La nota roja

Casi todos los periódicos tienen una sección conocida como ‘nota roja’ y el número de lectores no es poco. El término de ‘nota roja’, tiene su origen en Guadalajara, Jal., cuando en la tarde del 10 de noviembre de 1889, general Ramón Corona, héroe de la guerra de la intervención francesa, exembajador en España, al salir del Teatro Principal en compañía de su esposa, fue atacado por un individuo que con un puñal lo hirió en el cuello y en el vientre; el daño fue mortal y falleció al siguiente día.
El atacante respondía al nombre de Primitivo Ron Salcedo, de 22 años, quien después de perpetrar el ataque huyó y cuadras más adelante aparece muerto con cuatro puñaladas. Se dijo que fueron unos policías que le dieron alcance y ahí en la calle lo ejecutaron, pero la información que proporcionó la Inspección de policía de ‘suicidó’.
Ante este sangriento suceso, Manuel Caballero, director del periódico El Mercurio Occidental, imprimió una edición extra para narrar el ataque al gobernador, en la primera plana puso la fotografía del atacante —Primitivo Ron— quien yacía en medio de un charco de sangre, y para darle más sensionalismo a la nota, aparecía la huella de una mano en color rojo. Y así nació el término ‘nota roja’, también conocida como ‘información policiaca’.
La materia prima de las notas son los accidentes, asesinatos, robos y sucesos violentos.
A lo largo de la historia del periodismo en México ha existido un sinnúmero de reporteros de la nota roja que en su día escribieron sobre acontecimientos que cimbraron a la opinión pública; la forma de escribir la nota policiaca requiere de un estilo que llame la atención del lector.
Una de las noticias de la nota roja que llamó la atención del público fue el escape del estadounidense Joel David Kaplan, el 18 de agosto de 1971, que purgaba condena de 30 años en la cárcel de Santa Martha Acatitla en el DF, por el asesinato de su socio Louis Melchior Vidal Jr.
Kaplan ya había intentado fugarse del llamado penal de máxima seguridad. El primero fue cuando trató de salir de la cárcel vestido de celador, para ello pagó a sus custodios para que le proporcionaran un uniforme y la ruta de escape, pero fue delatado.
E hizo un segundo intento para escapar, el plan era más elaborado. Kaplan ideó salir metido en un contenedor de madera de los que elaboraban los reclusos en sus talleres. El estadounidense pidió a uno de los carpinteros que los fabricaba, que hiciera un hueco especial en una de las cajas donde su cuerpo pudiera entrar, una vez fuera, solo tendría que salir del hueco y escapar, pero nuevamente fue delatado.
Kaplan no estaba resignado a pasar su vida en la cárcel y menos su esposa quien buscó ayuda de un contrabandista de drogas —Vic Stlader— quien tenía contactos con policías mexicanos. No dudó ni un instante en planear la fuga de Kaplan, quien era rico y conocido en Estados Unidos como el ‘rey de la melaza’.
Vic Stlader le expresó a la esposa de Kaplan: “Vamos a liberar a nuestro estimado amigo de la cárcel y lo haremos mediante una aeronave”. Compró un helicóptero y contrató a Roger Heshner, exveterano piloto militar de la guerra de Vietnam y alquilaron un avión para que una vez en libertad, Kaplan lo abordara y entrara en los Estados Unidos.
Y a las 18:35 de la tarde del 18 de agosto de 1971, cuando los reclusos estaban en el salón de proyecciones viendo una película, Kaplan y su amigo de celda, el venezolano Carlos Antonio Contreras, se preparaban para huir de la cárcel. El helicóptero aterrizó en uno de los patios de la penitenciaría de Santa Martha Acatitla, los dos reos corrieron y abordaron la nave y en 10 segundos se fugaron, ante la mirada atónita de los guardias, que no tuvieron tiempo de activar la alarma ni de realizar un solo disparo.
Pocos minutos después, cerca de Actopan, Hidalgo, en una pista clandestina aterrizó el helicóptero, Kaplan abordó un avión que lo llevó a Estados Unidos, Contreras lo hizo en un auto y en una población de Tamaulipas abordó un avión que lo esperaba para llevarlo a Guatemala y de ahí a Venezuela.
Y los nostálgicos recuerdan otros sucesos que dejaron huella en la nota roja, como el del cubano Alberto Sicilia Falcón —iniciador de los escapes en túnel— que se fugó de Lecumberri el 26 de abril de 1976.


