ColumnistasOpiniónSe dice en el barrio

FLAVIO, VIDA Y CLIMA

Con ese calor no se podía dormir. Estábamos casi desnudos y con la ventana abierta; pero nos tragaban los zancudos toda la noche.

Efrén es el mejor amigo de mi hijo Flavio; además, quedaron en el mismo grupo, en la prepa, y eso ha enriquecido su relación. Me gusta cómo comparten sus trabajos y sus cosas de muchachos, y no andan desbalagados (o desolotados, como dicen los de Chihuahua), haciendo tonterías.

Efrén invitó a mi hijo a ver en la tele una película que les dejó de tarea el maestro de “Humanidades”. Flavio llegó entusiasmado de la casa de su amigo; reconocía que, aunque toda su vida lo ha vivido, nunca se había preguntado por qué unas veces hace frío, aunque haya sol, y otras hace calor, aunque sea de noche. También me dijo que, como en la película, quería dormir en una hamaca, cubierto con una red, para librarse de los zancudos y poder descansar.

Después me enteré de que, por causa del calor y de la invasión de mosquitos que tuvimos en el barrio, el profe tocó el tema que realmente le interesaba.

Flavio está muy entusiasmado con lo que está viendo en la escuela; supongo que va a estudiar una carrera relacionada con el universo y la naturaleza. Con todo lo que habla de lo que va “descubriendo” ya me trae atosigada. Muchas veces, apenas llega de la escuela y, sin dejar siquiera los libros en la mesa, comienza con sus preguntas. A veces se las puedo responder, pero cada día me ataranta más, pues se refieren a cosas que yo nunca estudié.

El martes me preguntó: “Oye, ma: ¿sabes qué es la canícula?”. Le contesté: “varias veces oí a la mamá de mi mamá hablar de ella, pero con miedo. Por eso, cuando la abuelita Licha la mentaba, a mí se me figuraba que se refería a algo de diablos o de brujas, y que, entonces, hacía que tomáramos mucha agua: para ahuyentar sus apariciones”. Muy seguro de sí, Flavio me corrigió: “Nada de eso, ma. Tiene que ver con la temperatura del planeta, cuando, por su inclinación, en el norte hace más calor (de cuatro a siete semanas). Para nosotros, es la época más caliente del año. Y le pusieron el nombre de canícula (que quiere decir ‘perro’) porque, en Babilonia, donde ya tenían estudios astronómicos muy avanzados, descubrieron constelaciones de estrellas, y una en especial, a la que llamaban Can Mayor. Aparecía en esta temporada del año. Su estrella más brillante es Sirio; hablar de ella significaba relación con el verano caliente”.

El viernes, durante la comida (mientras oíamos en Radio Universidad a Lila Downs y a la Banda de Mujeres del Viento Florido, en Oaxaca) mi hijo me dio más motivos de orgullo. Imitando la voz de su maestro, dijo que, “para favorecer las modificaciones del cuerpo, hay que controlar la temperatura: si sube o baja (lo que se mide con un termómetro) puedes reconocer enfermedades y luchar contra ellas. Por ejemplo, hay que cuidar que el cuerpo cuente con oxígeno para que las células funcionen bien y sus reacciones químicas sean las necesarias. También dijo el maestro que la temperatura del aire es clave para la salud e impedir enfermedades virales, lo que se puede procurar desde que uno prepara los alimentos. La vida y el clima dependen entre sí, lo que se ve claramente en diferentes ecosistemas y ambientes habitables en el mundo. Un cierto clima puede ser benéfico para una especie, pero destruye otras. Del cambio de climas dependen especies y sistemas de vida en el mundo. Por eso hay gran preocupación ecológica en nuestros días, tanto para el ser humano como para los demás seres vivos”.

Cuando Flavio terminó de hablar, me sentí orgullosa, aunque no dije nada: “mi hijo es un genio, y no me había dado cuenta”.

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