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Un sueño realizado

Los profesores, los alumnos, los periodistas, todos hacían sus apuestas: ¿Cuánto puede durar un periódico que quiere ser al mismo tiempo fiel a su origen y leal al periodismo como servicio público en una ciudad como Querétaro? Por los pasillos de la flamante Facultad de Ciencias Políticas y Sociales paseaban reporteros a sueldo, ilustres teóricos de la Escuela de Frankfurt, políticos municipales, catedráticos de fama mundial o ingenuos estudiantes. Las expectativas de unos y otros eran radicalmente opuestas: o máximas, o mínimas.

Corría el año 1997 y aún nadie sabía que la princesa Diana iba a morir, o que Harry Potter practicaría sus primeros hechizos. Sonaba Jefe de Jefes de los Tigres del Norte y Aquí, de Julieta Venegas y la película más taquillera del año, Titanic, iba a ser un edulcorado equivalente de un hundimiento sin precedentes en la política local: el pretendido trasatlántico de Fernando Ortiz Arana iba a hundirse estrepitosamente. Es en ese contexto, de recelos inesperados, de apuestas, de revulsivos políticos, en el que nace Tribuna Universitaria.

Menos el nombre, que es un remake en merecido homenaje a un extinto periódico, todo huele a nuevo: la redacción minúscula, el personal hecho principalmente de estudiantes primerizos apoyados por batallón en la vanguardia hecho de viejas glorias del periodismo local o profesores que se lanzan a escribir por primera vez.  Pocos esperan, que El Tribuna (así se le va a conocer) vaya a meterse en el fango municipal. Pero al nuevo periódico lo esperan unas elecciones y no hay tiempo de prepararse. Hay que aprender sobre la marcha.

Y vaya si aprendimos: durante el sexenio de Ignacio Loyola Vera enfrentamos al gobierno, el cambio de siglo, el cacicazgo de los próceres del periodismo priista (y luego panista). No fue en ningún caso una empresa heroica, más bien, un acto de servicio público.

En Un sueño realizado, cuento de Juan Carlos Onetti, un empresario empobrecido recibe un encargo que, por sobrevivencia, no puede rechazar: una mujer le pide que le represente un sueño, es decir, que imponga su visión a la realidad, que lo haga verdadero sobre un escenario. La voluntad de la mujer es tal, que logra ver su propio sueño representado. Tribuna de Querétaro es, de alguna forma, el sueño realizado de todos sus creadores: profesores, alumnos, periodistas, fotógrafos, administrativos, informáticos, señoras de la limpieza y un largo etcétera. Un sueño que nace de una conversación casual, de un deseo que en su momento parece improbable: un periódico universitario que además vigile a los poderes.

Tribuna sigue vivo a pesar de las apuestas hechas en su contra. Ahora en su 25 aniversario, toca a sus creadores y a sus lectores hacer el viaje de regreso. Sin regreso, el viaje no se completa. Y para poder volver es necesario saber a dónde se vuelve y quién es el que se baja del barco. Celebrar el 25 aniversario de Tribuna no es abrir el champagne, ni sobarnos las espaldas, aunque la fiesta sea un elemento fundamental de la memoria. Celebrar es también es eso: saber de dónde venimos, y de qué sueños queremos seguir formando parte.

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