Sólo para nostálgicos

Arte en la piel

El tatuarse es una de las particularidades del hombre, en la antigüedad, los tatuajes eran signo importante en diversas culturas que tenían significados religiosos, mágicos y sociales.

Los griegos tatuaban a sus espías con símbolos secretos y a los esclavos y criminales romanos se les marcaba.

El tatuaje del rostro es uno de los más antiguos tratamientos de belleza, delinear el arco de las cejas, colorearse los párpados, etc.

A los gobernantes y sacerdotes egipcios se les tatuaba en brazos y pecho los nombres o representaciones de divinidades.

Debido a que el tatuaje fue relacionado con supersticiones y ritos, la mayoría de las religiones se opusieron a su práctica.

En el año 778 el papa Adriano ordenó que la “bárbara práctica” fuera prohibida entre los cristianos.

En 1771, al regreso de su primer viaje a Oceanía el capitán y navegante James Cook introdujo en Europa la palabra tattaw, vocablo polinesio que significa marca o golpe.

Al principio del siglo XIX el tatuaje se generalizó entre los marineros.

El arte del tatuaje se puso de moda en Inglaterra, cuando en 1862 el príncipe de Gales, Alberto Eduardo, se tatuó el brazo izquierdo; y la aristocracia lo imitó con grabados de amor, insignias, emblemas, etc.

La realeza no fue ajena a la moda, entre los reyes tatuados figuraban Jorge V de Inglaterra, Alfonso XII de España; las mujeres también aceptaron la moda, Lady Randolph Churchill, madre de Sir Winston Churchill, tenía un diminuto retrato tatuado.

Y en la exageración con la identificación de los productos que vendían, hubo agentes comerciales que se tatuaban el nombre de su empresa.

En 1818, el estado de Massachusetts marcó en los cuerpos la fecha de encarcelamiento a los delincuentes que habían reincidido en su delito. En 1879 se prohibió en la Gran Bretaña marcar a los soldados convictos por insubordinación u otros delitos, se les ponían las letras BC “Bad conduct” —mala conducta—.

En 1880, un médico del ejército francés sugirió tatuar los principales puntos del cuerpo humano donde debía presionarse para contener una hemorragia de los heridos en batalla.

Earl Roberts, mariscal de campo inglés en la Guerra Bóer (1899-1902), promulgó una orden “Todo oficial del ejército británico debe llevar tatuado el escudo de su regimiento”, con el fin de fomentar el espíritu de guerra e identificarlos en caso de fallecimiento.

En sus inicios el tatuaje se realizaba a mano, punzada tras punzada, con agujas de hueso o de metal, pero en 1890, Samuel O’Reilly inventó una máquina eléctrica vibradora.

En un principio los tatuajes representaban un serio problema de salud y hasta de muerte.

En 1869 un cirujano naval reportó 47 casos entre marineros, 29 tenían graves infecciones, a ocho le amputaron alguna extremidad, y ocho fallecieron después del tatuaje. Como consecuencia, el tatuaje fue prohibido por el ejército y la marina de Francia.

Las complicaciones eran originadas principalmente por el uso de polvos de ladrillo y ceniza, recipientes sin desinfectar.

En la actualidad el tatuaje ya no es visto con prejuicio o se realiza en la clandestinidad. Hay quien tiene el interés en que su cuerpo sea una obra de arte, que lo distinga de otras personas.

La Ley establece que queda prohibida cualquier forma de discriminación, incluyendo y haciendo referencia a esta por la negación, exclusión, distinción, menoscabo, impedimento o restricción a las personas que tengan tatuajes o perforaciones corporales.

En marzo de 2019, el estado de Querétaro aprobó una reforma a la Ley para Prevenir y Eliminar toda Forma de Discriminación, en la que se busca evitar la discriminación laboral en contra de personas con tatuajes

Y los nostálgicos ven que el tatuarse es una expresión de identidad.

rangel_salvador@hotmail.com

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