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Audios van, audios vienen

La cadena de audios que se han hecho públicos los últimos días revela lo más tóxico de la política nacional. Documenta el hecho de que nada ha cambiado y que todo sigue igual.  La clase política ni se renueva ni se purifica; sigue en la miseria moral y en la absoluta falta de ética y valores.

Los audios filtrados del presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, nos muestran a un priista que ve la política y la administración pública como un asunto de mero pragmatismo, en donde se concibe a los proveedores como fuente de financiamiento electoral y a los periodistas como sujetos a los que hay que someter y que no merecen más que un final por inanición. Los audios muestran al PRI siendo el PRI, aquel que no aprendió nada de sus derrotas, el que no evolucionó ni se reformó, el que a pesar del repudio de la opinión pública no cambió ni de esencia, ni de prácticas, ni de estilo.

 “Alito”, como llaman al presidente priista, nos regala en los audios un cinismo propio de los que usan la política para fines personales y no reconocen reglas ni límites. Su lenguaje pretende ser enfático y directo, pero por crudo y vulgar retrata a un personaje carente de respeto hacia sus bases y hacia su propio cargo y profesión. Su lenguaje en los audios parece más propio del padrino de una mafia, que el de un presidente de un instituto político.  Los priistas nunca entendieron que para que su partido sobreviviera tenían que cambiar radicalmente, erradicar la corrupción y abandonar todo aquello que los mandó al desván de la política nacional. Lejos de ello, se dedicaron a disputarse los restos del naufragio y a defender agendas personales a costa de la sobrevivencia del partido y de su viabilidad, ya no digamos su futuro.

La oferta de audios no solo incluye la serie ‘Alito’; como estrategia de defensa, el presidente del PRI hizo pública una conversación telefónica con el senador del Partido Verde, Manuel Velasco, quien se presenta como un amistoso mediador encargado de comunicar el mensaje del gobierno federal en donde se le hace saber que “si no jala” irán con todo contra él.  Esta pieza sonora también es una joya de la política actual, pues muestra cómo después de las negociaciones y cabildeos entre legisladores y partidos vienen las amenazas veladas, los códigos que enuncian consecuencias y los mensajes, a veces encriptados, a veces más explícitos que tratan de dejar claro que ante la falta de cooperación y alineamiento lo que puede venir es la persecución política.

Lo que escuchamos en los audios no mueve desde luego al optimismo, por el contrario, está claro que los actores políticos, sean de un bando o del otro, juegan sucio, utilizan el chantaje, la amenaza y el golpe bajo para hacerse daño mutuamente. Lejos estamos de un país de instituciones con una clase política respetuosa de la ley, nada ha cambiado, la trasformación no ocurre ni en un partido ni en otro, el priismo trasversal lo único que ofrece es más de lo mismo: política sucia y tradicional.

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