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Elecciones 2024: Los vecinos mantienen viva la fuerza de los funcionarios de casilla

Una Mañana Electoral en Querétaro

Cuando se oía el “cántico” del señor de los tamales a lo lejos y los primeros rayos de sol apenas acariciaban el horizonte, la brisa matutina despertó a Querétaro con un único propósito: salir a votar. Para los funcionarios de casilla, quienes aceptamos por deber cívico, el día prometía ser largo y lleno de retos.

Después de semanas de preparación y un par de simulacros, nos presentamos antes del amanecer para instalar todo lo necesario. Las urnas, las boletas, las mamparas: cada elemento tenía su lugar, cada detalle debía estar perfecto. Las luces del alba trajeron consigo a los primeros votantes y una larga fila que se extendía más allá de lo visible.

En ese flujo incesante de personas, se escuchaban susurros de conversaciones cotidianas mezcladas con el rumor de las expectativas electorales. “¿Tú por quién vas a votar? ¿Quién crees que gane?” eran de las preguntas más escuchadas.

La Solidaridad de la Comunidad

Los vecinos -de diferentes edades, géneros y hasta niveles socioeconómicos- cargados de paciencia y expectativa, se reunían frente a las casillas como un río de esperanza que desembocaba en la urna. La fila, bastante extensa, daba una vuelta entera a la manzana de la escuela y el murmullo de la multitud se comenzó a entremezclar con el ruido de los sellos de las hojas de votantes; un sonido casi rítmico que marcaba el inicio de la jornada electoral. Ese sonido repetitivo y mecánico se convertiría en la banda sonora de todo aquel día que, además de prometer ser histórico, finalizaría hasta el cierre de las urnas y la escritura de las actas.

Sin embargo, la perfección rara vez es alcanzada, y cuando estábamos a minutos de la apertura, varios funcionarios seguían sin aparecer. El desánimo momentáneo dio paso a la acción: de la fila prematura surgieron varios voluntarios, eran vecinos convencidos a tomar las riendas del deber civil que otros habían incumplido; aquellas personas cotidianas que uno frecuenta de vez en cuando en la calle, en la tienda o en las puertas del hogar.

En una muestra de solidaridad y compromiso comunitario, hombres y mujeres que quizás no esperaban ser protagonistas del proceso electoral aceptaron el reto y se sumaron a la causa. Verónica, mi vecina de enfrente, fue una de estas figuras solidarias, ofreciéndose como tercera escrutadora.

Un Encuentro entre Vecinos

Los saludos tampoco se hicieron esperar. “¿A poco te tocó ser funcionario de casilla?”, me decía Iván, un compañero de trabajo que vive por mi colonia. “Échale ganas y si ocupas algo, aquí estamos”, respondía ante mi afirmativa. Varios vecinos saludaban, sonreían e incluso se enorgullecían ante la expectativa de que alguien joven estuviera viviendo esa experiencia por primera vez.

En algún momento, en mi familia tuvimos una pizzería en la que yo repartía a domicilio. Varios de mis antiguos clientes alguna vez se asombraron al verme tras las urnas; otros preguntaban por el antiguo negocio y hasta mi vida personal. Era un ambiente cordial, pero precipitado, pues debíamos garantizar desahogar la fila lo antes posible.

El mediodía trajo consigo una pausa para el almuerzo. Además de desahogarse en mayor medida la fila, los ‘lonches’ y la comida provista por el Instituto Nacional Electoral (INE) y los partidos políticos comenzaron a distribuirse. Tacos de canasta, sándwiches, refrescos de lata, jugos, manzanas y plátanos en ‘paquetitos compactos’ eran un poco de la gastronomía observable en el recinto.

Una Comida Comunitaria

La mayor sorpresa fue cuando llegó ‘Ixchef’ y su mamá, Mary. Ambas tienen una cocina económica donde diariamente, madre e hija venden desayunos y comidas corridas. La maravillosa sorpresa fue cuando, tras hablar con el presidente de mi casilla, les permitieron bajar de su camioneta seis cazuelas con guisos y varios paquetes de tortillas hechas a mano. Fue la gloria para las casi 50 personas presentes en la escuela. Fue el toque de calidez que le hacía falta a la jornada electoral. Era un festín que reflejaba la riqueza cultural de México y, a su vez, la empatía y solidaridad con la que alimentaron nuestro estómago y nuestro espíritu.

Por otro lado, Juan, un vecino que vive a tres casas, se ofreció para llevar café. El aroma a comida y canela explotó en el patio de la escuela y pudimos disfrutar de una breve pausa para disfrutar de los alimentos compartidos por nuestros vecinos.

Transcurrió el día casi sin incidencias. El flujo de las personas comenzó a disminuir a partir de las 4 de la tarde, y como diría mi presidente de casilla: “se tranquilizó”. La luz del día se desvanecía lentamente y dio paso a una noche cargada de tensión y esperanza. El cierre de las casillas llegó con el ocaso a las seis de la tarde.

El Voto y la Protesta

El voto era contado en voz alta y era escuchado por todos los representantes de los partidos políticos. Con la ayuda de los escrutadores, se colocaban en unas lonas que tenían gráficamente indicado cómo debía considerarse el voto, si era por coalición, alianza, nulo o solo por un partido político.

En medio del conteo, además, surgieron boletas que llevaban escritos nombres de desaparecidos a modo de protesta. Eran gritos silenciosos que se colaban en la formalidad del proceso electoral, recordando a todos los presentes que la democracia no siempre es perfecta y que hay heridas que aún duelen en el tejido social. Si bien el proceso democrático fue una fiesta cívica, no era un proceso representativo para todos y demostraba que aún existe la tragedia nacional.

Fueron, como mínimo, dos horas para contar los votos. Pocas fueron las boletas que se colaron en otras urnas y se tuvieron que excluir y colocar en otros sobres con una leyenda que lo indicaba. La escritura del acta constitutiva fue el último acto de una obra que había comenzado con el amanecer; con manos temblorosas por el cansancio, los secretarios y el presidente llenaban los formularios, registrando cada detalle del día. Las firmas se estamparon con la solemnidad de un juramento y, finalmente, el trabajo estuvo completo.

El Final de una Larga Jornada Electoral

Fuertes aplausos secundaron este último acto, un poco emocional, pues habíamos logrado llevar el proceso con total cabalidad. Cansados, pero con una sensación de plenitud, los funcionarios de casilla nos retirábamos a nuestros hogares. Habíamos cumplido con una labor cívica que, aunque agotadora, nos había permitido ser parte activa de la democracia.

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