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A 30 años del levantamiento zapatista… ¿Zapata vive, la lucha sigue?

Mirar y admirar las consignas y murales en cada fachada es parte del estar en territorio zapatista; algunos recién pintados, otros ya viejos, pero que destacan por sus retoques de pintura fresca y algunos más ya casi inexistentes, como si el olvido se hubiera apoderado de ellos. Entre estos últimos, está la pintura de un Emiliano Zapata que, con un ojo desdibujado y la frase “la tierra es de quien la trabaja” escrita en el sombrero, forma parte del paisaje del Caracol 10 “Patria Nueva” en Ocosingo, Chiapas.

Ahí vive María, quien junto con sus tres hijas vende el vaso con café o de arroz con leche en cinco pesos y la orden de tres empanadas de pollo por $10. Entre risas nos comenta que “ya hace falta otro encuentro de mujeres que luchan” como los de los años anteriores y, entre que degustamos los alimentos calientitos, platicamos de varias cosas: que si el aniversario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que si la desaparición de las Juntas del Buen Gobierno, que si la música que se escucha de fondo es en vivo o una grabadora que ameniza la fiesta de los 10 años de lucha y resistencia del Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (MODEVITE). Después de un fin de semana de desayunar, comer y cenar en su puesto, me despido de María, quien me abraza como si fuéramos amigas de toda la vida y me indica cómo llegar en transporte colectivo a Bachajón.

Días después, leo el recién salido comunicado del EZLN, que habla sobre la catástrofe capitalista y las contradicciones de resistencia y rebeldía, viene a mi memoria la imagen del Zapata con el que inicié este texto, así como la anécdota de maría y su puesto de comida… lo entiendo todo, la metáfora que estaba en mi cabeza logra ser concretada y se plasma ahora: ante un Zapata desdibujado se encuentra María, quien habla de la importancia de la lucha de las mujeres mientras sus hijas la escuchan, se encuentran los alimentos recién preparados sin IVA, cultivados y criados en el propio hogar, se encuentran las luchas como las del MODEVITE y se encuentran los abrazos fraternos de quienes apenas conoces, pero te hacen sentir acompañada. Es entonces que no importa la pintura, ni la frase, ni el ojo desdibujado de Zapata, porque su mirada y su palabra está presente en aquellos breves dos días.

Unas semanas después, en su aniversario, los y las zapatistas anuncian “la no propiedad” de la tierra, se habla de que las tierras recuperadas serán del pueblo, “del común”, no hay duda ahora sobre la metáfora de aquel mural: a 30 años del levantamiento zapatista, Zapata vive y la lucha sigue. El EZLN nos demuestra que la dignidad y la memoria trasciende las fachadas de los caracoles zapatistas (y pues claro, si al final solo son fachadas), que, ante un casi borrado Emiliano Zapata, existen y resisten miles de ellos en las montañas chiapanecas. El camino que queda por recorrer es largo, lo tienen claro, sin fórmulas ni recetas, mencionan que les tomará apenas más de un siglo lograr su objetivo: heredar vida a quienes todavía no conocen, porque no han nacido, pero ya se lucha por su libertad.

Ante un panorama de violencia armada, de saqueo y destrucción de la naturaleza, de la destrucción de territorios, de migraciones y desapariciones forzadas, de explotación y desprecio, de gobiernos a la orden del capital y de un capitalismo que no deja de transformarse, debemos saber que aún estamos a tiempo de escuchar, leer, ver, compartir y aprender con y de los y las zapatistas, quienes forman una lucecita en esta noche oscura desde 1994.

A riesgo de parecerme a aquellos, aquellas y aquelloas periodistas y antropológoas, tan mencionados en los comunicados del EZLN, observo la foto que tomé con mi celular del mural de Zapata en Patria Nueva y viene a mi mente la interrogante de siempre, la que nos volvieron a hacer el 28 de noviembre de 2023: ¿y tú qué?

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