Independencia de ayer y hoy: una mirada histórica a las celebraciones patrias

Tras 197 años de su consumación, “la Independencia es ser un país que no sea intervenido en su política interna”, afirma Juana Patricia Pérez Munguía después de hacer un recordatorio de las conmemoraciones del Grito; que fueron de precarias a ostentosas.
Aunque el comienzo de la lucha por la Independencia de México inició entre el 15 y el 16 de septiembre de 1810, fue hasta el 27 de septiembre de 1821 que, de manera formal, se consumó con la entrada del Ejército de las Tres Garantías a la Ciudad de México. No obstante, fue hasta el gobierno de Porfirio Díaz que dieron inicio las conmemoraciones oficiales de aquella simbólica fecha; celebraciones que fueron de menos a más.
Las primeras independencias
Dado que el país seguía atravesando una serie de crisis y tensiones políticas y económicas, tanto la clase alta, como la popular, no podían detenerse a recordar, y mucho menos a celebrar, el icónico “Grito de Dolores”. De acuerdo con la Doctora en Historia por el Colegio de México, Juana Patricia Pérez Munguía, el siglo XIX se identificó por la expulsión de los españoles, la dependencia económica de la Iglesia Católica a través de la secularización de los bienes (de la iglesia a la vida civil) y la falta de identidad de los ciudadanos, al tener en cuenta solo sus ingresos económicos.
Una vez que Porfirio Díaz llegó al poder, en 1876, se dio la denominada “paz porfiriana”, una época donde, según la Maestra Pérez Munguía, se pudieron dar “las condiciones para hacer festejos respecto a la Independencia”. Sin embargo, remarca la académica, la clase popular seguía “muy austera, con poco empleo, endeudamiento, miseria, hambre y escasez” por la mala organización del Estado. Además, la ciudadanía era víctima de la criminalización de la vagancia, una estrategia del gobierno para controlar la población que no tenía empleo.
Las pocas conmemoraciones del “Grito de Dolores” de la clase popular, apunta la Licenciada en Historia, eran caracterizadas por la convivencia pública. Las personas reunían sus esfuerzos para compartir comida y celebrar con música, pulque y bingarrote, un aguardiente destilado del binguí, de las cabezas de maguey que eran asadas y fermentadas; así mismo, utilizaban luminarias o antorchas por la noche para seguir la fiesta. Sin embargo, las personas acomodadas “montaban templetes para no mezclarse” con el resto del pueblo.
La Independencia católica
Durante las primeras décadas después de la consumación de la lucha armada, la Independencia significaba “el reconocimiento de un país”, afirma la historiadora. Para la ciudadanía mexicana de aquel entonces, el resultado del enfrentamiento con el virreinato suponía un país productivo y administrado por sí solo. Sin embargo, el Vaticano no reconoció al México independiente en un primer momento, por lo que se atravesó por una crisis religiosa por la falta de sacramentos en el territorio; y después de varias peticiones, la Santa Sede logró reconocer a los feligreses, pero no a la nueva nación.
La Independencia priista
Para la segunda mitad del siglo XX, las celebraciones de independencia ya se habían vuelto ostentosas y con un alto nivel patriótico. El partido oficialista en ese entonces, el Revolucionario Institucional (PRI), construyó décadas del grito tricolor en Querétaro.
En la mañana del 15 de septiembre, comenzaba la tradicional “Carrera de la libertad”. Un grupo de personas montadas a caballo se reunían en el centro de la ciudad de Querétaro, tomaban una antorcha, y emprendían el camino que realizó Ignacio Pérez el 13 de ese mes, pero de 1810. Puesto que el gobierno del virrey Francisco Javier Venegas había descubierto la conspiración en su contra, “el mensajero de la libertad” decidió dar aviso a Miguel Hidalgo y a Ignacio Allende, quienes se encontraban en el pueblo de Dolores, en el estado de Guanajuato.
Es entonces que, como signo de conmemoración, se representaba este recorrido hasta el estado colindante. A través de tres bloques de relevos del ganado equino, se concluía la “Carrera de la libertad”.
Ese mismo día por la tarde, el gobernador preparaba sus arengas para dar seguimiento a la celebración. Rumbo a las diez treinta de la noche, la Plaza de Armas se llenaba tanto de personas ciudadanas, como de visitantes a nivel federal. Antes, durante y después del repique de la campana del Palacio de Gobierno, el México queretano seguía siendo mexicano: gastronomía, matracas y banderas ondeando.
Una vez que el gobernador cumplía con el protocolo patriótico, seguía su propia celebración a puerta cerrada. Para tales horas, el Palacio Conín, ubicado en la calle Francisco I. Madero 72, ya estaba dispuesto para recibir al gabinete del gobierno estatal. No obstante, en la tradicional cena, la comida era lo de menos, las bebidas eran las protagonistas de la noche.
El entonces asistente del área de Oficialía Mayor, Gabino Gómez Rangel, cuenta que tenía la tarea de cuidar a los ejecutivos durante la tan esperada cena, puesto que, por ejemplo, Rafael Camacho Guzmán (1979 – 1985) “abraza a todo mundo”. Además de platicar con sus más cercanos colaboradores, “abrazaba a las esposas de sus secretarios, al igual que a su secretaria particular, Conchita Martínez”; y su frase siempre era: ‘yo hago mi política’”.
Para el 16 de septiembre, seguía la Independencia. Los bloques de las diferentes instancias se agrupaban para dar inicio al desfile cívico militar, mientras el gobernador intentaba mantenerse de pie después de “la noche mexicana”. “Le llevaba ‘la cajita’ con Tehuacán, sus puros y su cenicero para que pudiera tomar el micrófono y dar inicio al desfile”, recuerda Gómez Rangel al recordar a Rafael Camacho Guzmán. El ex asistente de Oficialía Mayor estima que, durante el sexenio de Antonio Calzada Urquiza, de 1973 a 1979, el gasto de fiestas patrias era de, aproximadamente, tres millones de pesos. Mientras que, con Camacho Guzmán, ascendió hasta los seis millones de aquel entonces.
Las fiestas patrias fueron así durante 30 años, con la única diferencia de que, con la administración de Camacho Guzmán, desde 1979, la “Carrera de la libertad” se comenzó a hacer a pie debido a la creciente urbanización del estado.
La Independencia de hoy
Para la Doctora en Historia, Juana Patricia Pérez Munguía, la Independencia del 2024 significa “ser un país soberano”. Una soberanía que recae en el pueblo y en donde se reconoce una República independiente constituida por los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Además, puntualiza la integrante del núcleo académico de la Maestría en Historia de la UAQ, que, si bien para México la Independencia también significa la no intervención de otros países, este ha firmado varios tratados internacionales. “No es que intervengan en la soberanía de México, sino que solo reclaman los acuerdos a los que llegaron. La Independencia es ser un país que no sea intervenido en su política interna”, remarca Pérez Munguía.



