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De como el Estado priista combatió a Elvis Presley

A propósito del estreno de la biopic de Elvis Presley, aunque usted no lo crea, en el México de hace más de 50 años ir a un estreno de una película de él era riesgo porque la policía antimotines, mejor conocidos como los granaderos, hacían acto de presencia para reprimir y encarcelar a los jóvenes asistentes.

Esa era tan solo un botón de muestra del clima de represión a cualquier acto que pudiera cuestionar mínimamente al sistema que el santo priismo había construido.

José Agustín en su Tragicomedia Mexicana 1 señala que por la industrialización y urbanización de México a finales de los 50 se generaron nuevas formas de cultura urbana que significaron “un franco proceso de cambios profundos en la identidad nacional”.

Agrega Agustín que el rock and roll fue satanizado por la sociedad lo que mostraba la rigidez del sistema en su totalidad y que llegaba a la intolerancia de lo que pudiera sanearlo tanto en lo político, como la represión a obreros, como en lo cultural, como el intento de aplastar a los jóvenes y sus ansias de renovación.

En la misma línea, el académico norteamericano Eric Zolov, en su libro “Refried Elvis: The Rise of the Mexican Contraculture”, afirma que, para el sistema de mediados de siglo que, además de autoritario había que sumarle lo patriarcal y machista, la figura de Elvis era un ícono masculino que chocaba con la imagen que querían de los jóvenes varones mexicanos como obedientes y de las mujeres como portadoras de “educación y valores”.

El mensaje de Elvis era interpretado como una ruptura que terminaría “alejándolos de los valores tradicionales y naturales de los héroes nacionales propagados por el PRI”.

Por ello, la respuesta del sistema fue desacreditar a Elvis vía cuestionar su masculinidad e inventar un presunto ataque a las mujeres mexicanas, dice Zolov. Con ello, buscaban disminuir su impacto como sex symbol y modelo a seguir.

El 19 de febrero de 1957, el columnista Federico de León publicó una falsa declaración de Elvis Presley dónde habría dicho que prefería besar tres afroamericanas antes que una mexicana. Esta frase profundamente racista y llena de prejuicios de la época nunca se hizo y aunque el mismo Elvis la desmintió, la campaña orquestada contra el Rey del Rock ya estaba en marcha.

Cabe aclarar que el propio Eric Zolov en su libro “Refried Elvis” también recupera la versión que la campaña antiElvis había sido iniciada por un importante político y empresario mexicano que despechado porque el cantante no habría aceptado venir a la Ciudad de México a actuar a una fiesta particular, habría comenzado esta campaña.

A final de cuentas, las versiones no se contraponen y, envuelto en la bandera del nacionalismo patriarcal y machista, el sistema priista se lanzó contra el cantante.

A tal extremo se llegó la campaña de odio, que en el estreno de la película Los Locos del Rock and Roll de Agustín Lara y Pedro Vargas, íconos musicales mexicanos, en los carteles promocionales se incluía la leyenda “¡Muera Elvis Presley!” y se le dibuja afeminado mientras unos charros le disparan. Más explícito y prejuicioso no se puede ser.

¿Esa campaña medró en la popularidad de Elvis en México? No, por lo que la liga de la decencia mexicana llamó a una quema de discos de Elvis en el Zócalo. Claro, para quemar esos discos primero tuvieron que comprarlos, por lo que las ventas de Elvis seguían subiendo y sus detractores se llenaban de bilis.

Para José Agustín, finales de los 50 el rock era solo una válvula de escape, una crónica social de la vida juvenil y los problemas típicos de la edad, no una concepción de vida como sucedería una década después. Que, si bien algunos jóvenes de clase media cometían desmanes, estos eran propiciados por la represión moral de la época, la rigidez y la intolerancia.

Una de estas escenas sucedió el 6 de mayo de 1959 cuando se estrenó la película King Creole (El Rey Criollo, que ridículamente fue titulada aquí como ‘Melodía Siniestra’) en el cine Las Américas, donde según testimonios de los escritores Parménides García Saldaña y Federico Arana, tuvieron llenos, pero hubo incidentes primero por un pleito entre pandillas y después llegaron los granaderos a golpes a imponer el orden y llevarse a cuanto joven pudieron, aunque no hubieran participado en los disturbios.

Así, en el México de los años 50 ser joven y fan de Elvis te podía llevar a la cárcel acusado de “disolución social”. No era que los jóvenes surgieran como fuerza política emergente, dice José Agustín, más bien era la manifestación de las contradicciones del sistema y buscaban un ambiente menos opresivo. Hoy, hay otras circunstancias y otros peligros distintos.

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