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Qrobús: Ruta express, un mito que se quedó en la publicidad

“¡No! ¡Deja pregunto!, ¡oye, ¿la ruta express?!”. Otro señor niega con la cabeza y se escucha un nuevo: “¡¿alguien sabe de “la ruta express!”. El Instituto Queretano del Transporte (IQT)presentó el pasado mes esta línea, cuya característica eran camiones de 48 metros, capacidad para 140 personas y paradas definidas, lo cual prometía ahorrar tiempo en los traslados de Avenida de la Luz a la Alameda Hidalgo.

La idea suena atractiva cuando el único camión que puedes tomar desde tu casa pasa cada hora… y eso, porque pierdes más tiempo en la espera de algo que quizá nunca llegue. En una de esas mañanas donde la impuntualidad te susurra en el oído, cae la curiosidad de la desesperación y estrés de las personas en la parada, en esta ocasión de dos mujeres que aún sin esperar algo, lograron decepcionarse.

“¿Cuál espera?”, preguntó una señora recién llegada a la esquina; otra mujer responde que tal ruta y le responden “uh, esa ya pasó; vengo de la base y me dijeron que salió cuarto para las nueve y la otra va a salir hasta las 9:45”. Una hora entre unidades.

Tuve que acercarme a la señora para platicar sobre la gran barbaridad de la frecuencia en esta ruta: “a ver si no tarda mucho; si no mejor me voy caminando, yo por eso ya no tomo camión, tarda mucho. Dice la señora que uno iba a pasar cuarto para las 9 y otro cuarto para las 10, a esa hora ya estoy allá”. A veces es preferible caminar a pagar 11 pesos, pero ya es otro tema.

Esa misma tarde aproveché para preguntarle a un checador de Zaragoza, sobre la dichosa ruta express y él habló sobre la 121 D: “tarda un chingo porque sólo hay una. Por más exprés que sea se tarda mucho porque sólo es una”. Pero no, no es esa la ruta que buscamos. Queremos la que el IQT promocionó en redes sociales, esa que tenía cuatro salidas en el día, reduce el tiempo de espera en 30 por ciento y pasa por 10 paradas autorizadas.

¿El qué cosa de qué?

Son las 5:30 de la mañana. En ocasiones uno se cuestiona su existencia y el por qué hace lo que hace. Tenía menos de una hora para salir de mi casa y caminar a 5 de Febrero para tomar un camión que me llevara a la parada del puente de Santander, donde me prometieron encontraría la ruta que buscaba.

Para las 7:10 de la mañana ya me encontraba en el sitio. Al bajar de la ruta, uno se topa con puestos y puestos de comida para los trabajadores, desde tortas hasta empanadas, no falta la señora de los tamales y el de mentalidad de tiburón con una canasta de pan para acompañar el atolito mañanero.

Al llegar al otro lado del puente, con dirección al Centro, le pregunto a una señora próxima a los 60 años: “disculpe, buenos días, ¿sabe si por aquí pasa la ruta express”; ella me miró con la mayor cara de confusión que reflejaba un: “¿el qué cosa del qué?”, pero traducido en un “¿esa cuál es?”, después de darle una breve explicación, se limitó a responder “la verdad no sabría decirte, nunca me ha tocado verla”.

Decidí voltear a una fiel fuente confiable: el de los tamales. Cuando mencioné las palabras “se llama ruta express”, dejó de verter el atole para mirarme y asegurarse de que no estuviera delirando. Le expliqué un poco la apariencia del camión y me habló de los famosos “amarillos”, los cuales tienen filas de personas esperando a subirse.

Sabía que ese no era mi camión, pero no estaba de más acercarme a las personas que esperaban a los “amarillos”. Era una fila de 22 personas, y al momento de acercarme a una chica de veinte y tantos, todos estaban al pendiente como que no queriendo porque chisme es chisme. La chica me respondió “ay, no sabría decirte”, y un señor que estaba detrás de ella me preguntó: “¿te refieres a la línea 7?”, nuevamente le expliqué, pero una vez más me mandó con “los amarillos”.

A un lado de la fila había una camioneta que descargaba lo que sería un puesto de comida: una señora colocaba las patas de la mesa cuando le pregunté sobre mi bendita ruta.

-¿A dónde vas?

-A la Alameda, pero la ruta que busco solo hace ciertas paradas…

-Hay muchas que hacen muchas paradas, cualquier ruta te lleva, muchacha.

Un gran punto para considerar es cómo la gente no solo respondía a si el camión pasaba o no por ahí, sino que te daban opciones para no esperar una ruta de la que nunca habían escuchado y mucho menos visto.

¿Te cobra menos?

Pasa el tiempo, los conductores super amables se recuerdan a su progenitora con el claxon cada que se estacionan en el espacio para camiones. Casi las 8 de la mañana y lo único express que había visto era el letrero del gas. En una de las puertas de la estación se encontraba un elemento de seguridad privada que tenía toda la pinta de estar seguido en ese horario en esa parada, así que me acerqué.

-Disculpe, buenos días, ¿de casualidad sabe si aquí pasa la ruta express?

-No sé, yo nomás sé que aquí tomo la que me lleva a Loarca. ¡Oye tú, ¿sabes si por aquí pasa la ruta express?!” se refirió a un señor con el que minutos antes había estado hablando

-¡No!, ¡Deja pregunto!, ¡oye, ¿la ruta express?!- otro señor niega con la cabeza y se escucha un nuevo: “¡¿alguien sabe de “la ruta express!”.

Tras los gritos de unos a otros para evitar un acercamiento y por el uso del cubrebocas, se rindieron al nadie saber de qué demonios estaban preguntando, me miraban apenados y como consuelo me nombraban rutas que podrían dejarme en la Alameda para no quedarme esperando por un mítico camión.

Esperé un rato para que las personas fueran y vinieran, pero las respuestas eran: “no sé”; “no, que yo sepa no”; “la 121 D, creo”. ¡Qué estrés! Ni el de las tortas, ni la de las empanadas, ni el de los tamales, ni el de la tiendita, ni los pasajeros… en este punto mi cabeza se repetía una y otra vez: “no pasa”, y al mismo tiempo me decía “ni pasará”.

Pero aún con fe en la humanidad (por no decir que en el transporte público), una señora de unos 67 años se sienta a mi lado y una vez más salió el tema de “los amarillos”, me explicó un poco sobre su proveniencia y que son gratuitos, pero era un alma por otra, y quería saber por qué la insistencia con la ruta express: “¿ese te cobra menos?”.

Le explico que es lo mismo que Qrobús, únicamente hace determinadas paradas y por ende llega más rápido a su destino (la Alameda). Después de esa breve explicación me respondió amablemente: “ah, pues llegas más rápido. A lo mejor sí pasa, pero como no lo conocemos nadie habla de él”. Y con una sonrisa se despidió, casi deseándome suerte en mi búsqueda del tesoro.

Yo soy exprés

8:30 de la mañana, el último camión tuvo que haber pasado a las 8 am, y no había chance de irse por algún otro lado. Justo en ese momento llega una unidad de la Secretaría de Movilidad en una moto; se encarga de despejar la zona de todos aquellos coches que se orillan para dejar a alguien. Mi rayo de luz estaba en su máximo esplendor, pero con las palabras “no sé, no sabría decirte, no nos han dicho nada, pero ahorita si quieres le preguntamos a un camionero, ellos deben saber”, se fueron mis sueños e ilusiones.

Que una persona no la conozca, bien, dos también, pero ya que toda la estación, los puestos de comida y hasta el de la unidad de movilidad, es desesperanzador. Para ese punto, casi las 9 de la mañana, todos los caminos me llevaron a la 121, pero hice mi último intento.

-Buenos días. Disculpe, ¿de casualidad sabe si por aquí pasa la ruta express?

-¿Hacia dónde vas?

-A la Alameda-pero ese no es el punto, señor. -Seguro habrá alguna ruta que se llame así, pero yo también voy a la Alameda y yo también soy exprés– lo sé, chofi, lo sé, la gente pensaba en usted cuando preguntaba por la rutaexpress.

Dafne Azuby Arreola Santana

Estudiante de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro. Parte del equipo de Verificado Tribuna durante las elecciones 2021 y reportera de Tribuna Diario desde agosto de 2021.

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