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Falacias y desafíos de la educación para la paz

Desde hace varios siglos -antes de que las huestes de Donald Trump irrumpieran en Venezuela para secuestrar a Nicolas Maduro, violando todo principio y cometiendo “bullying”internacional- en muchos países se viene hablando de la urgencia de inculcar una cultura de paz en las nuevas generaciones. “Como la gente adulta ya no entiende”, queda la ilusión de sembrar esa cultura desde temprana edad, “pues el alma infantil es más moldeable”.

Revisando la historia, podríamos partir del SXVII, cuando J.A. Comenio, en medio de las guerras de su tiempo, ideó su proyecto “pansófico” con una escuela altamente inclusiva que enseñara “todo a todos”. Según él, la educación universal era clave para lograr la paz mundial; con ella, el mundo se armonizaría y terminarían las divisiones entre los pueblos.

Más tarde, surgieron otras iniciativas con: Alfredo Nobel(1895), “La paz por la escuela” de la Conferencia de Praga(1927), la “Escuela Nueva” …, nacidas entre las guerras mundiales, cuando diversos intelectuales del “Buró internacional de la Educación” (Ginebra, 1929) se preguntaron seriamente: “qué clase de humanos estamos formando, capaces de provocar tan cruentas guerras”.

Así se fundó la ONU (1945) “nacida de la necesidad de construir una paz duradera tras las guerras mundiales” y la UNESCO (1946), que impulsaría la paz con “lacolaboración, la solidaridad intelectual y moral entre las naciones, a través de la educación, la ciencia y la cultura”. El comité del Premio Nobel lanzó su “Manifiesto 2000 para una cultura de paz y de no violencia”. Con ello se abría un nuevo horizonte que parecía exorcizar la amenaza de una tercera guerra mundial y el fin de la humanidad.

Lo que ha sucedido desde entonces permite reconocer que las guerras NO son falla del sistema capitalista/imperialista, sino parte inherente; constituyen herramienta básica de los estados que buscan expandir sus territorios “legítimamente”,concentrando y acumulando riquezas mediante el saqueo.Ante esto la ONU, disfrazada de “organismo neutral que busca la paz y la igualdad”, se ha evidenciado como instrumento de la clase dominante global para mantener y legitimar dicho sistema. Esto explica por qué el exterminio de Palestina sigue sin freno y nada valió la orden de la Corte Penal Internacional para arrestar a Netanyahu; por qué los gobiernos de EE.UU. siguen saqueando sistemática e impunemente a cientos de países en todo el orbe; por qué el gasto militar mundial sigue creciendo y hoy supera los 2.7 billones de dólares; por qué Corina Machado recibió el Premio Nobel; por qué autócratas como Trump parecen intocables y sólo reciben reproches inocuos de algunosmiembros de la ONU.

Se creen intocables porque tienen el apoyo de los mega-hiper-archi-millonarios que dirigen la delincuencia organizada mundial y gobiernan por encima de todos los estados nación.

Frente a esto, queda claro que la educación por sí sola, por más buena que sea, no puede transformar la realidad. Ya lo apuntaba Marx: “no es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social y sus condiciones materiales los que determinan la conciencia”.

¿Cómo impacta esta situación a educadores-educandos?

En octubre pasado, en el aniversario de la ONU en unaprimaria pública, una alumna avispada de 6º alegó enojada: “¡Esto es una farsa! ¡La ONU no ha hecho absolutamente nada para detener la masacre de Palestina!”.

Aunque las escuelas o las familias eviten toca ciertos temas, “para proteger a la niñez inocente”, ésta está más que expuesta, no sólo a enormes cúmulos de información impactante y difícil de asimilar, sino a grandes dosis de violencia en su casa, la escuela, la calle, las pantallas…

¿Qué haremos las/los educadores para salvaguardar y fortalecer el pensamiento crítico/creativo ante las reacciones de ansiedad, impotencia, anomia o apatía, que el ejemplo de Trump puede generar? ¿Qué haremos, en especial ante esa niñez que crece casi sin guía adulta y que termina por concluir: “Si el presidente del país más poderoso del mundo es el más egoísta, mentiroso, el que rompe todas las leyes y nadie lo detiene, ¿por qué yo habría de respetar las reglas?”.

(Continuará)

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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