Bella Ciao

Ayotzinapa 8 años después

Septiembre de 2014 ha quedado como un día de ignominia en la historia nacional. Entre la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de ese año, desaparecieron a 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero.

Fue un caso que tuvo una enorme resonancia a nivel internacional. En aquel año yo colaboraba con cursos de posgrado en la universidad de Cuenca, en Ecuador, y recuerdo muy bien que muchas personas, apenas sabían que era mexicano, me preguntaban que por qué podían desaparecer de manera tan violenta a 43 jóvenes estudiantes. Lógicamente yo no tenía ni tengo la respuesta a tan atroz crimen. Y me daba vergüenza decir que era mexicano, a pesar de que se trataba de un crimen en el que estaba involucrado un gobierno del que fui opositor.

La única ocasión anterior en la que me había sentido así de avergonzado fue cuando estando en Italia, por motivos académicos, se llevó a cabo la masacre de Acteal, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Se trató del asesinato de 45 indígenas tzotziles. Igual sentí vergüenza de mi propio país, a pesar de que el responsable había sido el gobierno priista de le época.

El gobierno de Peña Nieto se encargó de encubrir la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, en la que estuvieron involucradas fuerzas del orden municipales, estatales y federales. No era posible que el gobierno central contando con los Centro de Comando, Control, Comunicación y Cómputo (C4) en todo el país, no estuviera al tanto. Lo más probable es que estuvieron informados en tiempo real y no hicieron nada, ni para detener la desaparición de los estudiantes ni para su búsqueda posterior.

El pasado 18 de agosto, el subsecretario de gobernación, Alejandro Encinas, presentó en la conferencia mañanera del presidente un nuevo informe sintético sobre la desaparición de los jóvenes estudiantes. Al día siguiente fue detenido el primer exfuncionario de alto rango, del gobierno de Peña Nieto, involucrado en el caso, el exprocurador Jesús Murillo Karam, aquel que se volvió famoso porque en una rueda de prensa sobre el tema había dicho que ya se sentía ‘cansado’. Ese mismo día se libraron 83 órdenes de aprehensión, incluyendo a mandos militares.

Otro personaje clave en el encubrimiento de la desaparición de los estudiantes es Tomás Zerón de Lucio, exjefe de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) acusado de ser el personaje central de la trama llamada ‘la verdad histórica’ en la que se quiso hacer creer a la opinión pública que los estudiantes habían sido incinerados en un basurero, a pesar de que expertos internacionales en el tema señalaron la imposibilidad de tal acción en el lugar señalado por las autoridades del momento.

Zerón de Lucio huyó a Israel desde hace años y el actual gobierno de México ha solicitado ya, desde hace tiempo, su extradición, sin resultados positivos hasta el momento.

La oposición, de manera hipócrita, critica el accionar del actual gobierno federal sobre el tema, sin embargo, en su momento, ellos fueron los principales responsables de la desaparición de los estudiantes.

Ayotzinapa sigue y seguirá dando de qué hablar. Pero una cosa es cien por ciento segura, de haber ganado las elecciones presidenciales de 2018 el PAN o el PRI, seguirían las cadenas de complicidades del gobierno federal con los responsables del atroz crimen.

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