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El fútbol como reivindicación nacional

En los balcones de las casas es casi obligado ver las banderas de los equipos y la ikurriña (la bandera de Euskadi). La legalización de la bandera vasca fue resultado de un hecho que involucra al fútbol resultado de una de las historias más épicas del fútbol en estas tierras.

Es inevitable hablar de fútbol en Euskadi. Hay muchas historias sobre las hazañas de los futbolistas vascos. El club más antiguo del País Vasco es el Athletic Club de Bilbao, fundado en 1898 por un grupo de ingleses que trabajaban en las minas de los montes bilbaínos, quienes organizaron el club uniformándolos con los colores del Sunderland británico. A partir de ahí se inició una de las historias que están tatuadas en la piel de los bilbaínos. No se puede entender Bilbao sin el Athletic (Eup!) o el País Vasco sin el fútbol.

Más allá de que hoy en día el fútbol esté de capa caída por estos lugares, el ambiente que se respira es de orgullo, de sentido de pertenencia, podría atreverme a decir de orgullo nacional de reivindicación de un pueblo que buscar ser y quehacer por derecho propio. Euskal Herria tiene para la temporada 2018 – 2019 de la liga profesional de fútbol cuatro equipos en la primera división y uno en segunda: Athletic club de Bilbao, Real Sociedad de San Sebastián, Deportivo Alavés y Eibar. Este último tiene un mérito impresionante: es el club de una localidad guipuzkoana muy pequeña con el estadio con menos capacidad de toda la liga y con uno de los presupuestos más cortos para un equipo, incluso de segunda división. Finalmente, hoy disputa la segunda división el Osasuna de Pamplona/Iruña. Por cierto, Javier Aguirre dirigió este equipo entre 2002 y 2006.

Anécdotas y leyendas sobre el fútbol hay muchas y muy importantes. Por San Mamés (La catedral del fútbol, según los Bilbaínos) han pasado muchas de las figuras del fútbol como Rafael Moreno “Pichichi”. Sí, el mismo que da el nombre al premio de campeón goleador del campeonato de liga (ese que presume haber ganado Hugo Sánchez en cinco ocasiones); José Angel Iribar portero histórico; aunque quizá nos acordemos más de Andoni Zubizarreta o de Xabier Clemente entrenador que dejó huella al ganar liga y copa en los ochenta, cuando los equipos vascos, el Athletic y la Real, dominaban la liga profesional de fútbol y lo ganaron casi todo.

Como relatan las historias de la dictadura de Franco cualquier reivindicación nacionalista en el País Vasco era inmediatamente censurada por el régimen. El entonces “atlético” de Bilbao (Franco exigió castellanizar el “Athletic”) se convirtió en un equipo protagonista en los campeonatos de liga, pero más en los de Copa. Mantuvo (y mantiene) la directriz de integrar su plantilla con futbolistas originarios del País Vasco (incluido Iparralde, la zona francesa) y sobretodo sostiene en sus aficionados el sentido de pertenencia al país. En esos años el Athletic y la Real Sociedad le ponían cara al ser y sentirse en casa.

Hoy en día, en los balcones de las casas es casi obligado ver las banderas de los equipos y la ikurriña (la bandera de Euskadi), pero no siempre fue así. La ikurriña ilegalizada por el régimen de Franco no podía ser utilizada en actos públicos hasta 1977, casi dos años después de la muerte del dictador. La legalización de la bandera vasca fue resultado de un hecho que involucra al fútbol resultado de una de las historias más épicas del fútbol en estas tierras.

En diciembre de 1976 se disputaba el derbi vasco entre el Athletic y la Real. El entonces capitán de la Real Sociedad, Inaxio Kortabarria, propuso a sus compañeros salir al campo junto con los jugadores del Athletic portando una ikurriña. El grupo de jugadores aceptó y Kortabarria se comunicó con José Ángel Iribar, entonces capitán del Athletic para compartir la iniciativa. Resultado: ambos equipos convinieron salir juntos a la cancha con la ikurriña en las manos de los capitanes. La historia es mítica, entre otras cosas, porque la bandera (bordada por la hermana de Kortabarria) tuvo que entrar de contrabando, escondida para no ser requisada por la policía civil, a los vestidores del viejo campo de Atotxa en Donosti, lugar donde se disputaría el derbi. Al salir a la cancha los dos equipos marcharon ordenados en fila detrás de sus capitanes que sostenían la ikurriña, seguida de una sonora ovación de los asistentes al encuentro. La instantánea del momento eriza la piel: civilidad y respeto a la identidad nacional todo en un campo de fútbol.

En 2018, a unos días de iniciar el Mundial de Rusia, me di a la tarea de ubicar dónde o con quién podría ver los partidos. Es sorprendente: Aquí no hay ambiente de copa del mundo, al menos no como en México. El fútbol nacional pasa por los equipos vascos y por las contadas ocasiones en que se ha formado la Euskal Selekzioa (con partidos internacionales hasta 2016) por lo demás es un evento de fútbol pero no levanta pasiones, al menos no en la mayoría.

Aquí se habla y se hablará de fútbol, y con mucha esperanza. Los bares de la calle Pozas se seguirán llenando de parroquianos esperando la hora del partido para entrar al estadio de San Mamés; bokata y zurito en mano, para impulsar al Athletic con el histórico “EUP!”. La ilusión del hincha del Athletic es jugar en Europa para el curso de 2019 y mantener la filosofía del futbol vasco, algo difícil en un negocio globalizado con presupuestos inalcanzables. Sin Messi y sin Ronaldo pero con Aduriz y Kepa Arrizabalga el aficionado vasco se viste de orgullo y sentido de pertenencia: Athletic Beti Zurekin (Athletic Siempre Contigo).

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