Tigres de Papel

¿Fin de La Jornada?

‘La Jornada’ cumplió 34 años de existencia y lo celebra con la triste noticia de su difícil situación legal y financiera que podría conducir a su extinción, pero le apuesta a la esperanza y lo ratifica en su editorial de ese día.

La imagen es icónica: Un hombre barbado, saco de pana, de pelo largo y mirada inquisitiva, porta el periódico ‘La Jornada’. A saber, es el fenotipo del hombre o la mujer de izquierda que ostenta esa simpatía por el diablo, por la ideología que caracteriza a los rebeldes e inconformes de este mundo y que así se pasea por el mundo: “Es de izquierda”. Ese hombre o mujer, se informa de todo lo que sucede en el país o en el planeta a través de la lectura del periódico emblemático de los izquierdistas mexicanos: lee ‘La Jornada’.

Esa imagen está por borrase de un plumazo. Los editores de ‘La Jornada’ nos informaron en días pasados que la resolución de un juez federal obliga a la empresa Demos S.A. -editora del periódico-, a cumplir con el contrato colectivo que tiene firmado con el Sindicato de Trabajadores de La Jornada (SITRAJOR), lo que de cumplirse a cabalidad llevaría a la quiebra financiera del periódico y a la consecuente desaparición de ‘La Jornada’. El conflicto laboral inicia con la empresa editora del periódico: decide cancelar unilateralmente el cumplimiento del contrato colectivo, sin haber agotado la vía del diálogo y la negociación con el SITRAJOR.

La empresa asegura que ya le era imposible cumplir con el susodicho contrato que rebasaba con creces los salarios y prestaciones a las que obliga la Ley Federal del Trabajo y que, ante la renuencia del sindicato a ceder al respecto, deciden cancelarlo.

Lo cual provocó que los trabajadores sindicalizados tomaran las instalaciones y declararan una huelga que la empresa consideró ilegal e interpuso una queja laboral ante las instancias correspondientes ya que, según su versión, habían dejado encerrados a varios colaboradores a quienes les impidieron salir de las instalaciones. Esto dio inicio a una guerra laboral sin tregua, que no ha terminado hasta la fecha.

El pasado miércoles 19 de septiembre, día por demás emblemático para la historia contemporánea de nuestro país, ‘La Jornada’ cumplió 34 años de existencia y lo celebra con la triste noticia de su difícil situación legal y financiera que podría conducir a su extinción, pero le apuesta a la esperanza y lo ratifica en su editorial de ese día.

En esta publicación señala que el surgimiento de este medio fue catalogado por propios y extraños de una especie de “milagro social”, debido a que ‘La Jornada’ nunca tuvo el respaldo de un padrino empresarial y sólo contó con el apoyo decidido de un puñado de periodistas, intelectuales, artistas, líderes y activistas sociales que hicieron posible la fundación de un medio de comunicación indispensable en el devenir periodístico de la nación.

Quienes tenemos una conciencia y un ejercicio sindicalista y, además, somos lectores irredentos de ‘La Jornada’, defensores del periodismo crítico y libertario, estamos en una encrucijada: ¿Defender sin cortapisas el proyecto periodístico en cuestión u ofrecer nuestro respaldo incondicional a la legítima causa laboral de os trabajadores afiliados al sindicato en su defensa del contrato colectivo de trabajo? Ambas posturas tienen su razón de ser y sería innoble de nuestra parte apostarle sólo a una de éstas sin el mínimo ejercicio crítico y de justicia que reclaman ambas partes. Se trata de un debate ineludible para quienes simpatizamos con ambas causas.

¿Cuál es la trascendencia de todo esto? Que nos quedaríamos huérfanos de un proyecto en el que hemos creído estos 34 años. La prensa libre no se da en maceta, son años de lucha incansable que no pueden claudicar, así como así. Es necesario apoyar a ‘La Jornada’ como lo hicimos cuando apoyamos la causa de Manuel Buendía, Julio Scherer, Manuel Becerra Acosta, José Gutiérrez Vivó, Carmen Aristegui, y tantos más que han caído en el pozo sin fin de la censura, la persecución, el hostigamiento y el asesinato impune.

La causa es de todos, no sólo de los fieles lectores de ‘La Jornada’, es la necesidad de contar con un medio que sirva de contrapeso al poder; aún el de izquierda que va a encabezar muy pronto López Obrador y que, ni tardo ni perezoso, el medio aludido comenzó a hace las críticas justas y necesarias que hacen falta para la construcción del sujeto social y del poder popular que se finca como la esperanza de un pueblo como el nuestro: tan alejado de estos menesteres democráticos y del esfuerzo incansable por una auténtica justicia social.

Por eso me quedo con el párrafo final de la editorial de ‘La Jornada’ en su fecha de aniversario que, a modo de paráfrasis, dice que serán superadas las actuales dificultades gracias al apoyo de sus trabajadores, colaboradores y lectores y a la fidelidad a una línea editorial que sigue siendo socialmente necesaria. Con eso me basta.

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