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Mujeres

La forma particular que esta irrupción ha tomado en México, de espaldas a los partidos políticos y más allá de las ONGs, constituye el fin del ciclo neoliberal.

Tras el estruendo, el silencio.

Si el domingo fue “¡ni una más, ni una menos..!”, el lunes fue la poderosa puesta en escena de una ausencia perturbadora. Mauricio Merino, que no es ningún improvisado en la reflexión política, otorga a la emergencia global de las mujeres, el rango de una revolución, entre otras razones, porque ha conseguido invadir las conciencias.

La forma particular que esta irrupción ha tomado en México, de espaldas a los partidos políticos y más allá de las ONGs, constituye el fin del ciclo neoliberal, inaugurado precisamente con otro paro, insólito para su momento: el paro cívico nacional del 18 de octubre de 1983, que involucró a un millón de mexicanos, gracias a la articulación de más de un centenar de organizaciones de izquierda. 

Por encontrarse lejos de las mentes cortoplacistas y presidencialistas (que instalaron a AMLO en el centro de sus vidas, para aclamarlo o para insultarlo… en el fondo es el mismo amor), me quedo con la que me pareció una de las más singulares reflexiones que este acontecimiento inspiró. Es de Carlos Noriega Félix, El Almanauta, y la publicó el lunes La Jornada.

Dice: “Este lunes las mujeres saltan a escena a gritar en voz altaaquí estoy, mientras los hombres asustados esconden su feminidad. Lo femenino no es exclusivo de la mujer, el hombre también tiene pezones. No sólo las mujeres sufren violencia y maltrato en su feminidad. Desde pequeños, los hombres sufren gran violencia en su feminidad naciente: no seas maricón o los hombres no lloran. Crecen con tanto miedo a su propia feminidad que terminan enojados y violentos con todo lo femenino que se manifieste en su compañera, en su amigo, en el vecino y hasta en el espejo. El macho-macho, no es otra cosa que un triste desalmado que perdió su feminidad.

“Para mí –sigue El Almanauta–, este 9 de marzo debe ser un parteaguas para concientizar el delicado valor de lo femenino, tanto en el hombre como en la mujer. Que las mujeres nos ayuden amorosamente a recuperar nuestra ánima femenina para llorar juntos tanta violencia y desamor”. 

Queda ahí para reflexionar el resto de nuestras vidas.

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