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Zapatos que no uso


Con la sociedad que da vida

Querétaro, Qro.

Si no vendo mi mercancía, ¿de qué voy a comer? Hace 35 años me dedico a esto.

Veía a mis cuates driblar y se me querían salir las de san Pedro: algo se me arrugaba aquí, merito en la boca del estómago. Era lo que más quería, pero, como mi situación no me lo permitía, dije que, aunque fueran ‘corrientitos’ los zapatos, se los vendería a los muchachos para que jugaran ‘fut’ como se debe; jugar era para mí un sueño imposible. Una vez que ya pude traer del mercado algunos pares y que con ellos jugaban los muchachos, me gustó ‘un montón’, y sentía como que yo era el que metería el gol cuando veía a los muchachos ante la portería. No le ganaba mucho al negocio, pero llevaba mis cajas y, en algún lugar que me gustaba, ponía mi tendido y pegaba en la pared fotos de Hugo Sánchez, Maradona, Pelé y todos esos ‘chingones’ del balón. Creo que la gente me compraba nomás porque se les ‘hacía chistoso’ que vendiera zapatos deportivos, así tullido como estoy.

Yo tenía dos años, cuando un mal que me atacó me paralizó media cara y la parte derecha del cuerpo; a algo de mí le era difícil la vida, pues me daban a cada rato dolores de ‘panza’, me era muy difícil atender ‘mis necesidades’ y seguido hasta me ‘ganaba’ en cualquier lugar. Me dijo mi ‘amá’ que las vecinas me ponían ungüentos y me daban baños en agua caliente con yerbas, pero no se me quitaba el ‘paralis’ ni me mejoraba la digestión. El Hospital General nos quedaba ‘re’ lejos, y no podíamos ir. Cuando alguien pudo llevarme, yo tenía más de veinte años y el doctor dijo que no me aliviaría del todo, pero se intentaría. Aunque he ido a terapias, no me han curado, porque la medicina está muy atrasada todavía y seguido falto a mis citas; pero, aunque fuese a todas, no tengo remedio: ya son muchos años y me quedé chueco.

Ahora me muevo en una silla ‘gabacha’. Un pariente que ‘echaron’ “del otro lado” me la dio ‘pa´’ ver si ‘m’era’ útil. Con partes de ‘bicla’ o de otras sillas, arreglé la mía como la necesité: le metí cadena de bici ‘pa´’ moverla con palanca y sin las piernas, le soldé un techo (‘pa´’ la lluvia, el viento, el sol), le puse retrovisor, manubrio de bicicleta, frenos de mano, bocina y todo eso). Así ando yo ‘pa´’ todos lados por mi cuenta.

A veces me ‘agüito’, porque de joven tuve ‘mi pegue’. Andaba perdido por una ‘chava’, y yo le ‘cuadraba harto’. Pero un día tuvo que ir a no sé dónde; necesitaban trabajadores. Nos despedimos muy amorosos, pensando que pronto regresaría ella y nos casaríamos, aunque yo estuviera ‘chueco’. Nunca volví a saber nada de ella. A veces todavía la lloro, aunque a escondidas, para “que nadie sepa mi sufrir”.

Fui a la primaria, hasta sexto. En aquella época –todavía no tenía la silla ‘gabacha’– me arrastraba entre nopales, magueyes, charcos (cuando llovía) o el ‘tierral’ para llegar a mis clases. Los maestros y compañeros de clases me entendían, pues nunca se rieron de mí ni me pidieron que llegara con ropa limpia. Quise seguir la secundaria (había una en Querétaro), pero sólo pasaba un camión de ida y otro de regreso en todo el día –hoy ya le aumentaron a siete de ida y siete de regreso, pero van rápido o tan llenos que pocas veces te levantan–. Ya no fui, ‘tons’, ni a la ‘secu’ ni al hospital. Mi ‘ma’ quería que yo fuera a los dos lados, y anduvo luchando en la Delegación para tramitar el servicio, pero nunca le hicieron caso: como la veían tan pobre, sólo la ‘jalaban’ en las elecciones, para que saliera en la foto ‘quesque’ siendo atendida por ‘el candidato’.

No me quejo: tengo un montón de amigos. Ando por todo el barrio, y no hay lugar donde no me conozcan. Todos me saludan. Una muy querida sobrina, que en paz descanse, me decía que yo era famoso, que parecía artista de cine o diputado: “Chueco por aquí, Chueco por allá”; me quería mucho y me cuidaba todo el tiempo. ¡Lástima que se nos fue!, no sé si por el azúcar o por ‘la Covid’. Pero no siempre me va bien lejos de mi barrio: algunas veces, cuando llueve y se hacen charcos, pasan coches lujosos ‘hechos la mocha’ y, sin más, me salpican pues no puedo correr.

Me gusta el olor de los zapatos de ‘fut’ que vendo y tengo almacenados en mi casa. Siento que estoy en un estadio y los espectadores me levantan en hombros por el golazo que metí.

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