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Docentes de educación básica versus la cultura chatarra

Próximamente las y los alumnos de educación básica regresarán a la escuela, luego de unas extrañas vacaciones semi-post-pandemia.

Con este artículo envío un mensaje de reconocimiento y solidaridad a todas aquellas personas que optaron por la profesión docente en el nivel básico, por la complejísima e importante tarea que se han echado a cuestas, para contribuir a la formación de los seres humanos a su cargo, al desarrollo de su autonomía y al fortalecimiento de su capacidad de interacción social, en una época tan compleja y difícil como la que nos ha tocado vivir.

El desafío que enfrentan es enorme pues se encuentran en el ojo del huracán, jaloneados por múltiples fuerzas contradictorias, en especial ahora, que se introduce la Nueva Escuela Mexicana. Ésta pretende romper radicalmente con la vieja y devastadora lógica neoliberal (que aún domina el mundo a pesar de su franca putrefacción). Tal ruptura se explica porque el neoliberalismo redujo la docencia a una administración o “gestión” de tareas definidas por ‘especialistas’ sin contacto con la realidad popular; con una fuerte y absurda obsesión por ‘la innovación’ (negando todo vínculo con la historia), el mérito individual excluyente, la competencia y la evaluación o control de tiempos y movimientos…, para ir induciendo a los estudiantes a la lógica empresarial, y luego librarse de ellos, promoviendo su ‘emprendedurismo’ o ‘autoempleo’. Del mismo modo redujo la formación docente a una capacitación técnica en el uso de múltiples herramientas, o ‘tics’, incluida la construcción de una ‘carpeta de evidencias’, tipo ‘freelance’.

La excesiva dedicación burocrática que exige ‘estar a la altura’ de este modelo resulta incompatible con lo que viene proponiendo a través de la historia (paralelamente y a pesar de todo) la educación integral, científica, popular, cooperativa: la búsqueda del sentido de lo que hacemos, la lectura crítica del mundo, de sus problemas y causas profundas, la comunicación y de los humanos entre sí y con el mundo, en el reconocimiento y respeto a la diversidad cultural y natural, así como la necesidad del cuidado mutuo…

La Nueva Escuela Mexicana (NEM) pretende reactivar todo esto, actualizándolo a nuestros tiempos, pero ¿cómo introducirla al sistema, cuando los docentes que hoy están a cargo de las y los menores fueron formados en la vieja lógica neoliberal y la mayoría de quienes se comprometieron con el enfoque crítico popular (que también promovió la SEP) se han ido retirando para gozar su jubilación?

La tarea para los docentes noveles se complica, si reconocemos, además, que la educación trasciende el ámbito escolar y que todas(os) reciben fuera múltiples influencias que fortalecen al régimen dominante. Durante los años neoliberales, en especial durante el encierro por la pandemia, se impuso una ‘cultura chatarra’ en todos los ámbitos: la alimentación, el entretenimiento, la música, los intercambios en redes sociales, etc., que han contribuido a generar un estado de embotamiento o sopor mental, en el que la ignorancia no sólo es celebrada, sino fomentada. Esto genera una “caída hacia la estupidez, la oscuridad y la superstición”, según lo vienen advirtiendo muchos científicos, como Noam Chomsky o Carl Sagan.

En este contexto, varios docentes han señalado que “más allá de un discurso interesante, ‘La Nueva Escuela Mexicana’ aún no termina de cuajar” y que en los hechos el neoliberalismo sigue dominando la práctica educativa con sus formas de control. Por su parte, la rabiosa crítica de los neoliberales contra este Nuevo Modelo de la 4T, señalándolo como ‘imposición ideológica’ o ‘adoctrinamiento de izquierda’, oculta mañosamente que toda educación implica una ideología y que la ‘neutralidad educativa’ es una falacia.

Las contradicciones de la NEM pueden ofrecer a las comunidades educativas la oportunidad de generar un intenso debate sobre lo que es o no es posible hacer y mejorar. Más vale una educación que promueva la amplia expresión de la pluralidad, para la formación del pensamiento crítico, que otra que impone como ‘lo normal’ o ‘neutro’, a la lógica capitalista dominante que tiende a excluir a quienes piensen diferente.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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