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Hay personas que por uno o dos metros para su puesto se juegan la vida

En una cafetería, entre el olor de los huevos revueltos, los frijoles refritos y el inconfundible aroma del café, se encuentra el señor Ramón Ramírez Pacheco, dirigente del Frente Independiente de Comerciantes Ambulantes.

Don Ramón, hombre robusto, de piel quemada por el sol, de manos que conocen el trabajo duro, se define a sí mismo como luchador social; a la edad de siete años quedó huérfano de padre, desde entonces comenzó a trabajar para contribuir al sustento familiar. No pudo asistir a la escuela y se graduó en la universidad de la vida, nos cuenta: “Recuerdo que teníamos que andar juntando cartón y vidrio porque éramos muchos, éramos 15 hermanos y luego sin padre… mi madre sufrió mucho. De mis hermanos recuerdo que tuvieron que acudir al pillaje para sobrevivir. Nuestra madre tenía que lavar ropa ajena y nosotros teníamos que ser mocitos de casas…” A causa del pillaje fue consignado al Tutelar de Menores, en Pachuca, Hidalgo, a la edad de once años; ahí permaneció por espacio de dos años. En su memoria este episodio quedó como una de las experiencias más amargas de su vida.

Oculta su mirada nostálgica tras unos anteojos de cristal ámbar e inicia el relato de su vida como dirigente ambulante: “Me convertí en un comerciante ambulante porque también es bochornoso tener un patrón. En el comercio ambulante se gana bien, en parte si y no; pues cuando no hay ventas no se hace… Entonces, de ser un obrero, de ser muchas cosas a comerciante… surgió esta… no se puede llamar oportunidad, porque no es ningún trabajo que se le desee a nadie, cuando te metes en esto ya no te puedes salir”.

Pasa una mesera con los platos del día, el café solamente tiene ocupadas siete mesas, incluyendo la nuestra. Afuera el ruido de los autos y el bullicio de la ciudad ocultan esta conversación y la guarda en el anonimato, mientras, el señor Ramón nos narra cómo es que quedó al frente de la organización: “A mí me escogieron para este cargo desde un día que se hizo una movilización, cerramos las calles por dos días… Todos empezaron a desbalagarse y yo me sostuve con tres de mis hermanos, entonces llegan las autoridades y nos dicen: “van a desalojar las calles porque queremos una solución”. En un plan, si quieres un poco pesado, no accedimos y donde un representante nos dice: “bueno, ¿Con quién vamos a hablar?” y les contestamos: “hablen con el responsable, nosotros estamos de apoyo, somos una organización”. La gente dijo: “a nosotros nos gustaría que nos representaras tú Ramón y fue como se fueron dando las cosas…”

De eso ya hace tres años. Actualmente, la organización cuenta con 780 miembros, compuesta por cinco bases: base comercio, base vivienda, base chavos banda, base taxistas y base minibuseros, como él las llama. Sobre los chavos banda, él nos dice: “Somos una organización grande y ésta asesora a un grupo de 310 chavos banda, estamos hablando de Lomas El Cerrito y otros barrios. Nosotros les hacemos que hablen… hacemos que también den su punto de vista…”.

La finalidad de apoyar a los chavos banda es que reciban apoyo del gobierno, para ello cierran calles, toman carreteras… de este tipo de acciones lograron obtener algunos predios que se destinarán a la construcción de talleres de herrería y carpintería, mismos que serán utilizados por los chavos banda de su organización. Como estos predios, a través de su gestioría ante las autoridades, Ramón Ramírez ha conseguido 48 becas para los hijos de los ambulantes, leche del DIF para los niños, ayuda económica para las mujeres que van a dar a luz, así como 193 terrenos obtenidos por medio de Comevi.

Respecto a estos últimos él no ha podido obtener un terreno porque ni él ni su esposa tienen acta de nacimiento.

Las noticias emitidas en el televisor que se encuentra atrás de nosotros son sólo el eco del mundo, que todos, en el café, ignoran. Cuando le preguntamos acerca de la relación con sus compañeros de trabajo dice: “uy, está muy canija, hay mucha política interna”. Para él ha sido duro mantener su posición en la organización, explica: “Si hay un grupo subversivo de diez o quince personas, entonces, el gobierno trata de dividir ofreciendo cosas que yo he estado gestionando. Cuando ellos se los ofrecen es cuando a una organización la hieren con eso… porque la debilitan, se van las personas claves, se van los que más escándalo hacen, los que más hablan… Entonces, te debilitan al 100 por ciento.” Nos cuenta que cuando hay comentarios o que la gente está molesta, se convoca a una asamblea y es ahí cuando todos hablan acerca de sus necesidades o de sus problemas; si alguien está en contra de los intereses de la organización, ésta puede expulsarlos, incluso lo pueden expulsar a él, pero eso no le preocupa porque él piensa: “Mientras uno actúe bien no hay motivos, tienes todo a tu favor, porque mira, esto tiene muchas ventajas, tan es así que el Gobierno come líderes… Te imaginas que uno lo hiciera como dirigente, la gente te ejecuta, te anda hasta matando… ellos quieren hechos, si no hay hechos ya no se hace nada”.

Por eso, para él es difícil esta situación ya que, como él expresó: “de estar al frente de esto, corre hasta peligro la vida de uno y de los familiares, porque nosotros somos un grupo de subversivos. Si a mí, llamase el Presidente Municipal o el Gobierno del Estado y me dicen a mí “hay que desalojar esas calles…” Bueno, les digo yo las desalojo, por mi parte sí, pero la gente se desborda… en el momento no es fácil decirles: “¿Saben qué? Vamos a quitarnos. Porque ellos van a decir: “ya te vendiste”, esa es una de las cosas que es bien difícil para nosotros; entonces va haber heridos, aquí hay personas que por uno o dos metros de espacio para su puesto se juegan la vida”. En una ocasión sucedió así, él recuerda como estuvo a punto de perder a su hermano en un desalojo que tuvieron al inicio del período del actual Presidente Municipal.

Entre las cosas que más le molestan está la pobreza; en su mirada se descubre la impotencia por no poder solucionar los problemas de la organización, por no poder ayudar a todas las personas que necesitan ayuda y, cuando esto sucede, realiza juntas donde expresa. sus inquietudes y, como él dice, empieza a “bombardear con pliegos petitorios”.

Cuando le preguntamos acerca de su compañera su rostro se ilumina y con una sonrisa en los labios nos dice: “¿Qué pienso de ella? Uy, no… pues que es bien linda, yo preferiría ya casi dejar esto y estar más con mi familia…”.

Nos cuenta con un poco de rubor y de timidez el momento en que la conoció: “mira, a mi esposa la conocí… híjole, ¿les digo?… No. mira lo que pasa es que fue algo bien curioso, ya te comentaba que tuve un contratiempo de lo de… yo con mi esposa tengo 12 años, y si les digo no me lo van a creer, a mi esposa me la robé de un convento, porque la conocí cuando yo estaba en el tutelar, entonces, en el tutelar nos mandaban a dejar cosas a ese convento, entonces ahí es cuando me la robé”.

Luego continúa: “empezamos a andar juntos y a los 16 años empezamos a vivir juntos. Duramos… qué serán, como unos seis años sin tener familia, fue. algo extraordinario. Ella no tiene padres, es huérfana, la dejaron unos tíos o no sé qué, y la aventaron ahí, se puede decir que la aventaron a un convento… Ella estaba en el noviciado o algo así. Entonces después de saberlo… para todo esto no hay barreras y así empezó la relación”.

Actualmente, tienen cinco hijos —cuatro niñas y un niño—. Él dice que no se han casado porque: “¡Estamos bien así!, porque nadie nos dice nada, no tenemos problemas y así estamos bien; estamos en unión libre, pero yo creo que cinco hijos hablan más que pa’ casarse, ¿no?”.

El recuerda que cuando nació su primer hijo lo que hizo fue emborracharse y nos narra: “Me puse bien borracho y me metieron al bote. Lo que pasa es que uno se pone muy alegre y cuando no está muy acostumbrado a los efectos de… pues sí, yo quise festejar, quise hartarme de que era papá y me metieron en el bote”.

Ahora ya no toma bebidas alcohólicas, porque le detectaron un soplo cardíaco, enfermedad de la que ni se acuerda, ya que prefiere vivir la vida sin preocupaciones y dice: “Ahorita yo no tengo tiempo de morirme porque tengo cinco hijos, ahora hay que tranquilizarse”.

Su vida transcurre de una manera más tranquila, a pesar de haber probado en su adolescencia la marihuana, pero como él dice: “No a todos los cuerpos les vienen, hay quienes son para eso”, en este momento se preocupa por el futuro de sus hijos, y de lograr para su organización, algún mercado o tianguis, y de esta manera, dejar el comercio ambulante.

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