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Sexualidad femenina: Un conjunto de opresiones

En la actualidad, existen una serie de sistemas de opresión que atraviesan el ejercicio de libre elección respecto a la manera en que jóvenes deciden vivir y explorar su sexualidad. Mismos sistemas que también han socializado la sexualidad a partir de una serie de estereotipos que tienden a posicionar el placer en la sexualidad como tema tabú.

Por un lado, se encuentra el patriarcado, que se ha encargado de visibilizar la sexualidad a través de dos polos: el placer para los hombres y la procreación para las mujeres. Así pues, de manera constante todo acto o incluso expresión en torno a la sexualidad que rompe esa dualidad impuesta por el patriarcado tiende a juzgarse, aislarse o muchas veces hasta invisibilizarse. Vivir una sexualidad libre en un mundo dicotómico en ocasiones convierte de una experiencia tan natural como debería ser la sexualidad, en un ejercicio de culpa debido a toda la carga de estereotipos de género que se viven a través de la mirada patriarcal.

Por otro lado, y centrando el foco específicamente en el papel de la familia como instancia principal encargada de la socialización primaria, es el adultocentrismo quien domina e imposibilita una comunicación clara en el tema. Por lo regular, se observa a los jóvenes como demasiado inmaduros o sin conocimientos para decidir respecto a cómo vivir su sexualidad, pero tampoco se les brinda una educación de calidad para darles entonces herramientas que posibiliten una elección si guiada pero libre y responsable, en donde se les empiece a observar como sujetos de derecho, capaces de reconocer, elegir y hacer valer sus necesidades y deseos. A través del adultocentrismo, la familia impone el modo en que los jóvenes deberían vivir su sexualidad, modos que también se ven atravesados por la carga patriarcal antes mencionada.

Un último sistema que a lo largo de los años ha oprimido de manera considerable la sexualidad, es el eurocentrismo.

Actualmente, las juventudes se ven introyectadas por un sistema de organización colonial del género, en donde la idea del dimorfismo biológico, la dicotomía hombre/mujer, la heterosexualidad y el patriado les ha permeado en sus relaciones en este caso, también de tipo sexual en donde el acceso a la información es limitado, dicotómico y eurocentrado. Así pues, la libertad sexual de los varones, así como el aspecto de fidelidad de las mujeres en todo el mundo fue eurocentrado, muy diferente a la posibilidad de libertad para los hombres blancos.

Partiendo de dichos postulados, es visible el hecho de que hombres y mujeres no solo se encuentran atravesados por género, sino también por cuestiones de raza. Las mujeres, así como todas las disidencias sexuales, comenzaron a perder total control de su sexualidad, así como de la postura desde la cual tenían el acceso a informarse (Jiménez, et al. 2014).

Sin duda, la sexualidad, específicamente la femenina, sigue siendo un conflicto aún a la fecha por su mirada biologicista, adultocéntrica y colonial, en donde la carga de estigmas y tabúes que la atraviesa ha hecho de esta un acceso limitado, invisibilizado y en muchas ocasiones violento.


Referencia:

– Jiménez, I., Lugones, M., Mignolo, W. & Tlostanova, M. (2014). Género y Descolonialidad. Ediciones del Signo.

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