde salpicará a Estados Unidos. Lo importante es que el presidente, Ebrard y las huestes de Morena, reconozcan en Muñoz Ledo, no un enemigo al que es necesario apabullar, sino alguien que puede prestar una gran ayuda para la defensa de la soberanía.

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