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Una travesía de 27 años

Para sobrevivir, el periodismo debe ser como un salmón que nada a contracorriente del poder. Esta esencia de resistencia ha sido una constante desde los inicios del periodismo, cuya marca distintiva ha sido informar y cuestionar a los poderosos, aun cuando ello nos traiga consecuencias adversas. Resistir, más que una elección, ha sido la única manera de sobrevivir.

Los periodistas somos artistas de la pregunta incómoda, ese es nuestro sino. En los albores del siglo XX, nos encontramos con los muckrakers, periodistas que, enfrentándose a los epítetos del presidente Teddy Roosevelt, quien no ocultaba su desdén hacia aquellos periodistas que exponían la corrupción de sus subalternos, llegando a llamarlos despectivamente “rastreadores de porquería”. Esta época marcó un hito en el periodismo de investigación, demostrando la importancia de la prensa en la vigilancia del poder.

No podemos olvidar el período de Richard Nixon, quien juró venganza contra los periodistas que investigaban los abusos cometidos por la Casa Blanca en el contexto de su campaña de reelección. Nixon llegó al extremo de considerar su voluntad por encima del Estado de derecho, un recordatorio sombrío de hasta dónde pueden llegar aquellos en el poder para proteger sus intereses. Situación que comparte el presidente López Obrador.

A menudo, el periodismo ha sido llamado equivocadamente el “cuarto poder”, bajo la falsa creencia de que se sitúa en igualdad de condiciones con los tres poderes clásicos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Sin embargo, es esencial recordar las palabras de Julio Scherer, fundador de Proceso y pilar del periodismo en este país, quien aclaró que el periodismo no es en sí un poder ya que realmente “el poder pertenece a los que deciden”. La función primordial del periodismo es fiscalizar al poder en cualquiera de sus formas, ya sea dentro de la división de poderes tradicional o frente a los poderes fácticos.

El periodismo es vigilante y contrapeso del poder, no como un participante en el juego del poder por derecho propio. 

27 años. 1997 parece tan distante en el pasado como 2051 lo está en el futuro. Hace veintisiete años, las cosas eran simultáneamente muy diferentes y sorprendentemente similares a hoy. Esta paradoja refleja el “gartopardismo” del tiempo, donde todo cambia para que todo siga igual. En 1997, en este estado, los medios de comunicación, que eran pocos, se encontraban bajo el control de una voz hegemónica emanada del poder, la cual no toleraba crítica ni disidencia alguna. Hoy, en 2024, le toca a usted, querido lector, juzgar si nos enfrentamos solo a una sutil diferencia, donde desde el poder se busca adueñarse de todos los espacios disponibles, intentando silenciar a las voces que disienten y cuestionan al poder.

Inspirados en el lema “Educo en la Verdad y en el Honor” que nos legó el gran José Vasconcelos hace ya siete décadas, Tribuna de Querétaro se ha regido por estas dos guías fundamentales. El nombre, de acuerdo con lo planteado en nuestro primer editorial, es un homenaje a un antiguo periódico, la “Tribuna”, que, aunque con tendencias conservadoras, se destacó como un fuerte crítico del poder y sobrevivió por cuatro décadas al acoso de este.

Recordemos también que los años noventa fueron momentos de cambio que definen nuestra era actual. Fueron los momentos en que el viejo sistema empezó a decaer y comenzó a nacer un nuevo sistema de medios a nivel nacional, donde el periodismo de investigación empezó a ser realmente fundamental para impactar en el poder, dejando de ser una simple caja de resonancia de lo que decían los poderosos. De hecho, en Querétaro, es cuando se rompe el monopolio del Partido Revolucionario Institucional y nuestra Facultad de Ciencias Políticas evoluciona para convertirse en la Facultad de Sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Ese es el contexto en que nacimos y esa es la inspiración que tenemos.

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