Arcos de Querétaro: ¿Es posible volver a utilizar el acueducto de Querétaro? Especialistas dan su opinión

El funcionamiento del acueducto de Querétaro es un debate para arquitectos e ingenieros, algunos defienden que si se quisiera aún podría utilizarse pese a que las reservas del ojo de agua del Capulín fueron agotadas, mientras que, otros lo consideran sólo un monumento.
Eduardo Rabell Urbiola, cronista del municipio de Querétaro, explicó que el acueducto no puede permanecer seco, y si bien ya no hay agua en el manantial, hay humedad que le permite sobrevivir, y si en algún momento fuese necesario volver a utilizarlo, el agua llegaría a 10 fuentes públicas y 60 fuentes privadas.
Por su parte, Roberto Alvarado Cárdenas, ingeniero civil, y Jaime Font Fransi, especialista en restauración de sitios y monumentos, coincidieron que por la arquería ya no podría pasar agua. Alvarado Cárdenas puntualizó que al secarse los manantiales de La Cañada esto es imposible y en la actualidad prevalece como una “evidencia del ingenio y capacidades técnicas de nuestros antepasados”
En tanto, Font Fransi narró para este semanario que en la década de los noventa hubo estudios realizados en el Tecnológico de Monterrey, en los cuales él colaboró como investigador y elaboraron un documento dirigido a la Comisión Estatal de Aguas (CEA) y los bomberos sobre su mantenimiento. Además, detectaron que al interior del caño se formaban encharcamientos y que había lozas faltantes en la capa que lo cubría.
“En aquel documento se hablaba de que el acueducto ya no podía traer agua puesto que los hundimientos diferenciales provocaban encharcamientos, entonces, no era posible”.
En tanto, José Federico Hernández Huebner, maestro en restauración, indicó que con el mantenimiento que se le hizo al monumento durante la ampliación de Bernardo Quintana entre 2012-2013 sí se puede volver a utilizar:
“¿es posible que podamos poner en funcionamiento otra vez el acueducto? Sí se puede, actualmente no corre agua, pero el canal de conducción por la restauración que se hizo hace 10 años está preparado, se hicieron los aplanados gruñidos con materiales que se utilizaron al momento de su construcción, con las técnicas constructivas tradicionales”.
Restauración después de 16 años
Entre 2012-2013 se llevó a cabo la ampliación de Bernardo Quintana, para la cual participaron más de 100 especialistas entre arquitectos, estructuristas especializados en monumentos, ingenieros y personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Así como con la presencia de Agustín Salgado y Arturo Balandrano, arquitectos y entonces coordinadores de monumentos a nivel nacional; Juan Fernando López Carmona, quien niveló la catedral de México y Enrique Santoyo.
Tribuna de Querétaro recabó los testimonio de Jaime Font Fransi, entonces director de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas (SDUOP); Roberto Alvarado Cárdenas, autor y director del sistema de monitoreo de los arcos y José Federico Hernández Huebner, profesor en conservación del patrimonio en la licenciatura de arquitectura de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Una restauración es un proceso que busca “devolver el monumento a su estado original, por supuesto, asegurando el equilibrio estructural, que no tenga ningún problema de grietas ni oquedades, que no corra el riesgo de que se vaya a caer”, explicó Hernández Huebner. Para esto, se requiere una erogación de recursos y la participación de especialistas.
La restauración de 2012 fue necesario debido a que la última había sido en 1996, faltaban losas que recubrían el caño, se intervino toda la arquería y “hubo que incorporar pilotes para proteger los pilares, pilotes para los muros de contención, pilotes para las losas que están soportando para que pasen los autos por abajo […] se cortaron con hilo diamantado, un hilo que trae una especie de metal diamantado, cortábamos el concreto como si fueran rebanadas de jamón sin ninguna vibración”, describió Font Fransi.
De la misma manera, se corrigieron algunas pendientes desde el interior para que no se encharque el agua y se colocaron los faltantes de las piezas de cantera para que quedara todo sellado arriba y ya no tuviera tanta entrada de agua de lluvia.
Además, el ingeniero Alvarado Cárdenas explicó que desde 2010 se hizo un proyecto piloto para recabar datos de vibraciones y se implementó para la restauración de la arquería: los acelerómetros, “el sistema consistió en un conjunto de instrumentos colocados temporalmente sobre el monumento en la zona donde se efectuaron los trabajos […] estos instrumentos permitieron tener lecturas de vibración, deformación e inclinación durante el periodo de ejecución de la obra y se utilizaron como un recurso para planificar los frentes de ataque y que estos no afectaran la integridad del monumento”.
Incluso se publicó un libro por parte de la dirección de Sitios y Monumentos de la SDUOP, en el que se recaba todo lo que se hizo durante la intervención, así como los créditos e historia de los acueductos.
Cultura urbana y general
Rabell Urbiola narró para Tribuna de Querétaro —a modo de anécdota— que con la intervención de Bernardo Quintana muchos dijeron: “a ver si no se les cae un arco”. Y hubo una testigo presencial que le contó que durante una madrugada le llamaron para que llevase a sus trabajadores con todo el material que pudiese. “El director de la obra le dijo: ‘Cecilia mándame inmediatamente todos tus camiones con lo que tengan, tierra, cascajo, escombro, tepetate, lo que sea, pero ya’. Fue una llamada de alerta, se estaban tambaleando los arcos por la obra”.
Además, el cronista señaló que los tres arcos por los que atraviesa Bernardo Quintana están ligeramente más altos que los otros (entre un centímetro y medio centímetro). Sin embargo, Font Fransi y Hernández Huebner desmintieron la leyenda urbana, la inestabilidad no se debió a una falla de la obra sino a la vibración del transporte.
Los acelerómetros tenían sensores que medían las vibraciones en diferentes puntos del acueducto y se tenía una cabina en donde se juntaban los datos en una computadora: “semáforo verde, las vibraciones están controladas; semáforo amarillo, hay exceso de vibraciones; semáforo rojo, paren los trabajos”, detalló el profesor de la UAQ.
De esta manera, hubo varias ocasiones en donde vehículos de carga o la propia maquinaria de excavación disparaban los medidores: “en una ocasión, por la noche, se suscitó una alerta de semáforo rojo, entonces ¡paren todo!, resulta que ocurrió un choque cercano al acueducto por un microbús y una camioneta, entonces eso provocó la vibración”, continuó Hernández Huebner.
Además, ambos arquitectos sostuvieron que los arcos están desplantados al mismo nivel y en impecable estado. Pero sí hay un arco deforme por culpa de la vibración generada por el ferrocarril a principios del siglo XX, ya que conforme se fue modernizando la ciudad fue necesario que pasaran ferrocarriles más pesados y por ende, con mayor vibración: “justo en el arco 26, que es de Centro Sur hacia el norte, ese arco sí tiene un problema. Los arcos tienen que estar completamente horizontales y verticales, ese arco está un poco torcido, tiene un desfase de unos 5 centímetros, y nosotros lo atribuímos a que por ahí pasó el ferrocarril y generó la deformación”, aseveró el maestro en restauración.
Los arcos de la historia
El acueducto es de un sistema virreinal de 4.5 kilómetros de largo y la arquería o el puente agua —que es la que nosotros vemos— corresponde a 1.3 kilómetros que descarga en la caja de agua de la virgen del pilar, a un lado del templo y convento de la Santa Cruz. Se creó con el fin de abastecer de agua a la ciudad, que en ese momento recibió el nombramiento de “tercera ciudad del Reino”.
Desde el siglo XV, Querétaro tenía problemas de agua. En 1654 se hizo la zanja madre para darle agua a todos los habitantes, era un riego artificial pequeño y controlado que tomaba agua del río y les daba agua a sitios importantes como conventos jesuitas y franciscanos, pero dejó de funcionar a finales del siglo XVIII por que gente que “mal empleó” la zanja. Según Eduardo Rabell, los frailes dieguinos narraron que a unos pasos de su huerta había una casa de matanza que contaminó la zanja con los miasmas de los animales sacrificados: “la autoridad sí clausuró esa casa de matanza, pero el daño ya estaba hecho, era agua imbebible hasta para las plantas”.
Para 1725, Juan Antonio de Urrutia y Arana llegó a Querétaro con su esposa María Paula Guerrero y Dávila, porque eran padrinos de una tía y una sobrina que habían ingresado al convento de Capuchinas. El marqués desde que llegó se decepcionó de la ciudad y al volver a la capital le dio las novedades al virrey, quien al igual que su sobrina, le encomendó la tarea de hacer el acueducto. En sus opciones para sacar agua estuvo el Batán, pero subir el agua resultaba muy costoso, hasta que conoce el Capulín. La obra se terminó 9 años después, en 1735, y durante 15 días hubo fiestas para agradecerle. “Un caudal de agua de unos 2 mil 300 metros cúbicos al día, eso más o menos sirve como para abastecer a unas 27 mil personas, estamos hablando de que son alrededor de 26 litros por segundo”, detalló Hernández Huebner.
Aún con el movimiento de independencia caía agua en las 70 fuentes. Para el segundo imperio sí se intentó hacer presión al cerrar el caño para que Maximiliano de Habsburgo se rindiera, pero fue hasta el Porfiriato cuando las últimas gotas de constancia cayeron.
Francisco González de Cosío, entonces gobernador, observó que la obra estaba deteriorada y era insuficiente para abastecer a la nueva población, por lo que en 1909 se hizo el tanque de agua a cargo de las empresas alemanas Schondube y Neugebau, las cuales construyeron un depósito de 2 mil metros cúbicos de capacidad para la distribución del agua y serviría para una repartición domiciliaria, ya que, al estar en un punto alto, el agua subiría por su propia presión a las azoteas. Además, se firmó un acuerdo con Schondube para implementar las tuberías en los hogares, sin embargo, con el estallido de la Revolución mexicana el proyecto no se concretó
Para la segunda mitad de la década de 1920, se retomó el acuerdo para la repartición domiciliaria, pero la tubería fue de plomo, lo que provocó saturnismo y se volvieron a utilizar las fuentes.
Originalmente son 74 arcos visibles, en 1945 se abrió el último arco para darle paso a la vialidad en avenida Zaragoza, pero hay otro dentro del convento y uno más atrás de la Cañada.
Para 1966 se construyó el paso inferior de los arcos, debajo del arco 26 y 28:
“pasan miles de vehículos, camiones, coches, camionetas de todos los tipos, con música, frenan, aceleran, tráfico y esto causa muchos deterioros al acueducto. Le generan mucha vibración y lo que hacen estas estructuras es que las piedras pues son rígidas, el mortero con el que está pegado es flexible, entonces, ayuda a amortiguar, pero al existir esta vibración se va desgastando el elemento de amortiguamiento y hace que entre piedra y piedra choquen y se generen grietas”.
remarcó Federico Hernández
Entre los arquitectos y el cronista aproximan que los arcos dejaron de abastecer de agua a Querétaro formalmente alrededor de los años sesenta, sin embargo, Fidel Soto González, historiador queretano, indicó que en la década de los cuarenta dejó de pasar el agua. Pero nunca hubo un decreto o declaratoria de que los arcos dejarían de abastecer a la ciudad de agua “porque realmente no se ha considerado que esté fuera de servicio, yo diría que está en receso”, declaró Eduardo Rabell.
Siglo XXI
El INAH está encargado de restaurar y dictaminar el patrimonio de los monumentos y dictamina los procedimientos y cuidados a seguir para preservarlos. Además, el acueducto está protegido por la ley federal sobre Monumentos y Zonas arqueológicos, artísticos e históricos en su artículo 36.
“También está protegido porque forma parte del patrimonio cultural del estado, y en tercer lugar, se encuentra asentado sobre el camellón de una vialidad municipal, entonces, también lo debe cuidar el municipio. Como tenemos a los tres órdenes de gobierno, para que existan acciones que impacten para su conservación se tienen que poner de acuerdo los tres, y esto en ocasiones es difícil”.
Sin embargo, la restauración no es el único criterio que aplica para su conservación, ya que se pueden realizar tareas de mantenimiento para mantenerlo en buen estado, el cual está a cargo del municipio de Querétaro, y se encarga de la parte baja, ya que es la más accesible.
El mantenimiento consiste en mantener el monumento limpio, sin crecimiento de plantas, ya que sus raíces se pueden introducir entre las cavidades de las piedras y aflojarlas. También se retira el excremento de las aves, ya que es ácido y genera corrosión.
Además, “hay seccionamientos de cantera para que la gente no pise mucho ahí y para que el agua —cuando riegan el camellón— no le llegue tanto al pilar”, destacó Font Fransi.
No obstante, los grafitis son irreparables, ya que los pigmentos quedan encapsulados:
“Cuando se han hecho estas pintas con aerosoles, penetran entre la porosidad de la piedra y es imposible extraerlas, ahí se van a quedar ya encapsuladas, podemos quitar en apariencia las que son visibles para la gente, y estas se retiran con algunos jabones y detergentes especiales que por sus características químicas no dañan a los materiales constitutivos, como a las piedras o como a los morteros”.
Cuando la pintura ha penetrado demasiado se emplean algunos solventes que eliminen las partículas de pigmentos, pero esto daña la naturaleza del área, ya que van a actuar diferente ante el sol, el calor y las lluvias “y cómo van a actuar diferente esto va a causar deterioros a futuro, entonces, el daño es irreparable”, finalizó Hernández Huebner.



