ArticulistasOpinión

Visiones opuestas sobre la municipalización

En otro artículo analizaba cuatro razones (o pretextos) por las que los funcionarios públicos (en especial, los municipales) no atienden las necesidades ciudadanas según corresponde: 1. La ley “no lo permite”; 2. El presupuesto “no alcanza”; 3. El tiempo “que es muy breve”, y 4. La ciudadanía “tan apática o conflictiva”…


La explicación de que “la ley no lo permite” brinda ejemplos desconcertantes, que bien debieran ser revisados por las legislaturas: ¿Por qué, por ejemplo, la ley no permite urbanizar o dar mantenimiento a calles de barrios populares, que nunca se terminaron o tienen décadas de abandono y sí permite construir nuevos caminos, para elevar la plusvalía de espacios en que aún no hay colonias? ¿Por qué la ley permite a constructoras vender terrenos y casas, antes de entregar un fraccionamiento al municipio? (lo que causa pesados inconvenientes a los compradores).


Sobre la falta de presupuesto, sabemos de gran cantidad de barrios que tienen serios problemas de drenaje, no sólo porque las viejas y estrechas tuberías resultan insuficientes ante la carga excesiva del crecimiento poblacional, sino porque el asbesto con que fueron hechas no dura más de 35 años, y con el tiempo se desmoronan. Agentes de la CEA, que suelen desazolvar con chorros de agua de alta presión, saben que esta técnica en colonias viejas puede destruir los tubos y, ante “su incapacidad”, reciben la furia vecinal.


Funcionarios municipales explican en mesas de trabajo con juntas de vecinos, que el costo de resolver los más graves problemas de su colonia (abandonada por décadas), podría ser tan elevado como todo el presupuesto municipal de un año. Así que los barrios populares experimentan dramáticos círculos viciosos: La falta de presupuesto “justifica” dejar para después la atención a sus problemas; un “después” que se repite trienio, tras trienio, y mientras más se agrava la situación, menos puede atenderla el municipio; así que sólo queda “nadar de muertito”.
La explicación de la falta de tiempo: “Solo contamos con tres años”, sólo sirve para “justificar” la pretensión de reelección, lo que tampoco resolverá.


El cuarto pretexto: “La ciudadanía no coopera”, o “no se pone de acuerdo” o “tiene un perfil delincuencial” (como explicó una vez un comandante municipal), no es tan fácil de sostener, pues por doquier, la ciudadanía se organiza, exige, propone y resuelve creativamente. Sólo le falta ser realmente escuchada.


Luego de más de cuatro años de intenso trabajo y múltiples gestiones, “Querétaro Participa” (integrada por más de 30 organizaciones, interesadas en mejorar su entorno) logró la publicación de la Nueva Ley de Participación Ciudadana.  Sólo que la lógica de “la ciudadanía de a pie” (la de “El otro Querétaro”, que sufre los problemas) es opuesta a la de los gobiernos neoliberales. La primera busca conformar organizaciones más pequeñas, para lograr una mejor gestión.

Habitantes de Santa Rosa Jauregui, por ejemplo (igual que hicieron los de Carrillo Puerto en los años ochenta), que han luchado por décadas, para conseguir que su delegación se municipalice, son mirados con franco desprecio por el alcalde Macías, pues “sólo quieren llamar la atención” (sic). ¡Claro que quieren llamar la atención! ¡Eso hace consecuentemente quien lleva décadas de abandono! En contraparte, el Gobernador Kuri expone su “innovadora” ocurrencia de fundir cuatro municipios en uno central para “ahorrar gastos burocráticos” y crear una “gerencia metropolitana”, en ese tenor de la sociedad de mercado que confunde la gestión pública con la administración de empresas privadas.


La buena noticia es que la barca neoliberal está naufragando y son cada vez más las organizaciones ciudadanas que luchan por construir otra cosa.


Tomás Piketti, destacado economista francés, especialista en desigualdad económica y distribución de la renta, propone: “… el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos. Ahora estoy convencido de que hay que pensar en su superación, en una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico y feminista”; una utopía que podría resumirse en el lema de Amlo: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba