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Maternidades

El feminismo de la década de 1960 y 1970 cuestionó de forma radical a la maternidad patriarcal, esencialista, inmutable, hegemónica, heterosexual y obligatoria de aquellos años.

En esa visión de la maternidad, existía un deber ser de la mujer muy rígido, con roles de género muy definidos, donde operaba una fuerte división sexual del trabajo al interior de los hogares y donde los cuerpos femeninos siempre gestantes debían parir y cuidar como única vía posible de realización en la sociedad.

Pasarían muchas décadas antes de que, en las calles de las diferentes ciudades de nuestro país, retumbaran consignas tan célebres hoy como: ¡la maternidad será libre, elegida, informada y voluntaria o no será!

Esas consignas aluden también al cuestionamiento profundo de aquella trasnochada maternidad de postguerra. Politizar a las maternidades en plural, ha sido una conquista enorme para las mujeres, y porque no, también para los hombres. Politizar las diversas maternidades ha permitido imaginar otros horizontes posibles, ha posibilitado espacios de encuentro y escucha mutua, de reclamo ante las injusticias (por ejemplo, las tetadas masivas para exigir espacios seguros libres de violencia contra las mujeres para poder lactar en la vía pública), entre otros ejemplos.

Hoy hablamos de maternidades heterogéneas y plurales. No existe una forma única de ejercer la maternidad (como por ejemplo las no maternidades, que son mujeres que deciden no ser madres biológicas y todavía hoy se les tacha de egoístas y frívolas, o las maternidades lesbo y homoparentales que son también discriminadas). Cuando rompemos esa idea esencialista de la maternidad, nos encontramos con muchos temas que se deben colocar en el debate público. Desde las maternidades y la migración, las maternidades y la discapacidad, las maternidades y la violencia de género, las maternidades y los infantes en cuidados institucionalizados (casas de acogida, casas hogar, etc.), etc.

El garantizar maternidades gozosas, responsables, libres y no impuestas implica también responsabilidad del Estado y las empresas. Y para eso es necesario garantizar licencias de maternidad y paternidad equitativas para lograr la conciliación trabajo-familia, así como jornadas de trabajo compatibles con la crianza. Implica garantizar infraestructura como escuelas bien equipadas y reguladas, ludotecas, museos, parques y espacios recreativos, tiempo de calidad en familia, acompañamiento de todo tipo (psicológico, educativo, etc.), educación sexual con enfoque de derechos humanos, erradicar la violencia obstétrica, políticas contra padres omisos y deudores de pensiones, políticas para erradicar la violencia infantil en el ámbito familiar y comunitario (pues se observa un incremento en la violencia sexual contra infantes), así como justicia para las madres con hijos e hijas desaparecidas, entre otros. Esos temas, son cruciales para la ciudadanía de a pie que construyen este país cada día, poniendo el cuerpo y los afectos al frente para cuidar, contener, educar, y absorber toda clase de crisis como por ejemplo la actual pandemia de COVID-19, que puso en evidencia la profunda crisis de los cuidados en el mundo entero.

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