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No se realiza un buen mantenimiento y ubicación de las estatuas: Eduardo Loarca Castillo

Mudos testigos del acontecer diario, estatuas y monumentos permanecen impávidos al flujo vehicular, marchas proselitistas y mítines políticos; vigilantes de eso que en nuestra ciudad, llamamos vida en sociedad. Para que un queretano común y corriente llegue a merecer su propia estatua, es necesario que ante todo comprenda que una réplica de tamaño regular (2.5 metros) elaborada del material más económico (cobre o estaño) oscila entre trescientos y cuatrocientos mil pesos, según sea el escultor que le entre al “quite”. Si usted tiene el capital necesario para darse este airecillo de vanidad ¡felicidades!; pero si lo que desea en realidad, es que su escultura —perfectamente terminada— sea exhibida en lugares transitados, la operación ego se complica de fea manera, porque casi siempre estos sitios son reservados a personajes que trascienden en el tiempo, a través de sus ideas, actos o hazañas.

En la Ciudad de Querétaro, los lugares públicos están dedicados principalmente a estatuas de caudillos de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución. Sin olvidar por supuesto, la imponente construcción de más de 28 metros del fundador de la ciudad: Conín, también conocido como Fernando de Tapia; la cuál se encuentra a 13 kilómetros del Centro Histórico, en el lugar conocido como la Cuesta China, paso obligado para entrar y salir de nuestra capital.

Los héroes que nos dieron patria

El Marqués de la Villa del Villar del Águila, es el personaje que más esculturas tiene dedicadas a su persona, la primera y más importante se encuentra en Plaza de Armas; una segunda en el Panteón de los Queretanos Ilustres; la tercera al finalizar el acueducto y la cuarta y última en el Convento de la Santa Cruz. Todo parece indicar que nadie superará a este singular personaje, los que más se acercan con dos estatuas respectivamente. son José María Artega y Epigmenio González.

Sin embargo, no todos los personajes sobresalientes en la historia de Querétaro, han tenido la suerte de que se les construya sus estatuas. Según el Profesor Eduardo Loarca Castillo, Cronista de la Ciudad, existen personajes que han entregado su vida, llenos de amor y entusiasmo, para hacer de Querétaro una ciudad digna y que, sin embargo, no han sido valorados. Al respecto agrega: «Me gustaría proponer a las siguientes administraciones que se tomara en cuenta al Maestro Andrés Balvanera, fundador de la Escuela Normal del Estado; a don Florencio Rosas Arce, bienhechor de la juventud queretana; al General Tomás Mejía, militar que defendió la causa indígena en el estado y al médico Pedro Escobedo, fundador de la Escuela Nacional de Medicina. Todos ellos merecen que les sean otorgadas sus respectivas estatuas, pues en verdad se lo merecen”.

La inauguración más pomposa que recuerda el profesor Loarca de una estatua en Querétaro; fue la que se llevó a cabo en el año de 1967, con ocasión del Primer Centenario del Triunfo de la República: “en esa ocasión el Presidente Díaz Ordaz y el gobernador González de Cosío dieron por inaugurada la estatua más grande que existe en Querétaro, en el Cerro de las Campanas. A mí, en lo particular, me parece que el talento del escultor de la estatua estuvo mal aplicado, por razones ideológicas el artista tuvo que trabajar bajo los caprichos, deseos y mandatos de la figura presidencial pues era, creo que todavía, un pecado mortal desobedecerlos. Entonces, a nuestro magnífico escultor, no le quedó otra que desquitarse con la piedra e hizo a Juárez más feo de lo que realmente era, con botas de minero y un frac muy zancón”

Estatuas malhechas y desmedidas

No todas las estatuas están hechas a conciencia, muchas de ellas han sido construidas con materiales defectuosos, algunas otras tienen defectos artísticos notables y otras más han sido ubicadas erróneamente. En la glorieta que forman las avenidas Universidad y las Campanas, en las faldas del Cerro, en 1983 fue inaugurado un monumento ecuestre dedicado al General Mariano Escobedo; este monumento tiene dimensiones irregulares, pues el caballo que monta el General Escobedo tiene las patas sumamente cortas lo que hace ver ridículo al personaje. Otro caso chusco es la estatua de Ignacio Pérez, pues este personaje es recordado como el mensajero de la Corregidora, porque salió de la ciudad de Querétaro rumbo a Dolores Hidalgo con la misión de llevar el mensaje de la conspiración contra los españoles. No obstante la escultura de Ignacio Pérez, que se encuentra entre las calles de Universidad y Corregidora en lugar de apuntar hacia la ciudad guanajuatense, parece de regreso a la Casa del Corregidor. A éste respecto, Loarca Castillo nos comenta que desconoce cual es la dependencia o el departamento se dedica al mantenimiento y ubicación de las estatuas y monumentos: “parece ser que quien tiene esta tarea, no la está realizando como debiera, ya que existen algunas muy sucias, deterioradas, otras tantas mal ubicadas como tú me comentas; aunque, en lo general, presentan buen aspecto, O por lo menos de lejos así parece.”

La etapa considerada como la más prolífica en la elaboración de estatuas en la entidad es la que comprende de 1979 a 1985, cuando gobernó este estado Rafael Camacho Guzmán. En este periodo se inauguraron la nada despreciable cantidad de 14 monumentos, entre ellos algunas estatuas como la de Conín, Juan Caballero y Osio, Ezequiel Montes, Junipero Serra y algunas más que han sido reubicadas. Cabe destacar que la estatua de Venustiano Carranza que se encontraba en la Plaza Constitución, no ha sido reubicada sino que se encuentra tristemente abandonada en el Parque del Cimatario; ojalá las autoridades competentes no tarden en reubicarla, ya que el término de la obra en la Plaza de la Constitución, tardará algunos meses más.

El profesor Loarca Castillo apunta: “Las esculturas y estatuas que aquí he mencionado, corresponden exclusivamente a las de carácter cívico, histórico y cultural, dispersas por la ciudad capital; sin embargo no son todas, ya que existe una variada y hermosa estatuaria religiosa en la mayoría de los templos. Afortunadamente Querétaro en el siglo XVIII se formó una valiosa escuela escultórica, que históricamente ha sido reconocida a nivel nacional e internacional.


«Quiero aprovechar la ocasión para enviarles un cordial saludo y los felicito por su excelente periódico Tribuna Universitaria”.

En la actualidad el profesor Loarca se encuentra delicado de salud, y sólo a través de su secretario particular, Noe Enríquez Ortiz, pudimos hacer llegar nuestro cuestionario al cronista de la ciudad.

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