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El desafío de aprender a ver lo invisible y a escuchar lo inaudible

Dos preguntas que parecen inevitables, al escuchar a quienes aspiran a diferentes cargos de elección popular son: ¿en dónde y con qué comprensiones y valores se educaron como personas y como ciudadanos?; ¿qué experiencias tuvieron para buscar un cargo público?

Al escuchar las propuestas de la mayoría de quienes se están candidateando en Querétaro (muy vagas, descontextualizadas y políticamente ‘correctas’, para no conflictuarse con el gran poder, ni comprometerse a nada), queda claro que la ideología neoliberal tuvo un fuerte impacto en su educación; más si estudiaron en escuelas privadas que en públicas.

Esa ideología (llamada también ‘del mérito individual’ y similar a la de Rico Mc Pato) asegura que basta con ‘trabajar mucho’ para ascender hasta los últimos peldaños de la escala social, sin importar sus orígenes ni sus condiciones.

Así, cuando preguntamos a las(os) chicas: ¿qué te gustaría ser de grande?, puede responder: ‘presidenta de la república’ o ‘alguien muy importante’, y está bien, ¡qué bueno que tengan elevadas aspiraciones! Sin embargo, si sólo manifiestan anhelos de este tipo, ya en la adultez podrían concluir, que ‘se vale hacer lo que sea’ con tal de brincar ‘al siguiente nivel’.

Un colega del PRI, después de muchos años de andar en ese partido, me confesó una vez que decidió (de pronto) cambiarse a Morena, porque estaba seguro de que ganaría Claudia Sheinbaum ‘y yo quiero estar ahí’, expresó entusiasta.

A esta aspiración a ser ‘individuos importantes’ le falta la pregunta: ¿para qué?, ¿para qué quieres ser importante? Las respuestas marcarán una drástica diferencia de perspectivas. No es lo mismo decir: ‘vengo a la escuela porque así tendré un mejor trabajo y ganaré más dinero, porque quiero vivir en la zona residencial más exclusiva, viajar alrededor del mundo, tener un automóvil superwuau…’, que decir: ‘veo que Querétaro tiene varios problemas y me gustaría prepararme muy bien, para entender cómo funcionan las cosas y cómo arreglarlas, p.e. cómo detener la contaminación’, o ‘quiero inventar algún aparato que haga llover y se vuelvan a llenar las presas’, o ‘quiero hacer algo para que no haya tanta violencia ni drogadicción’, o’ me gustaría ser pintora como mi papá para que todas las casas del barrio se vean bien bonitas y la gente ya no esté triste’… (según respondieron escolares de primaria, que entrevistamos recientemente).

Esta diferencia entre la mirada individualista y la social se relaciona con el tipo de escuela a la que se acude. Parece más fácil promover ciertas reflexiones sobre la realidad social, en escuelas públicas, comunitarias o ‘alternativas’, por el simple hecho de estar ubicadas en zonas populares, muchas veces marginadas, que hacerlo en las privadas, de élite o de mercado, que cuentan con excelentes instalaciones y que excluyen a las familias que no comparten su ideología o no pertenecen a su clase ni están en el ‘lado correcto’.

En la escuela pública parece más fácil contrastar lo que dice el ‘deber ser’, la publicidad o los discursos políticos, con lo que vive la mayoría de la gente y reconocer las contradicciones, por la diversidad de culturas, condiciones, costumbres y opiniones que se dan en los grupos.

Ese contraste podría facilitar el desarrollo del pensamiento crítico. Sin embargo, en muchos casos esto no sucede. ¿Por qué?; ¿por qué esas(os) candidatas(os) que dicen haber estudiado en escuelas públicas piensan y actúan como si vinieran de las privadas?

Porque la ideología dominante penetra a todas, reduciendo la docencia a burocracia y la educación a capacitación para adaptarse ‘con éxito’ a la sociedad de mercado; porque esa ideología trasciende la escuela e impone desde los medios, redes o estructuras urbanas, como ‘normal’, ‘correcto’, ‘neutro’ u ‘ordenado’, lo que interesa a las oligarquías y no permite ver ni oír ni comprender ni contrastar lo que nos sucede a las mayorías, en especial a quienes han sido excluidos del bienestar.

No importa si en tiempos electorales las-los candidatos visitan los barrios populares, porque no lo hacen para ver ni escuchar, ni comprender al pueblo, sino sólo para ser vistos por sus posibles votantes.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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