Falacias y desafíos de la educación para la paz II

Como comenté antes, el interés por la Educación para la Paz tiene varios siglos, recibiendo mayor énfasis entre las guerras mundiales. Actualmente se insiste en ella, por los persistentes conflictos globales, regionales, locales, familiares…
Miles de documentos se han publicado, no sólo para explicar por qué nuestra especie es tan belicosa, sino para activar una “gestión no violenta de conflictos”. Uno fue el “Manifiesto 2000 para una cultura de paz y de no violencia”, promovido por varios premios Nobel en 1999, otro la Resolución, aprobada por la Asamblea General de la ONU (1998), para impulsar el “Decenio Internacional de una Cultura de Paz y no Violencia para los niños del Mundo” (2001-2010).
Dicho Manifiesto no se dirigió a gobiernos ni a estados, sino “al individuo”, enfatizando el papel de la familia y de la escuela “como espacios fundamentales para construir sociedades justas y pacíficas”; recibió 74 millones de firmas de adhesión (Fundación Cultura de Paz UNESCO) y señala:
“Reconociendo mi parte de responsabilidad ante el futuro de la humanidad, especialmente para los niños de hoy y de mañana, me comprometo en mi vida diaria, en mi familia, mi trabajo, mi comunidad, mi país y mi región a: -respetar la vida y la dignidad de cada persona, sin discriminación ni prejuicios; -practicar la no violencia activa, rechazando la violencia en todas sus formas: física, sexual, psicológica, económica y social, en particular hacia los más débiles y vulnerables, como los niños y los adolescentes; -compartir mi tiempo y mis recursos materiales cultivando la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la injusticia y la opresión política y económica; -defender la libertad de expresión y la diversidad cultural privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo, ni a la maledicencia y el rechazo del prójimo; -promover un consumo responsable y un modo de desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de los recursos naturales del planeta; -contribuir al desarrollo de mi comunidad, propiciando la plena participación de las mujeres y el respeto de los principios democráticos, con el fin de crear juntos nuevas formas de solidaridad”.
¿Quién podría discrepar de tan buenista discurso? Quizá ayudaría a contener los ánimos en algunos microespacios, sin embargo, presenta al menos 2 problemas: 1) No toca las estructuras del sistema; parte de la ingenua concepción de que la clave de la paz está en ‘crear conciencia’ y lograr la suma de voluntades individuales. 2) Desatiende las diferencias entre individuos: No vale igual un Trump que justifica sus violencias, afirmando fanfarronamente: “no necesito el derecho internacional; mi poder sólo lo limitan mi propia moral y mi mente” (sic), que un humilde trabajador que pierde control por sufrir alguna injusticia.
En los últimos 10 años la violencia se ha vuelto muy preocupante incluso en Querétaro, (único lugar de México, que menciona el New York Times para visitar en 2026), a pesar de las recomendaciones de Kuri de no politizar ni polarizar. Según fuentes oficiales (la ENVIPE del INEGI), ésta ha aumentado, no sólo por grupos delictivos, sino por el gobierno sobre la población y por la propia población; Querétaro además ha retrocedido en el Índice de Paz, del 2º al 15º lugar nacional. La violencia familiar creció 300 por ciento, la sexual 200 por ciento y tenemos el 3er lugar nacional en violencia de género.
Mientras, en Palestina, el poeta M. Makhoul, expone (como si respondiera a Kuri): “Para escribir una poesía que no sea política, necesito escuchar a las aves, pero para escuchar a las aves debe cesar el bombardeo”. La masacre sigue, a pesar del voto mayoritario de la ONU por el cese.
Y es que la pacificación de los pueblos, barrios, familias o escuelas no se consigue simplemente con discursos, recomendaciones, acuerdos o manuales educativos…, sino construyendo espacios seguros en donde las personas sean y se sientan incluidas, tratadas con respeto, aceptadas tal cual son, escuchadas y atendidas. ¿Por qué resulta tan difícil construirlos?
¿Qué “bombas” caen sobre las escuelas y las familias que bloquean la escucha mutua y la convivencia pacífica?
(Continuará)


