Articulistas

¿Fin de la escuela pública?

Por eso, más vale poner a la escuela en entredicho, hacerla parecer  “obsoleta” o “superflua” y “muy cara”, frente a las aceleradas revoluciones tecnológicas que venimos presenciando.

¿Cuál es la finalidad de la escuela? Esta pregunta se vincula a otras: ¿Qué clase de humanos queremos ser?; ¿a qué tipo de sociedad aspiramos?; ¿en qué nos estamos convirtiendo, por la actual contingencia sanitaria? (o habremos de decir, ¿qué humanos han resultado de la última fase del capitalismo voraz?).

En cada época, muchos se han planteado preguntas similares y han respondido de modos distintos, según sus condiciones… ¿Cómo responderlas en tiempos de Covid?

Dichas interrogantes parten de la premisa de que los humanos pueden tener cierta injerencia en su propia autodeterminación e incluso pueden intervenir en la transformación de la realidad, modificando su curso (H. Zemelman).

En lo que respecta a la escuela pública, hay que decir que desde su origen ha sido espacio de conflicto entre posturas contrarias, en especial por ser lugar de formación para todos-as, independientemente de su condición (como la pensó Comenio, siglo XVII).

Desde cierto ángulo, la escuela ha sido considerada espacio fundamental para adquirir los principios de las ciencias y las artes, ésos que la vida doméstica no alcanza a dar; también como lugar para la formación integral y el pensamiento crítico.

Cada disciplina contribuye desde su espacio, a despertar en las nuevas generaciones el deseo o la necesidad de saber más, planteando nuevas cuestiones: ¿de dónde venimos?, ¿en dónde estamos parados?, ¿cómo llegamos a ser lo que somos?; ¿por qué (nos) sucede lo que (nos) sucede?, ¿qué hay más allá de lo aparente?, ¿qué es el mundo y cómo funciona?, ¿qué nos es posible aquí y ahora?; ¿cómo recrear otros mundos posibles?….

Pero preguntas semejantes resultan peligrosas para la estabilidad del sistema (capitalista), pues abren las grietas de la duda, cuando lo que interesa es imponer la creencia de que NO hay alternativas.

Por eso, más vale poner a la escuela en entredicho, hacerla parecer  “obsoleta” o “superflua” y “muy cara”, frente a las aceleradas revoluciones tecnológicas que venimos presenciando; idea que se refuerza con la exigencia “vital” del confinamiento para sobrevivir a la pandemia.

A esta tendencia, desacreditadora, contribuyen paradójicamente importantes y certeras denuncias que se venían haciendo desde el pensamiento crítico, precisamente contra la escuela elitista y autoritaria.

Así la escuela ha sido también señalada como herramienta del sistema dominante, como ‘aparato ideológico del Estado’ para justificar “científicamente” la estratificación y la exclusión social; para colonizar, homogeneizar e imponer un pensamiento único. En esta lógica, la escuela sólo sirve como guardería o espacio propedéutico o de capacitación para el trabajo alienado.

Tales críticas, que en otro contexto permitieron romper con viejos esquemas y emprender gran cantidad de experiencias alternativas o emancipadoras, se vuelven ahora contra la escuela pública en sí misma, sin reconocer que ella también ha generado diversidad de expresiones libertarias

Una falsa y peligrosa dicotomía se impone, cuando se califica a la escuela pública de “autoritaria burocrática y castrante por antonomasia” y se califica a la privada como “mejor, más libre, de mayor calidad”.

La confusión se agrava con la exigencia de la ‘educación a distancia’, que ofrece ser “más cómoda, atractiva, flexible, efectiva y divertida”.

Con ella, la privatización de la educación y la colonización neoliberal del pensamiento se vuelven tibias, suaves, dulces, casi imperceptibles.

El desafío para los docentes hoy es mayúsculo: ¿Sigue vigente la ‘educación emancipadora’ o se volvió quimera?, ¿cómo hacerla viable en tan extrañas condiciones?

 

*Miembro del ‘Movimiento por una educación popular alternativa’

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba