Jugar por diversión; y no por adicción

El juego es una actividad humana que involucra la sociabilidad, el desarrollo de habilidades. El juego individual o colectivo ayuda a la formación del carácter.
Jugar no es exclusivo de la etapa infantil, también adolescentes y adultos lo practican, hoy en día la tecnología ofrece infinidad de alternativas para distraerse se puede desarrollar en locales físicos y en sus versiones virtuales en Internet: casinos, salas de apuestas deportivas, bingos, la facilidad de acceder a los juegos electrónicos, incluidos los de azar, desde la comodidad de la casa lo que ha generado adicciones en niños, adolescentes y adultos.
En muchos casos los adultos mayores al jubilarse o perder su trabajo, experimentan periodos de soledad y hasta de abandono familiar, en otros casos son quienes se encargan de llevar a los nietos a la escuela y cuidarlos mientras los hijos trabajan.
Algunos perciben una pensión o viven del apoyo familiar, en este caso el adulto se hace dependiente de quien lo auxilia económicamente y debe cuidar el dinero que le proporcionan y en ocasiones hasta justificar el destino.
En otros casos existen cierta bonanza económica que le permite al adulto mayor disponer de su dinero sin necesidad de justificarlo con los parientes, lo que facilita que acuda a casinos para “pasar el rato”, pero sin darse cuenta se hace un hábito al tener horario y apostar, el ambiente de una casino es grato, acogedor con personas que se identifican y forman lazos de amistad.
Citemos el caso de Felipe, quien percibía una buena pensión, propietario de un edifico con dos departamentos y dos locales que renta y administra su hija que es abogada.
Y en cierta ocasión fue invitado por un compañero de donde trabajaba a asistir a un casino, le agradó el ambiente y suerte de principiante…ganó en un juego de azar.
A partir de esa fecha, se hizo costumbre el acudir, que poco a poco se fue haciendo más extenso el horario, al principio su esposa lo veía que le servía para distraerse, pero con el tiempo no llegaba a comer y de mal humor.
No siempre ganaba y empezó a sacar dinero de su tarjeta donde recibía su pensión, las rentas las administraba su hija, de tal suerte que no podía disponer del dinero, ella llevaba la contabilidad, pagaba los impuestos, el predial, y cubría los gastos extraordinarios de sus padres, consultas con médico particular y medicinas.
Llegó el momento en que agotó sus ahorros en su tarjeta de débito y recurrió a los inquilinos para cobrar la renta, en poco tiempo su hija le preguntó el motivo por el cual él había recibido la renta; no tuvo más remedio que reconocer su adicción al juego y las consecuencia de su adicción.
Se tomó la decisión de buscar ayuda profesional para curar su adicción.
Casos como este los hay en todos los niveles sociales, no todos pueden acudir con un doctor para superar la adicción.
El ir a un casino es una y exclusivamente con el fin de divertirse, pero si quien asiste lo hace para pagar deudas, la renta o cualquier otra razón, lo más seguro es que perderá hasta lo que no tiene, generar conflictos y poner en riesgo la estabilidad económica familiar.
La suerte de ganar hace que el individuo siga con su “buena racha”, pero finalmente pierde; por el contrario si pierde espera revertir su “mala suerte” y no recupera nada.
A las personas que juegan de forman compulsiva se dice que padecen ludopatía, que se caracteriza por la compulsión de no resistirse a jugar.
No todas las personas que asisten a un casino con ludópatas.
Y los nostálgicos recuerdan la frase “La casa nunca pierde”.


