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A los jóvenes hay que saber interesarlos para que se enamoren del campo

Hace como seis años que no meto el tractor, solo trabajo con yunta de caballos, porque el tractor también es dañino para la milpa por el calor y el aceite que tira, además de que aprieta la tierra. Solo siembro maíz criollo o natural y semillas de aquí o semillas que intercambio en la Feria del Maíz, que pueden ser de Tlaxcala o de algún otro estado siempre y cuando la altura y el clima sean similares a los de aquí.

Para el abono no uso agroquímicos, solo composta de pollo. Desde que siembro le doy una vuelta a la milpa por lo menos una vez a la semana. Siembro maíz, casi siempre cinco semillas diferentes y complementarias: calabaza, frijol del grande y chico, a veces siembro trigo, también frutales y nopales. Como a los dos meses de sembrar sale mucha yerba y la arranco a mano y con hoz sin usar pesticida y la dejo dentro de la milpa porque le sirve también como abono orgánico. Yo no tengo yunta, es de un amigo y cuando es mucha yerba la corta y le sirve para darle de comer a sus animales. Al final de la temporada selecciono las mejores semillas para el siguiente año o para hacer trueque con otros que tengan semilla.

Tengo como diez años cultivando esta tierra que me dejó mi padre. Anteriormente no me interesaba tanto la milpa porque me daba cuenta de que no sacas lo que le inviertes, pero ahora lo hago por gusto, por tradición, por lo que me enseñaron mis padres y porque me encanta andar ahí en lo de la milpa, me gusta sembrar, cosechar y compartir cuando ya es temporada de calabazas o de elotes lo que me da muchas satisfacciones que valen más que si lo vendiera, por eso estoy sembrando, quiero dejar un precedente que quiero trabajar sin usar agroquímicos, y que mis vecinos lo vean porque ya algunos lo empezaron a replicar y porque también me gusta ese legado que le estoy dejando a mis hijos.

A mis hijos ahora les gusta, anteriormente no por lo cansado y los empecé a llevar y les empecé a hablar de la milpa y entonces les empezó a gustar y ahora nace de ellos de ir a sembrar, a cosechar e ir a comer a la milpa. Esos momentos a mi gustan y no tienen precio y por eso sigo trabajando la milpa.

No creo que haya contradicción entre que mis hijos sigan estudiando y algún día lleguen a ser profesionistas y que les guste y trabajen la tierra. Mi papá me educó de una manera diferente porque era trabajar desde muy chico unas jornadas muy largas, pero a mi me nace regresar a la milpa ahora que soy adulto y ya casado, recordando que eran jornadas muy duras, pero también era un lugar donde me pasaba momentos muy agradables, por esos momentos regresé. Por ejemplo, cuando vas a caminar a la milpa, cuando vas a cosechar elotes que compartes con la familia y con amigos o que cosechas calabacitas y vas con alguien a vendérselas y te las cambian por nopales, tortillas o huevo, rescatar el trueque que ya se ha perdido aquí en san Ildefonso, pero esos momentos son muy agradables y no se olvidan. Entonces pienso en relación a mis hijos, les inculco lo del amor a la milpa. Una cosa que me enseñó mi padre y mi suegro es que a la milpa tienes que ir a platicarle, a caminar alrededor de ella, a ver cómo va tu maíz, porque hay una interacción entre la milpa y tú. De chico me reía de eso, no lo creía, pero ahora que lo vivo confirmo que es así. Estás estresado y te vas a la milpa, cuando regresas ya se te quitó el estrés, eso es por la sinergia que hay entre la milpa y tú y eso se lo enseño a mis hijos, pero lo que más me gusta es cuando regreso de trabajar un sábado y me dicen mis hijos que hagamos de comer en la milpa, pero ya nace de ellos. Veo que ya les empezó a nacer el amor por la milpa, por el lugar por los momentos que pasamos ahí como familia.

Eso ya se ha perdido. Ahora si tu les dices a los jóvenes: ponte a sembrar, el chavo inmediatamente ve el lado del negocio, pero si le metes que la milpa es para recrear la comunidad, para convivir con los vecinos, para hacer trueque, intercambio, eso es diferente. No decirle ponte a sembrar para que saques dinero.

La urea, que se usa como fertilizante, como una de tantas cochinadas que se le ponen a la milpa, el costal que estaba en 400 pesos este año subió a 1,200 el costal y necesitas mínimo 10 por hectárea, son 12 mil pesos por hectárea. Yo tengo una hectárea y le echo 200 costales, pero de composta de gallina que saco de la granja cooperativa donde trabajo. Además de que la composta que utilizo dura 5 años.

Entonces cuando te comes un elote, o una tortilla, una calabaza o frijol de esa milpa, sabes que te estás comiendo algo completamente limpio a diferencia de lo que compras en el mercado o en otros lugares donde no sabes con qué agua fue regado, si con agua del Río Lerma tan contaminado y cuánto lleva de agroquímico.

Tú siembras y sabes qué es lo que te estás comiendo y eso es lo que vale y eso es lo que les inculco a mis hijos. Mi hija es psicóloga y le gusta mucho su profesión también, pero ya está arraigada, me dice: no vayas a vender esta milpa queremos que la sigas conservando, entonces pienso que ya les empezó a gustar.

Es difícil, sobre todo ahorita con los jóvenes con el tema de la migración que se van a Estados Unidos a los 14 años que es cuando pueden empezar a trabajar la tierra, sus milpas. Tiene que haber mucha comunicación con los papás y con la gente mayor para que les pasemos el legado, porque también no sólo es de llegar y sembrar, tienes que ver la luna si es naciente o menguante, la humedad, las heladas, llevas un riesgo, pero ya con la experiencia de los años y los consejos y opiniones de los mayores.

Las industrias del maíz siembran los días que quieren y todo el agroquímico que le ponen es para hacer los efectos de la luna, el oxígeno y el potasio que necesita el maíz y todo se lo ponen de manera artificial.

Mi papá me inculcó el amor a la milpa desde que nací, hasta los 14 años que estuve aquí, luego estuve 10 en Estados Unidos y ya no me interesó otra vez hasta los 25, entonces estuve 10 años alejado y sin querer saber de la milpa.

Ahora veo a mi esposa y a mis hijos cómo disfrutan cuando estamos en la milpa con otras familias y mis hijos les dicen con orgullo que estos elotes son orgánicos y les preguntan por qué, ellos contestan muy orgullosos: porque mi papá no les echa agroquímicos.

Eso a mi me da el pago de todo lo que invierto. Si me pongo a hacer cuentas pues no sale. Este año saqué 3 kilos de frijol y me gasté en su siembra 400 pesos, quiere decir que saqué 3 kilos a 150 el kilo, pero si compro un kilo a 40 pesos no me va a saber igual.

El año pasado sufrimos una plaga de chapulines, nos dio en la torre con la cosecha, si les hubiera echado insecticida los hubiera matado, pero también habría acabado con las abejas y otros insectos que también son benéficos, entonces para no hacerlo dejé que engordaran y al final, en una convivencia, nos los comimos con varios vecinos, sabes que son orgánicos.

La siembra es el mes entrante y ya mis hijos me están preguntando que cuándo vamos a ir a la milpa, hay que ir a regar los nopales y frutales, entonces nos vamos y ahí comemos, se llevan la hamaca. Esos son los momentos que yo cosecho, lo que para mí vale mucho, no tiene precio.

*Cooperativista y agricultor de san Ildefonso Tultepec.

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