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Náusea digital: el dolor como notificación

Suenan quejidos, gemidos y llantos en la pantalla mientras tapo mi boca con la mano y las lágrimas no cesan de caer, ya que el terror se me presenta con un video del transfeminicidio en Colombia. Se llamaba Sara Millerey, sufrió tortura cuando unos sujetos le rompieron los brazos y las piernas. En el video se mostraba la deshumanización que a muchos indignó. Ella fue lanzada a un río y en plena vulnerabilidad, agonizó para después morir en un hospital de Antioquia. Al parecer, la tecnología me mantiene informado, y en ocasiones inundado, sobre aquello que no suele mostrarse en la realidad. Facebook se ha convertido en el vertedero del amarillismo, notas rojas y aquella crudeza realidad que muestra de manera forzada, una violencia sin filtro. No ha pasado mucho tiempo mientras scrolleo cuando se me presenta la pesada noticia.

Todo esto aparece sin freno, mientras solo llevo dos semanas en Facebook y a mi parecer, el algoritmo aún no registra mis gustos, curiosidades e intereses. ¿Por qué se me presenta todo esto sin descaro ni filtro? Siddhartha Gautama seguramente vivió esto, solo que sin redes sociales, quizá él desde un aspecto más atroz, en una época donde los derechos humanos no existían, es ahí donde le tocó ver a los leprosos desprovistos de ayuda, o aquellos seres que morían de hambre ante la deshumanización de la época. Hoy en día la inmediatez invade a los usuarios de redes sociales que, sin notarlo, scrolean buscando una descarga de acción o recompensa, aunque esto incluya conocimiento con valor, o morbo en internet.

De igual manera, se muestra un video crudo, insensible que la campaña de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), muestra mientras estoy en Facebook sobre el maltrato animal. Pienso que no solo me puede ser ajeno el hecho de ver tanta tortura que un zorro vive con dolor y sufrimiento en sus ojos, todo mientras es golpeado por dos sujetos para la venta de pieles.

¿Cómo una persona puede simplemente ver un poco de violencia, muerte o sufrimiento, para después seguir con su vida efímera y normal? Se ha normalizado mucho que todos mediante un dispositivo, busquemos y encontremos un poco de morbo ante situaciones dolorosas. No culpo a los jóvenes que sin darse cuenta, comparten de manera inocente memes y videos de desgracias ajenas, ya que se permean ante un humor socialmente aceptado, que sin una reflexión interna, ha llevado día a día, una realidad absurda. Aún recuerdo las palabras del director de mi facultad cuando decía que entre más investigas sobre un tema, más te deprime. Justo como me pasó antes de poder exponer sobre la ética para los animales no humanos.

Me toca ahora interiorizar y reflexionar sobre cómo esto llega a todo el mundo dentro de un dispositivo que contiene la información e historia de la humanidad. No culpo a los medios digitales, ni a la tecnología por todo esto, pero sí señalo que en nuestras manos tenemos la fuerza o el poder para responsabilizarnos, actuar y difundir actos que nos hagan conscientes como individuos, humanidad y seres racionales. Ante esto no miento que la náusea social esté presente, pero quizá me parece más repugnante el hecho de pensar que un niño, adolescente, joven o adulto; sin temor y con curiosidad, encuentre realidades sangrientas de animales torturados, mujeres violadas, niños explotados, un medio ambiente exprimido y todo lo que se puede observar mientras se está cómodamente en casa, comiendo pizza y dejando la vida pasar.

No pierdo la esperanza en la humanidad, incluso confío en que la gente no se quede solo como espectador y denuncie los terribles actos que se acontecen en el mundo; pero también pienso que desde mi lugar misántropo, no quiero ser partícipe de esto. Así mismo, que la filosofía apacigüe mis náuseas ante un mundo caótico, veloz y monstruoso.

Licenciado en Filosofía. Docente en el Tec de Monterrey, fan de la ciencia ficción.

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