Articulistas

Complejidades de la educación democrática (III)

¿Cómo reconocer si son los maestros realmente ellos quienes se expresan o si es el mercado-ventrílocuo, el que les da voz al hablar con sus alumnos?

He venido discutiendo sobre cómo entender la educación democrática, y si ésta es viable en un país tan dramáticamente desigual y tan subordinado al régimen de mercado como el nuestro; en especial en espacios familiares o escolares, caracterizados por sus relaciones asimétricas.

Estamos acostumbrados a entenderla de modo muy reduccionista: como “voto mayoritario” y por eso resulta incomprensible la conclusión, por ejemplo, de que en ella vale lo mismo el voto de un analfabeto y el de un erudito, o el de un millonario y el de un “pobre diablo”.

Un drama de entenderla sólo así, es que cuando la mayoría de votantes está conformada por gente “inculta”, “egoísta”, “acarreada”…, el resultado es una drástica caída de comprensión social sobre lo que sucede y lo que más conviene, en aras del bien general, según cada contexto.

Hay, sin embargo, otras formas de democracia que trascienden lo electoral. El Artículo Tercero constitucional, la define como FORMA DE VIDA. Ésta implica…:

– reconocer la dignidad de todas las personas, sin excepción, y darles un trato respetuoso;

– comprender que, como seres sociales, estamos sostenidos por los demás y los demás necesitan de nosotros;

– asumir que, por encima de los intereses egoístas, está el bienestar general, siempre y cuando esto no implique daño, explotación, alienación, anulación o exterminio de individuos o minorías;

– fortalecer la capacidad real de cada quien, sin excepción, para expresar su palabra y hacer valer su voz fundamentada, en el intercambio con las voces de los demás;

– reconocer la pluralidad social y disponerse a escuchar y tratar de comprender las razones del otro, por muy opuestas que sean a las propias;

– desarrollar la capacidad crítica y autocrítica, la autonomía intelectual y afectiva, personal y grupal, así como el respeto al derecho a disentir;

– tomar conciencia de que nuestras formas de pensamiento no son tan libres como creemos, pues han sido contaminadas por diversos procesos colonizadores de los regímenes dominantes…

Tales condiciones pueden darse tanto en la escuela como en la familia, PERO esto no se logra mediante un sermón o una clase de civismo; implica transformar radicalmente las estructuras y relaciones sociales.

¿Cómo lograrlo en el actual régimen capitalista, que no sólo apunta en dirección opuesta, sino confunde, haciendo creer a la gente que “la sociedad de mercado es la mejor forma de acceder a la libertad y a la democracia”?

Siguiendo esta idea, cuando un educador se propone ‘dar la palabra a los niños’, ¿cómo reconocer, por ejemplo, si son realmente ellos quienes se expresan o si es el mercado-ventrílocuo, el que les da voz?

La estrategia más formativa implica someter cualquier proposición, a la ‘contra-argumentación’ y al análisis desde diversas perspectivas. Así los menores habrán de acostumbrarse a considerar pros y contras o causas y consecuencias, y a asumir la responsabilidad de tomar una u otra decisión, o de buscar un tercer camino, que no excluya a nadie y por el que todos habrán de ceder un poco.

Por supuesto que no todo puede ser sometido a este proceso y que ‘la verdad’ no siempre está en el ‘punto medio’ y, sin embargo, esto último también puede ser comprendido por los menores, con un buen encuadre.

Se abre aquí una importante disyuntiva para los educadores: contribuir a la construcción de la democracia, desde cada micro-espacio, a pesar de las dificultades, o seguir la cómoda opción de mantener el ‘statu quo’, agravando la penetración de la barbarie neoliberal en los espacios más íntimos.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba