Familias comunitarias tsotsiles en la ciudad de Querétaro

Cuando pensamos en familia, la mayoría de nosotros/as pensamos en ese grupo de personas con quienes compartimos el afecto, los desencantos y en la mayoría de las ocasiones la economía y la vivienda. Si bien es cierto que el concepto de familia ha sufrido modificaciones en el devenir del tiempo, que van desde una unidad definida, que comparte la economía y la vivienda, proximidad, consanguineidad y con fines reproductivos o no, hoy en día pensamos en familias en plural, para decir que no hay delimitaciones en el número, el género o la consanguineidad, que nos permite hablar de aquellos individuos que deciden compartir el afecto, la responsabilidad, los cuidados, la economía que pueden o no vivir bajo el mismo techo, pero que definitivamente estarán ahí en los momentos difíciles para apoyar de una forma más o menos incondicional.
La migración es uno de los fenómenos socioeconómicos y culturales que modifica la estructura, es decir quienes integran la familia, el número de los integrantes y los acuerdos que al interior de estas se establezcan. Pues implica el cambio de residencia permanente o temporal de una demarcación geográfica a otra que puede o no implicar el cruce de fronteras, pero que siempre esta motivada por la búsqueda de oportunidades, es decir, porque quienes migran quieren una vida mejor para ellas/ellos mismos y para los suyos: la familia. En Querétaro desde hace poco más de 5 años ubicamos a los/las tsotsiles en las calles, pues iluminan los cruceros y semáforos con sus huipiles morados, ofreciendo diferentes servicios que van desde la limpieza de parabrisas, dulces, recientemente cubrebocas, sombreros hasta el entretenimiento y, en algunos casos, apelan a la voluntad de los transeúntes en busca de una moneda. Su vida económica se desenvuelve en las calles, pero no son personas de la calle, pues cuentan con una vivienda que rentan y que generalmente también es un espacio compartido con la familia, amigos, conocidos, o con otros migrantes. Además de que trabajan en familia.
Una de las características de los/las migrantes tsotsiles, es que los une el origen, la lengua, pero también la solidaridad que deviene desafortunadamente de la vulnerabilidad que enfrentan. El trabajo que desempeñan no es sencillo, pues se encuentra estigmatizado, quienes habitamos la ciudad los vemos no solo como “los/las otros/as”, los/las de afuera, sino además creemos que su condición de pobreza —que deducimos de su vestimenta y la labor que realizan— es su responsabilidad, pues seguro “no le echan ganas”, o “no buscan trabajo”. Estas características han llevado particularmente a las mujeres a generar lazos de solidaridad y afecto, que posibilitan el cuidado de los/las menores como una actividad compartida y comunitaria, nadie se cuestiona de quien es hijo/a, o quien y porque debería de cuidar de él/ella, sino que en la calle cargara al pequeño/a quien no tenga uno/una propio que cargar, cuidará que estén seguros sin importar en donde o que este haciendo su madre, así la familia se vuelve ese espacio compartido que posibilita no solo la sobrevivencia sino que les permite resistir ante la hostilidad de un ambiente ajeno al lugar en donde ellas crecieron. Las familias tsotsiles son familias comunitarias, pues comparten el afecto y los cuidados comunitariamente, para poder maternar no como una obligación, sino como parte del intercambio de la vida, sin olvidar por ello su vulnerabilidad.


