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10° Aniversario de la Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia. Aporte para (re)pensar los modelos familiares y las relaciones de género

En 2012, cuando recién había concluido mi doctorado, me integré a la Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia, mi experiencia en investigaciones sobre los procesos de urbanización y el impacto que esto tuvo en los modos de vida y las transformaciones familiares se ajustaba bien a los requerimientos del programa.

Han sido 10 años en los que hemos participado 20 docentes (algunas de ellas se han jubilado, otras han encontraron diferentes caminos) y 112 estudiantes. A todas y cada una de las personas que hemos estado involucradas en la Especialidad nos convoca la igualdad de género para el cambio social. Estamos convencidas de que la familia es fundamental para lograr dicho cambio, es ahí donde se gestan los procesos de socialización, donde se interiorizan ideas, prácticas, valores, con las que los niños y las niñas crecen. Los mandatos y estereotipos de género se aprenden en la familia (desde temprana edad) y luego se reproducen en otros espacios: la escuela, la comunidad, la sociedad. De ahí la necesidad (y prioridad) de trabajar desde la prevención primaria.

Las familias han transitado por cambios importantes desde mediados del siglo pasado. González (2017) los resume de la siguiente manera:

  • transición de la familia extensa a la nuclear, como resultado de la urbanización, el desarrollo económico y el aumento del nivel educativo de la población;
  • menos matrimonios arreglados por los padres o familiares y mayor posibilidad de elección individual de la pareja (individualismo afectivo, en palabras de Giddens). A la par, hay menos restricciones en esta elección en términos de pertenencia a cierta religión, clase social o grupo étnico;
  • reducción en el número de hijos y, por ende, en el tamaño promedio de las familias;
  • incremento del número de divorcios;
  • se han legitimado otro tipo de familias como las ensambladas, las monoparentales y las homoparentales (estas últimas en menor medida);
  • mayor equilibrio en la toma de decisiones y la distribución del poder por género, entre el padre y la madre (sobre todo en aquellos sectores más urbanizados y con mayores niveles de escolaridad); sin embargo, persisten segmentos poblacionales en los cuales difícilmente se ha construido la equidad (menos escolarizados y de escasos recursos económicos);
  • se están dando importantes transformaciones en los roles entre el hombre y la mujer: ha crecido la participación dual de la mujer por su mayor nivel educativo y su creciente incorporación al mercado laboral. No obstante, se ha mantenido el papel de la madre como piedra angular de la familia, dado que continúa teniendo más cercanía con los hijos y sigue siendo la principal cuidadora (p.17).

La transformación y ajuste de los nuevos modelos familiares trajo consigo diversas problemáticas a nivel social e individual:  el incremento de la violencia intrafamiliar ha sido una de las más graves. Una violencia que se profundizó durante la pandemia. ONU-Mujeres señaló que, a nivel global, hubo un aumento significativo de la violencia doméstica “las mujeres están atrapadas con sus abusadores y están aisladas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas […] Antes de la pandemia, la violencia doméstica ya era una situación que experimentaba 1 de cada 3 mujeres en todo el mundo”.

Durante la pandemia por COVID-19, las mujeres sufrieron un impacto desproporcionado por la inestabilidad económica, la presión extrema en los sistemas de salud y la interrupción profunda en la vida diaria. Han sido 2 años en donde las dinámicas familiares se trastocaron, algunos de sus miembros tuvieron que involucrarse en actividades que tal vez antes no hacían o desconocían. En algunos hogares, la muerte de algún familiar, madre, padre (cabeza de familia) implicó que los hijos o hijas abandonaran sus estudios para apoyar a su familia.

Con el confinamiento se exacerbó la violencia de género y la crisis de cuidados, ambos temas deben ser tratados al mismo nivel de importancia que tiene la recuperación económica del país después de la pandemia. Deben ser políticas de Estado.


Fuente:

González Pérez, Marco Antonio (2017). La familia mexicana: su trayectoria hasta la posmodernidad. Crisis y cambio social. Psicología Iberoamericana, 25(1), 21-29.

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