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Familias purhépechas tejiendo otras raíces, entretejiendo otro siruki

El pasado 4 de junio tuvo lugar en el pueblo serrano de Paracho, Michoacán el primer desfile del orgullo purhépecha, entendiendo por orgullo la visibilización de la diversidad sexogénerica en esta región indígena. Entre las múltiples expresiones que se hicieron ver había un conjunto de cartelones cuya leyenda era “no pertenezco a la comunidad LGBTTTI+ pero mi hermana sí y la amo”, a estas pancartas se sumaron las madres y padres que tuvieron a bien acompañar a sus familiares. Aunque el evento tuvo lugar en el pueblo guitarrero de Paracho el acontecimiento significó mucho más toda vez que reunió a purhépechas de la región y más allá que se identifican y forman parte de la comunidad LGBTTTIQ+. Si bien las identidades diversas no son nuevas ni modas en estos pueblos, el desfile del orgullo pone en evidencia las agitaciones que tienen lugar en la región purhépecha en el campo del cuerpo, la sexualidad, la identidad, la cultura.

El punto que en este texto breve quiero resaltar es que el evento pone en manifiesto que en las sociedades purhépecha las familias están tejiendo raíces más allá del modelo binario heteronormativo y las cartulinas de apoyo así lo hacen ver. Lo anterior deja entrever una presente y futura tensión cultural en la que el centro de atención es la flexibilidad que las instituciones purhépechas pudieran tener para con la comunidad diversa, sobre todo en un momento sustancial para las luchas de estas comunidades en los que la noción de tradición sostiene la identidad aunque ésta reduce la vida de hombres y mujeres de estas localidades a la heteronorma sexual y de género mientras que por otro lado hay toda una serie de movilizaciones al interior de la cultura misma para reflexionar sobre la necesidad de superar los cánones que rigen la vida pública y privada entre los purhépechas, movimientos de mujeres, de colectivos feministas, de colectivos LGBT, entre otros. En respuesta a este ejemplo de expresión identitaria aparecieron en redes sociales algunos comentarios de purhépechas oriundos mencionando que “eso no era parte de la cultura y la tradición de los pueblos”, “eso solo denigra a nuestros pueblos”.

Para Fernández Christlieb desde la psicología colectiva, la cultura es la forma en la que las sociedades piensan y sienten, quien a su vez recupera a Herder quien define la cultura como el corazón de las sociedades y pueblos. Bajo esta mirada, las instituciones que dirigen y ordenan una sociedad bien podrían ser el reflejo de sus conceptos vitales. Para el caso de la cultura purhépecha puede decirse que el proceso de colonización devenido entre la cultura europea y el encuentro con la civilización tarasca dio como resultado una sociedad caracterizada por la influencia del pensamiento católico en el que la familia figura como institución central representada por un matrimonio heterosexual que organiza la vida cotidiana, festiva, política y religiosa; en este sentido es necesario tomar en cuenta que para las generaciones guiadas por la apelada tradición purhépecha la vida queda sujeta a la historia binaria en la que las imposiciones sobre los masculino y lo femenino son contundentes en las que las Reglas y ordenanzas católicas han influido en ello desde el siglo XVI.

La familia purhépecha es solo una de las distintas instituciones que instituyen el lugar del individuo en la sociedad. El desfile y el apoyo familiar hacia la sociedad diversa son quizá un primer paso para repensar las instancias, patronatos, grupos y con ello las dinámicas locales y regionales en cada pueblo y cada región de la nación purhépecha. Desde mi perspectiva, si la familia en el pensamiento purhépecha se entiende como una red-raíz, hoy vemos que se están entretejiendo otros sirukis, otras tradiciones.

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